jueves, 12 de noviembre de 2009

El préstamo en la era digital




Si hace unos días veíamos en Fráncfort las réplicas hechas en Shanghai de dispositivos de lectura occidentales, sombras chinescas de, por ejemplo, el Kindle, ahora la cadena de librerías norteamericana Barnes and Noble anuncia la comercialización de un aparato similar (que por supuesto pregona que posee características de las que carecen los de la competencia). Callado se lo tenían. Justo el mes pasado una representante de la empresa hablaba en Liber de su software de descarga de libros electrónicos meticulosamente callando sobre este nuevo e-reader.
Lo que más llama la atención del Nook, que así se llama el artilugio, es la novedosa, incluso revolucionaria, posibilidad de prestar los libros adquiridos. El comprador puede prestar a otra persona el título descargado que desee por un tiempo similar al de las bibliotecas: dos semanas. Lo bueno es que se garantiza siempre la devolución, pues pasado ese plazo el libro se esfuma del dispositivo del prestatario y vuelve a quien realizó el préstamo. Y digo bien, vuelve, porque durante ese intervalo el libro deja de estar a su disposición. Como se ve, todo esto es muy similar al préstamo bibliotecario; perfeccionado incluso: pues no hay retrasos que valgan, ni pérdida ni deterioro.
Quizá, precisamente, sea el modelo al que tiendan las bibliotecas del futuro: no de pasado mañana sino, quién sabe, puede que hasta de esta misma tarde.
El nuevo sistema hará que entre los particulares se rompan muchas menos amistades por esa bagatela que algunos no perdonamos: que no nos devuelvan un libro o nos lo restituyan en un estado deplorable.