lunes, 16 de febrero de 2009

Café de Saint Antoine


–Café au lait.

–¿Olé? ¡Olé mi mare!


(Uno de aquellos chistes recurrentes

de nuestra infancia carpetovetónica,

como ese otro sobre el pan

del Je ne comprends pas... etcétera).


Ahora que ya nada tiene gracia

y esta broma pesada dura ya demasiado,

me roza tu recuerdo, sin alzar la voz,

triste, educado, melancólico.


De la Bastilla a la Plaza de los Vosgos,

París, el París de vuestra luna de miel

y la cita a la que llegué muy tarde

y en lugar extraño, haciéndome de rogar;


el París que para ti era la ciudad, y el Louvre

la pieza más querida en tu museo

de emociones estéticas;


el París del que yo despotricaba

cuando por epatar escribí que lo quería

bajo las duras botas de la Wehrmacht;


París aquel día, Viernes Santo,

ni jueves ni aguacero,

era un lugar soleado, y en eco mágico,

un reencuentro contigo y tu juventud,

unas paces con la ciudad que aborrecí con pose altiva,

un paseo grato, hermoso, inolvidable.


En la Rue de St Antoine, en el café homónimo,

en una terraza al fin sin pretensiones,

lejos del de Flore o Les Deux Magots,

en un momento de calma de los pies,

el teléfono me llevó en alas sombrías a Sevilla.


Qué temor a las palabras,

que sinónimo o eufemismo tan inútil:

–Papá ha fallecido esta mañana.

Y de aquel puñetazo en la mandíbula,

lo que más me chocó fue el “fallecido”...


En el Café de St Antoine,

de la Bastilla a la Plaza de los Vosgos,

un café dulzón a medio tomar, amargo,

frío, abandonado en una mesa.


8 comentarios:

Jesús Beades dijo...

Qué buen detalle, qué bien visto, lo de "fallecido".

Olga B. dijo...

"...me roza tu recuerdo, sin alzar la voz,
triste, educado, melancólico".
Qué viaje de lo banal a lo terrible.
Y el puñetazo en la mandíbula de la tragedia, la alarma que nos expulsa del momento "el teléfono me llevó en alas sombrías a Sevilla".
Y la imagen final de la taza de café abandonada, a medio tomar.
Glups.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Qué giro de la ironía y los chistes antiguos del encabezamiento al amargo café dulzón del final. Saludos emocionados.

Mery dijo...

Un giro muy brillante, lento y casi imperceptible, hasta culminar al final de la entrada.
Un abrazo

Bernardo Rivero dijo...

Gris, muy gris, aquella mañana de Viernes Santo. Recibir la noticia en una llamada telefónica es, más aún si cabe, una cuchillada cruel.
Quedémosnos con su ejemplar lección postrera, sobrellevando su terminal enfermedad con un valor y una dignidad encomiables.
Y con sus enseñanzas y consejos. Y con aquellos inocentes chistes que, repetidos mil veces, nos hacían reír de pequeños.
Un abrazo.
Bernardo.

Juan Manuel Macías dijo...

Un poema que esconde con pudor (y delicada destreza) la música del verso, transfigurándolo en prosa, conversación en voz baja, confidencia, con un tono que se hace grave de repente. Ese "viaje de lo banal a lo terrible" de que habla Olga. Emocionado.
Un abrazo.

ONDA dijo...

Hemos rememorado a nuestro Padre el mismo día en nuestro corazón abierto que es en cierta medida nuestro blog.

Yo tampoco estuve presente cuando murió y eso creo que perpetúa más agradable su recuerdo.

Un abrazo fraternal querido amigo

marisa dijo...

Llego un poco tarde a tu poema, pero no puedo pasar por alto la emoción que me ha causado ese imprevisible fnal, y esa aparente normalidad de una escena en la que irrumpe la dama inoportuna, la oscura certeza de la muerte.Mi admirado abrazo.