martes, 10 de febrero de 2009

Tempestad sobre el tren


Sucia, la lluvia en las cunetas sueña

con ser ríos caudales, los olivos

se han lavado la cara, y sus pupilas

enturbian cataratas blanquecinas.

Plomo, el cielo pesa, pero suelta

lastre y limaduras que acoge

el imán del cristal,

pródigas hijas de los trenes de antaño,

eco de la antigua carbonilla.

Campos nevados, luego: mansos dálmatas.


No sé si viajo al norte o vuelvo a días

en que llover era un fenómeno íntimo,

y la nieve un interno meteoro.


Cuando el cielo era espejo de mi alma.


12 comentarios:

marisa dijo...

Un bello poema que muestra la fusión entre sentimiento y paisaje. El verso final es precioso... (cielo, espejo y alma)
Un abrazo.

Juan Manuel Macías dijo...

Qué bien suena esa lluvia lírica, Antonio. Si llueve en Sevilla de aquí a unos días, firmo esta lluvia. Será como el On Raglan Road que no cantaron los Dubliners en Córdoba. Abrazo.

Olga B. dijo...

Otra vez la lluvia que, aunque siempre sucede en el pasado, como decía el maestro, de vez en cuando moja el presente. "No sé si viajo al norte o vuelvo a días...". Las dos cosas, mi capitán:-)
Llega un momento en que uno hace siempre las dos cosas. Es sencillo dejarse empapar por el poema y sentir el peso de ese cielo.
Catulo ya lo estará traduciendo.
Un saludo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Podríamos haber ido juntos en un compartimento de los expresos antiguos, charlando de poesía hasta la estación de llegada...

José Miguel Ridao dijo...

Este poema me ha llevado a evocar mis viajes a Jaén de niño, con los olivos nevados. "Mansos dálmatas", "interno meteoro...". Así es difícil no sentir nostalgia. Un saludo.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Aplaudo el poema en su conjunto y me anoto la metáfora de los mansos dálmatas y el verso final. Enhorabuena

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Bien, José Miguel y Juan Antonio: ya hemos llenado un compartimento de primera clase de los expresos antiguos. Si alguien más se apunta (no me importaría), nos meteremos en uno de segunda, que llevaba ocho plazas...

Jesús Cotta Lobato dijo...

Un poema muy bello, Antonio, sobre todo los últimos cuatro versos. Gracias por compartirlo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Cómo me alegra que te guste, Jesús. Siéntate, qe ya nos hemos pasado a un departamento con más plazas. ¿Traes bocadillos de filete empanado o tortilla?

Mery dijo...

Huy, háganme un huequecito, que yo me uno al tren, si no les importa.

Algunos versos son excepcionales: plomo, el cielo pesa, pero suelta lastre..Y, finalmente, el cielo espejo del alma. Cuánto dan de sí los espejos.
Mi aplauso, Antonio

Braenwyn dijo...

Yo me apunto!!! acá en México los trenes ya son una especie en extinción y todavía no se ve sangre nueva.
Yo me coopero con un tequilita, os apetece?
(Y el poema me ha encantado, por acá llovió hace unos días, a fines de enero, las famosas cabañuelas)

Braenwyn / Gaela

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Hola, Braenwyn, ¿cómo estás? Pues bienvenidos esos tequilas, aunque sea para olvidar la tristeza de que desaparezcan los trenes. Recuerdos a la Guadalajara de México.