martes, 10 de marzo de 2009

Divina Comedia (y VI)




Este es el último de los sonetos que Longfellow dedicó a Dante y que, publicados en mi antología Poe y otros cuervos (Mono Azul editora), he estado compartiendo aquí estos últimos días:

VI

¡Oh, estrella del alba y la libertad,

portador de la luz, cuyo esplendor

alumbra los oscuros Apeninos,

predecesor del día venidero!

Las voces de la ciudad y el océano,

las voces de las cumbres y los pinos

hoy repiten tu canto, y ya sus versos

son senderos para el pensar de Italia.

Ya tu llama se extiende de las cimas

a todas las naciones, y se escucha

igual que un fuerte viento; hombres devotos,

extraños a Roma, y nuevos prosélitos,

en sus propios idiomas tu voz oyen,

y si muchos se asombran muchos dudan.




3 comentarios:

Olga B. dijo...

Quizá lo mejor que le puede pasar a un verso es convertirse en sendero, en llama que se extiende y que se escucha.

"...hombres devotos,
extraños a Roma, y nuevos prosélitos,
en sus propios idiomas tu voz oyen"

Yo me asombro.
Preciosa serie, Antonio.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Gracias por esta serie memorable, Antonio. Un placer siempre pasear por esta casa.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Agradecédselo al Dante y a Longfellow, amigos. Yo me lo pasé estupendamente traduciendo estos sonetos. Si os han gustado, miel sobre hojuelas.