domingo, 23 de agosto de 2009

Un aroma escocés

Definitivamente, este mundo es un lugar que se va quedando pequeño. O tal vez sea que vamos creciendo nosotros, y las experiencias, las personas, los libros, van enredándose en una telaraña cada vez mayor en que queda aprisionada la memoria.

En Cambridge, estos días, he descubierto en las librerías el nuevo volumen firmado por el infatigable Seamus Heaney; esta vez, como ya ha hecho numerosas veces en el pasado, no comparece con un libro de poemas propio, sino con una traducción; personal y magistral, evidentemente, tratándose de quien es.

Si hace años publicaba The Cure at Troy, una versión de Filóctetes de Sofocles, ahora Heaney retoma el tema de Crésida vertiendo unas selecciones de un poema del siglo XV escrito por Robert Henryson, un poeta de las tierras bajas de Escocia. Poco sabemos del makar (poeta o “hacedor”, palabra cara a Borges), pero parece que fue clérigo en Dumferline. De Dumferline recuerdo la abadía, y su cementerio adyacente de lápidas verdeantes e inclinadas, y una providencial furgoneta de helados cuyo conductor nos llevó a lo largo de unas millas cuando hacíamos auto-stop en las carreteras remotas de 1986, entre lectura y lectura de A Scots Quair o The Silver Darlings, dos novelones escoceses.

El tema troyano ha tenido, en tantas partes de una Europa que declina, gran predicamento, vasto cultivo. La lista es larga, pero baste recordar que el primer libro impreso en Inglaterra fue una historia troyana que dio a la estampa el benemérito William Caxton, antes de embarcarse a Avalón con Sir Thomas Malory. Chaucer nos brindó Troilo y Crésida en un inglés naciente, y Shakespeare adoptó esta materia para uno de sus dramas más oscuros y pesimistas, precisamente el que escogió para poner en verso castellano el menos optimista de nuestros poetas del 27. Me refiero a Luis Cernuda y a la traducción que le tuvo ocupado durante años. Al decir de Edward M. Wilson en 1963, el mejor Shakespeare en nuestra lengua.

Cernuda empleó el alejandrino, que es verso con capacidad suficiente para aclimatar el contenido del pentámetro inglés al español. Heaney ha decidido en esta traducción de Henryson el “hendecasyllable”, el endecasílabo; es decir, un verso poco usado en inglés, que casi siempre se queda en la décima sílaba, tónica.

Escribo esto a punto de coger el avión para regresar a España. Fresco y lleno de sabor, como el aroma más intenso de uno de aquellos helados de Dumferline, me llega un aire escocés soplado, al alimón con Henryson, por Seamus Heaney, de Irlanda. Escocia debe su nombre a los scotti, la tribu irlandesa que arraigó en la antigua Caledonia. En este sentido, en este libro un scotto traduce a otro scotto. La pantalla de salidas anuncia un vuelo para Glasgow. Pero yo ya estoy allí, y en Irlanda, y en Troya, mientras paso las páginas y declamo para mi coleto los viejos versos, nuevos, con sabor a turba.

1 comentario:

Captain Cook dijo...

Le debo a Heaney gran parte de mi pasión por la literatura Anglo-Sajona gracias a la lectura de su versión de Beowulf en las lluviosas tardes de Agosto frente al pequeñito puerto de Musselburgh.

Asi que, si junto a Heaney con tu recomendación, resulta que ahora me quedaré con las ganas de hojear el libro (aunque lo anoto para pedirlo cuando vuelva a Sevilla).

¡Ah! y gracias por la lección de Historia. Un saludo.

Ps: Es curioso, nunca se me ocurrió pensar así de Cernuda.