domingo, 18 de octubre de 2009

Más desde Frankfurt



Me siguen llegando comentarios sobre la memez de vetar a Foxá por parte de una concejal de Sevilla. “Dijo Cernuda que ningún país / ha soportado a sus poetas vivos”, escribe José Emilio Pacheco en unos versos de Irás y no volverás. Ha venido a corregirlo la tal Medrano, que demuestra que en España tampoco se soporta a los poetas muertos.

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Uno ya está harto de tanta discordia civil. A ver si vamos a tener que establecer un apartheid para los autores que no son de la cuerda (o, dicho de otro modo, que son para la soga) del partido en el poder. A ver si va a sucedernos lo que en la India: por su carácter de narración de una violencia fratricida, en los hogares hindúes se esconden los ejemplares del Mahabharata y no se colocan junto al resto de libros, con la atávica superstición de que podrían provocar enfrentamientos.

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Todos los años, los libreros de Hong Kong venden el doble, si no el triple, durante las vacaciones de octubre de la China continental. ¿El motivo? Lectores ávidos de libros que están prohibidos en su país. ¿No nos suena esto a los cines de Perpignan durante los últimos años del régimen de Franco? Si gentes como Medrano, Torrijos y demás comunistas intolerantes (perdón por el oxímoron) alcanzan en un futuro mayores parcelas de poder (toda catástrofe es posible), se me ocurre que los libreros de Gibraltar pueden hacer un buen negocio.

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Aunque el descenso de visitantes a la Feria de este año es de un 0,8%, el aumento de personas que hicieron uso del centro de compra y venta de derechos de edición ascendió al 5,8% el primer día del certamen. Lo cierto es que se veían bastantes figuras desaparecer apresuradas entre las mamparas de la zona reservada a agentes y scouts (ojeadores en el argot), a la que sólo es posible acceder con cita.

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En la Feria hay también una zona especial para la traducción literaria. Ah, la traducción… En Francia, como en España, se traduce mucho. Y el Centre National du Livre (CNL) ha encargado a Pierre Assouline, biógrafo y novelista y autor del blog literario más seguido del país vecino, un informe sobre el oficio del traductor (la semana pasada asistí en Liber a la presentación de lo que será el segundo Libro blanco de la traducción en España, promovido por ACETT, en el que se presentaba un panorama desolador en lo que respecta a honorarios, garantías y condiciones de trabajo al sur de los Pirineos).

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En el Reino Unido las cosas son bien distintas: allí los traductores, además de magros ingresos reciben pocos encargos. La pasada primavera se producía el insólito hecho –tan frecuente sin embargo en nuestro país- de que un libro traducido alcance el primer puesto entre los más vendidos. Naturalmente, era de Stieg Larsson: el segundo volumen de su trilogía Millennium.

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Traducir está muy bien, pero tampoco nos irá mal aprender idiomas. En Alemania e Italia, The Lost Symbol, la última quincalla de Dan Brown, está entre los cinco libros más vendidos. ¡En su edición en inglés! Tampoco me sorprende demasiado: cuando yo dirigía la Casa del Libro de Sevilla la expectación y ventas de los últimos títulos de Harry Potter en inglés alcanzaron unos niveles francamente inimaginables sólo hace una década.

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Tener libros (¡e incluso leerlos!) en otras lenguas es hermoso, y en la medida que puedo me aplico a ello (para reconocer las vastedades de mi ignorancia), aunque veo difícil llegar al extremo de Alexander Pushkin, que en su biblioteca poseía libros en catorce idiomas.

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Con temperaturas que rondan los ceros grados en Fráncfort (ya está nevando en partes de Alemania), y con un verano que no termina de marchar del sur de España pasada la mitad de octubre, podemos, es cierto, hablar de cambio climático. El que he padecido al aterrizar en una Sevilla a veintinueve grados con un chaqueta de tweed y un chaquetón (que en el viaje de ida llevé en la maleta, pero al regreso ésta  llena de libros, catálogos, revistas, rechazaba). Mucho hablamos de cambio climático. Ian McEwan ha escrito sobre él una novela, Solar, que se publicará en Gran Bretaña y Estados Unidos en marzo, no sé si oficialmente en invierno o en primavera. Dicen que lo consagrará como una gran autor cómico.

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Se habla del cambio climático, de la sostenibilidad y cosas parecidas, y la agencia literaria probablemente más poderosa del mundo, la Wylie Agency con sedes en Nueva York y Londres, publica un lujoso catálogo de sus autores representados que alcanza las casi quinientas páginas. ¡Qué derroche obsceno! Si se atiende a la numeración, las páginas son 237, porque las hojas de papel ahuesado están impresas a una sola cara. Junto a autores no muy conocidos que lleva este agente apodado “el Chacal”, figuras (no necesariamente escritores) como el rey Abdullah II de Jordania, los dos Amis (padre e hijo), Henry Kissinger, Kofi Annan, Alessandro Baricco, Saul Bellow, Borges, Bolaño, Bill Gates, Allen Ginsberg, Al Gore, Salman Rushdie…

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Asisto a la presentación del stand argentino y se me llenan los oídos de entonaciones porteñas. Me codeo con María Kodama, que no suelta el abrigo y a a la que siempre que la veo la llevan casi sin resuello de un lugar a otro. Me sumerjo en un lujoso folleto sobre la librería El Ateneo Splendid de Buenos Aires, un teatro convertido en librería que quiso imitar en Sevilla una tacaña y dickensiana señora, cuyo quiero y no puedo (o ni puedo ni quiero) ha trasladado al establecimiento su propia antipatía. La librería El Ateneo es sólo una de las muchas que aparecen en un volumen que hojeo con fruición: El libro de los libros. Guía de librerías de la ciudad de Buenos Aires.

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Maldita sea. Quiere uno despachar rápidamente las decenas de revistas, catálogos, suplementos que ha arramplado en la Feria y, emboscados, le salen al paso artículos, reseñas, ensayos, que le demoran y le convierten en Tántalo.

 O en "el tonto los libros".

4 comentarios:

Alfredo J. Ramos dijo...

Muy interesantes estas notas que dan cuenta del pulso de la feria, aunque echo en falta alguna impresión sobre el cacareado boom del libro electrónico. ¿Fue para tanto?

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Hola, Alfredo. He dejado algunas reflexiones sobre el libro electrónico para una entrada posterior, que publicaré a lo largo de la semana. Un saludo.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Buena vuelta Antonio.

Anónimo dijo...

Me ha gustado esa defensa del traductor (yo soy traductor profesional). Podría escribir un libro con mis experiencias. De momento, sólo decir algo en positivo: de todos los trabajos que he hecho en mi vida es el más satisfactorio. Me hace feliz. Y vivo de ello (malamente). Ojalá las cosas mejoren.
Un abrazo:
JLP