viernes, 31 de julio de 2009

Lo anunciaba



Una segunda composición de Leyenda y otros poemas. Tiene ya algunos años:

EL eco de una voz que jamás he escuchado,

las huellas de unos pies en la nieve imposible,

la herida producida por el pálido acero

que es aún sólo el hierro que reposa en la mina.

 

Esta sala terrible, estos sueños que imploran

un lugar en la noche donde incubar el pánico, 

estas palabras dulces, traidoras como dagas,

esta seducción de lo que luego destruye.

 

Canción del torbellino que taladra mi cráneo,

canción ritual, plegaria, amada abyecta música,

la sala donde hiede cada nombre de un ídolo,

su impuro candelabro de brazos como días.

3 comentarios:

Olga B. dijo...

Pues me gustó la leyenda... y me gustan los otros poemas;-)
Quizá casi todos los versos tengan algo de "esta sala terrible,estos sueños que imploran
un lugar en la noche donde incubar el pánico".
Preciosos alejandrinos.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Gracias, Olga. El alejandrino es un verso al que uno ha ido dejando de lado, y no sé por qué, frente al endecasílabo. Lo ideal es tener un amplio registro métrico. En honor a ti publicaré otro poema de la serie dentro de unos días. También en alejandrinos.

Olga B. dijo...

¡Gracias!
Yo uso a veces el alejandrino conscientemente, y otras se me cuela. De Berceo a Rubén, pasando por tantos otros (me vienen al pensamiento ahora los salmos de las rosas de Valverde, un poema que me gusta mucho) creo que algunos de sus ritmos tienen un sitio en nuestra memoria, auque ese sitio no esté muy frecuentado.
Espero ese nuevo poema;-)
Un beso.