lunes, 12 de octubre de 2009

La oportunidad de Foxá



La prohibición de un acto de homenaje literario a Agustín de Foxá por parte de la quinta teniente de alcalde del Ayuntamiento de Sevilla, concejal de IU, ha tenido una repercusión imprevista en toda España, y ha puesto en evidencia a aquellos a los que se les llena la boca de la palabra libertad cuando está demostrado que, allá donde sus homólogos han gobernado, sea la extinta RDA o la URSS, el liberticidio ha sido la tónica general, o más bien el purgante que han tenido que beber pueblos enteros. Bajo la puerta del centro cívico sevillano denegado también ha asomado su zarpa ese lobo disfrazado de gallina.

En multitud de periódicos, radios, tertulias, se ha puesto en evidencia el doble rasero de algunos, o muchos, izquierdistas cavernícolas. Con toda razón. Pero si alguna autoridad me da el haber sido, con Aquilino Duque, uno de los participantes en el prohibido acto, quisiera reflexionar aquí a título individual sobre la gran oportunidad que el descomunal error (cuando menos), y muy probablemente prevaricación (esto lo dirán los jueces), ofrece para todos. Y digo bien: para todos.

Naturalmente, uno sabía la orientación ideológica de las asociaciones convocantes, de las que no es miembro pero supone legales, y por tanto no merecedoras de discriminación en un acto administrativo como es la concesión de un local público. Con algunos asociados de una de ellas, Ademán, comparte el haber militado en organizaciones falangistas: en mi caso, FE de las JONS (Auténtica), al comienzo de la transición, hacia 1977 ó 1978. Sería penoso que ahora intentara un pliego de descargo, pero baste decir que aquella organización pudo serlo todo menos franquista. Desde entonces, uno ha tenido trato con personas maoístas, de derechas, socialistas, trotsquistas, ateas o creyentes (por no decir sin adscripción concreta, que suelen ser los más). Y ha leído, con curiosida natural, de todo. Conserva, eso sí, de aquella iniciación en la política la simpatía por José Antonio Primo de Rivera, un hombre honrado y valiente que quiso lo quizá imposible: una síntesis, creo que aún necesaria, entre la derecha y la izquierda.

Pero al acto de Foxá uno fue, como cuando le han invitado desde el gobierno socialista de Andalucía a leer poemas de Antonio Machado, a hablar de literatura, pues aunque hace treinta años que no tengo militancia política la literatura ocupa mis días e incluso mis noches. Además, preparo en la editorial que dirijo, y donde tiene cabida desde José Martí a Pessoa (prefiero no citar autores vivos para no incurrir siquiera en la posibilidad de incomodar a alguno) la reedición de un libro olvidado de Foxá: Misión en Bucarest y otras narraciones. La novela acabada que le da título es lo que menos me interesa de todo el volumen; tras ella hay un puñado de relatos deliciosos, como “Olor a cera” o “Viaje a los efímeros”. El primero de ellos, de tema taurino, se puede disfrutar, como es mi caso, sin ser aficionado a la fiesta. El segundo se goza aún más si durante un instante se olvida uno de los Viajes de Gulliver, de Jonathan Swift (que por cierto he traducido muy recientemente para otra editorial que no se avergüenza, al contrario, de publicar a Aquilino Duque).

Pero no querría hacer aquí publicidad encubierta (al margen de la impagable de la concejala). Lo que deseo decir es que sería necesario que los convocantes del acto censurado meditaran sobre lo sucedido. El haber enarbolado la bandera de la libertad, y haber ganado miles de adeptos en este caso que nos ocupa, les obliga, como antes nunca habían imaginado, a ser más tolerantes con ideas y autores contrarios (ojalá ninguno lo fuera). Y a entender que hay un imperativo moral en la victoria, y una generosidad que obliga. Todos tenemos una gran oportunidad por delante.

Yo creo que España y el mundo irán mejor cuando los que jalean a Foxá (seguramente de oídas o quizá sólo con la lectura de Madrid de corte a checa) promuevan, por ejemplo, también la lectura de un hombre cabal como Miguel Hernández. Pronto van a tener ocasión de hacerlo, si lo desean, en el centenario de su nacimiento. Y, por supuesto, cuando la concejala Medrano y los que piensan como ella acepten que hay autores ante los que, si no les gustan, tienen el derecho a no leerlos, pero no a estorbar su conocimiento o lectura por quien lo desee.

Así evitaríamos que algún botarate (y delincuente, por otra parte, pero eso está en manos de la Policía) le acusara a uno anónimamente, y al mismo tiempo, de ser fascista y haber “salido del armario” por haber biografiado a Cernuda o traducido a algún autor homosexual. Se ha quedado corto: debería haber añadido masón, imperialista británico, independentista irlandés, rosacruciano, dipsómano, pregonador del suicidio, perseguidor de jovencitas, en función de las tendencias de los escritores con los que uno ha tenido trato literario… Y pronto ciego, cuando salga una traducción que tengo pendiente de Milton.

(Por cierto, que ayer colgaba aquí la convocatoria de otro homenaje -no dice el tarjetón si literario, ¿pero es que hace falta decirlo?- al gran poeta griego Yannis Ritsos. No sé, no sé, ¿era también “fascista” el autor de Epitafio?

10 comentarios:

Antonio Serrano Cueto dijo...

El problema, querido Antonio, es que entre los políticos de izquierdas hay muchos botarates, como tú dices. Y lo digo con lástima, porque yo, aunque no tengo carné ni lo quiero, me considero de izquierdas. Pero no me duele en prendas reconocer que a veces, al menos en las administraciones locales, los políticos del PP tienen una visión mucho más tolerante que los del PSOE e IU. A estas alturas ya está uno harto de tanto sesgo ideológico aplicado a la literatura. Mi apoyo en la lejanía. Un abrazo.

marisa dijo...

Antonio,yo que también me considero de izquierdas, valoro a cualquier autor que me aporte algo y que aporte algo a la literatura.Creo que ya hubo bastantes voces amuralladas y amordazadas durante la dictadura, así que ahora, como muy bien dices hay que aprender a tolerar otras ideas aunque ellos no nos toleraran en un momento dado. La palabra debe ser siempre lo que nos una en nuestras diferentes formas de ver el mundo, y la poesía debe ser un lugar de encuentro.Que se oigan todas las voces (Hernández, Foxá, A.Machado,M.Machado Bretch, Alberti, Guillén, Cernuda, Celaya...)y que nunca, nunca, vuelvan a oirse las balas.
Un abrazo

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Antonio, aplaudo tu artículo, valiente y certero, palabra por palabra. Ojalá la Literatura nunca se mezcle con otros asuntos y nunca sea utilizada de forma torticera.
Un abrazo.

Olga B. dijo...

Foxá era un buen escritor y un personaje sobre el que merece la pena volver la vista, independientemente de la ideología de cada cual que, afortunadamente, es libre. Todo lo demás son tonterías, demasiadas. Qué cansancio de país.
Un abrazo.

Juan Manuel Macías dijo...

El desprecio ideológico es de una infamia sólo comparable a su apropiación ideológica. Incluso cualquier crítica literaria teñida de ideología es, por lo general, malsana. No me cansaré de repetir que el problema es, en el fondo, escolástico, la distinción entre forma y fondo, una enfermedad. Yo leo con placer a Foxá y a Gamoneda, por citar un par de ejemplos. Y no pasa nada. Porque lo único que importa en literatura es el placer literario.
En fin, Dios nos libre de los políticos mediocres-torquemada (del color que sean), de las religiones y del mercado cautivo del tabaco en los estancos.
Abrazos. Buen artículo.

José Miguel Ridao dijo...

Toda la entrada es tremendamente lúcida, y lo que más me ha gustado es que no se huele un atisbo de rencor, ni de vanagloria tras quedar "triunfadores".

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Ojalá, como dices, el caso Foxá sirva como revulsivo, abra una ventana de oportunidad. En este país -no sólo en este país, pero sobre todo en este país- hay muchos autores que están malditos por razones políticas e ideológicas, con independencia de su valor. A mí me fastidió mucho lo de Foxá. Además, la noticia me encontró en un momento en que, tras leer uno de los tres tomos de la "Obra periodística" de González-Ruano, ello me ha llevado, por las relaciones entre autores, a decidir comprar las "Obras Completas" de Agustín Foxá, gran poeta y articulista, como todos sabemos.

Por otra parte, felicidades por el valor de tu confesión, por el valor de defender un autor que para muchos debería dejar de existir, y gracias, como persona interesada por toda la cultura, por ello.

P.D. En Francia, recientemente hubo un debate sobre si se debían reeditar las Obras Completas de Bernanos. Hubo sectores de izquierda que se llevaron las manos a la cabeza, considerando a Bernanos, tanto en novela como en ensayo, un autor sobrepasado y reaccionario (como si fuera malo ser reaccionario). En fin, en todos los sitios cuecen habas.

El lobo estepario

PAco Martos dijo...

Estimado Antonio: No me considero de izquierdas, pero tampoco de derechas, ni de centro. Simplemente me gusta la libertad y que mi libertad acabe donde empieza la del otro. Por eso duele que ocurran cosas que me hacen preguntar al aire ¿dónde está la libertad? ¿De verdad que se acabó la Inquisición? ¿Vivimos en democracia?. Lo peor es que hay todavía grupos de izquierda y de derecha que no han superado tiempos antiguos y que parecen que ansían la dictadura para justificar su existencia.¡Qué triste!
Con mi admiración por su valentía y por su buen hacer, reciba un cordial saludo.

A.M. dijo...

Al final sirvio de algo la aportacion de este "anonimo vocacional". Bien lo vale.

Carlos dijo...

Muy buena reflexión. A tomar nota todos. Yo, por descontado, me apunto a cuantos homenajes se hagan a Miguel Hernández, sin ningún género de dudas.