domingo, 14 de junio de 2009

Escrito en Rota

Hemos pasado unos días junto al mar, en Rota, algún buque de guerra a los lejos, algún helicóptero militar sobrevolando la playa. Me había llevado la poesía reunida de Shakespeare (Venus y Adonis, La violación de Lucrecia, los Sonetos, éstos no en papel, sino en la memoria...). Leí o recordé que Henry Wriothesley, el Conde de Southampton a quien Shakespeare dedica muchos de sus mejores versos, participó siendo mozo en un ataque naval a Cádiz. Y compuse, al dictado de las olas, este poema:

AL CONDE DE SOUTHAMPTON

 

Allí en el horizonte Cádiz boga

con buques, grúas y astilleros.

Y aquí, junto a las olas más cercanas,

leo versos que Shakespeare te escribiera.

 

Tú que asediaste el verde en lontananza

hace innumerables mareas,

tornas en el velamen de las páginas.

 

No te siento cercano porque vea

la presa codiciada por tu escuadra.

Más próximo te siento porque vibra

en dedicatorias y estrofas,

mascarón de proa, tu nombre.

 

A través de los siglos, ya en paz,

con un libro del Bardo entre las manos,

respondo a tus cañones con sus salvas.

6 comentarios:

Antonio Serrano Cueto dijo...

Estupendo poema, Antonio. Me alegro de que el mar de esta bahía te haya inspirado así. Un abrazo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Lástima que al final estuviera nublado, pero ahora, bajo el calor sofocante de Sevilla, firmaría ese levante y esas nubes. Un abrazo, Antonio.

FELIPE BENITEZ REYES dijo...

La próxima vez llama, Antonio. Estupendo el poema.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Gracias, Felipe. Prometo hacerlo. Por cierto, que cené por primera vez en un sitio que se llama El Timón, en el puerto, cuyo pescado no estaba nada mal.

ONDA dijo...

Preciosa comunicación entre siglos.

Me ha recordado los cantos de Villalón y Adriano a Cadiz...


La de las Torres como jarcias
y los barcos bicornes de dos palos,
ciervos del mar, del monte,
de la espuma salobre y del viento yodado...

Sara dijo...

Este poema es maravilloso, Antonio. Me ha encantado, sobre todo el final. También me ha hecho recordar el placer (bastante olvidado ya) de leer poesía frente al mar.