domingo, 15 de noviembre de 2009

Palacio arzobispal




Íbamos a Palacio, patios libres

que al juego convidaban más que al rezo.

Sus fuentes de frescor anochecido,

sus húmedos y umbríos corredores,

la dama de noche, el jazmín, la buganvilla,

eran casa de un Dios humano y viejo

acaso de la edad de nuestro tío.

Benévolo anfitrión de travesuras,

de macetas volcadas como el cáliz

de la infancia católica y agridulce

que ya se fundió como sagrada forma,

el tío Pedro, su portero, nos abría

la entrada a un recinto, a unos años

a los que ya nunca más volveremos.


(Publicado en Farewell to Poesy, Pre-Textos)

2 comentarios:

marisa dijo...

os años de la infancia, paraíso de recuerdos y osadías...Un poema hermoso de un poeta grande.Gracias por el regalo en esta tarde de domingo, lenta y ociosa.
Un fuerte abrazo

Sara dijo...

Bellísimo.