jueves, 25 de junio de 2009

Viajes de Gulliver



Ya está en imprenta la traducción que Pre-Textos, con traducción mía, publica del delicioso libro de Jonatahan Swift. Para ir abriendo boca, dejo aquí la nota de contracubierta:

Deán de Pan Patricio, en Dublín, Jonathan Swift (1667-1745) publicó esta cuádruple fábula en 1726. Desde entonces, sobre todo merced al universal éxito en el ámbito de la literatura infantil de su primera parte, y más concretamente del viaje a Liliput (sólo una fracción de las aventuras y países que inventara este libro), se ha convertido en un clásico de amplísima circulación, y título imprescindible de la sátira social y política, género que también Swift puso en práctica, magistralmente, en obras como Historia de una bañera (1704) o Modesta propuesta para impedir que los hijos de los pobres sean una carga para sus padres (1729). Típico en él, el autor pone aquí en boca de otros (el libro se publicó anónimamente) opiniones propias y ajenas (los desvaríos y actitudes que tan aceradamente ridiculiza: intrigas palaciegas, degeneración de las costumbres, la hipocresía…). Pronto vemos que bajo la capa de lo divertido laten más graves acentos, tanto más sombríos conforme avanza la acción.

No se puede entender esta obra sin el precedente de crónicas de viajeros y descubridores, en época en que Inglaterra era dueña de los mares. Pero como ha señalado Paul Muldoon, Viajes de Gulliver ha de ser leído, también, a la luz de las antiguas narraciones irlandeses conocidas como immrama, esos relatos de navegaciones extraordinarias de los que El viaje de Bran (Brendan o nuestro San Barandán) o La travesía de Máel Dúin (que adaptara Tennyson) son exponentes.

En otras ediciones, la censura o una pudorosa mano eliminaron los episodios más escatológicos de la trama. Esta nueva traducción de Antonio Rivero Taravillo mantiene, en estilo y espíritu, la gracia, el candor y la picardía del original.

6 comentarios:

Braenwyn dijo...

Hola de nuevo...
Veo tu entrada y te comento que yo tuve la misma reflexión hace poco y se la mencioné a un amigo y maestro que gusta mucho de la mitología en general y en quien me ha apoyado prestándome libros que no había podido conseguir sobre los celtas.
Le pregunté si le parecía que pudiera estar influenciado por los imramma y me dijo que no, que la historia era únicamente una crítica a la sociedad de entonces, y ya no lo mencioné en mi curso... y leyéndote veo que no ando tan desencaminada. Muchas gracias.

Un abrazo,

José María JURADO dijo...

Muchas felicidades, Antonio ¡no paras!

Olga B. dijo...

Te digo lo mismo, madre mía, es que no paras.
Felicidades por este nuevo libro. Ya hemos hablado muchas veces de lo importantes que me parecen los buenos traductores que nos ofrecen una versión nueva en una lengua nueva de algo tan frágil y tan fácil de traicionar como una obra literaria.
Enhorabuena, Antonio.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Es el trabajo gozoso, como decía Juan Ramón Jiménez. Y tiene más sentido cuando sé que hay lectores, de los libros o, como vosotros ahora, de este cuaderno de bitácora.

Anónimo dijo...

Si la has leido, me gustaría saber que te ha parecido la reseña a tu obra "Luis Cernuda. Años españoles (1902-1938)", escrita por Antonio Brea, y que está publicada en el nº 7 de "DisidenciaS. Revista de Ideas, Cultura, Alternativas".

Un cordial saludo

Antonio Rivero Taravillo dijo...

No, Anónimo, no he leído esa reseña. Supe de su aparición, pero luego no me hice con la revista.