jueves, 13 de agosto de 2009

De amicitia


Os veo en todas las ciudades

cuando ya han cerrado las tiendas

y, si no es vuestra tertulia, no queda

sino invitar con dos copas al sueño:

 

con tus gafas de pasta Robert Lowell

en el grueso volumen de tus Collected Poems;

la barba de Ezra Pound y la mejilla

rasurada de Hopkins.

 

En Amsterdam o Cambridge,

en París o Helsinki,

las efes dobles de Faber & Faber,

una oda de Keats, una estrofa de Shakespeare.

 

A la postre, todo sitio es el mismo

anaquel ordenado de manera distinta.

Qué pequeño es el mundo, y qué grande,

con vosotros, mi círculo de amigos.

3 comentarios:

Olga B. dijo...

Y tanto. Por eso, pocas cosas tan tristes como perder un amigo.
Con ellos siempre está uno en casa.
Al menos, nunca perderemos lo que quedó escrito. Son amigos para siempre, como en aquella canción de verano;-)

marisa dijo...

Un hermoso brindis a la amistad...A esa que no sabe de cantidad sino de calidad, a esa que llega para quedarse, que no juzga ni se pregunta ni se molesta, sólo está ahí.Un abrazo.

Alejandro Lérida dijo...

Hermosa amistad es ésa. Casi tan hermosa como el poema.

Un abrazo.