jueves, 18 de diciembre de 2008

Recordando a Octavio Paz



Hace diez años que murió Octavio Paz. No alzaré aquí un erudito juicio de su obra; más bien traigo una íntima emoción retrospectiva. A veces, los detalles menores -así abajo como arriba, dice Hermes Trimesgisto- son lo que a la postre importa. En la foto (de Opale), no se percibe el punto al que me refiero en esta nota que publiqué, junto con otras, en la revista Clarín:

Octavio Paz es para mí un agujero negro. No, no me refiero a uno de esos centros energéticos que estudia la física del cosmos. Paz es para mí la memoria de una tarde en Sevilla, un breve diálogo durante el cual me cautivó poderosamente un minúsculo orificio sobre su labio superior, apenas nada.
Esa oquedad sobre su voz, como parte del prodigio de su palabra poética, no dejaba de mirarme como un tercer ojo humilde, insospechado y clarividente.
Todo cuanto hablamos estuvo presidido por esa parte que estando en él no era él, ese estigma que seguramente será la huella de una extirpación pero que yo quiero creer joya negra engastada en la corona del Verbo.

3 comentarios:

marisa dijo...

Un emotivo recuerdo que humaniza y acerca la figura del genio, del POETA, del erudito y gran alquimista del lenguaje que fue Octavio Paz.
Aprovecho para darte las gracias por tus visitas, tus reflexiones literarias y tus generosas palabras que me han hecho sentirme siempre bien acogida. Te deseo lo mejor en estas fechas. Un afectuoso saludo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Mil gracias, Marisa. Un placer haber conocido tu blog y empezar a conocer a quien lo escribe (¡y lo que te rondaré, morena, como diría un castizo de tu Madrid). Mis mejores deseos también para ti estas fiestas.

Belén Núñez dijo...

Precioso Antonio