domingo, 10 de enero de 2010

Incesante Foxá


Buscando en la biblioteca, y tras el ridículo episodio de censura con que una edil sevillana homenajeó a Foxá, doy con algunas páginas que tenía olvidadas sobre el gran escritor. La Junta de Andalucía publicó, al filo de 2005, un cuaderno en recuerdo al poeta sevillano Vicente Tortajada. Allí, tras palabras cariñosas de la Consejera de Cultura, Rosa Torres, y del enorme poeta y varón menudo y recogido que va siendo Pablo García Baena, un tan hermoso como atinado poema de Tortajada sobre el Conde de Foxá, "Langueur de Agustín de Foxá, 1959", estampa lírica del final de una vida y, con ella, de un mundo:

Me siento tan perdido:
murió, la gracia, el ritmo del vals, la cortesía,
el alado abanico, la espuma, el amor puro,
nuestro cielo teológico, la oración y el armiño,
podrida la bandera y despoblado Versalles...

"Poesía que lleva un germen de melancolía, recuerdos, también de nostalgia de la que participa con otros muchos poetas de su tiempo y cuyas razones se hallan evidentemente en un pasado compartido", escribía la Consejera. La concejal, sin embargo, no estaba por compartir nada, sino por seguir enfrentado.

La otra página a la que me refiero lleva el título tan expresivo y justo de "Agustín de Foxá y el tiempo embalsamado". La firma Felipe Benítez Reyes y puede leerse en su libro Gente del siglo.

"Foxá concluyó su novela sobre la guerra civil, Madrid de corte a cheka, en plena guerra civil. Es, por supuesto, una novela política, pero también poética. Con una "ideología poética" más que otra cosa: la imagen crepuscular de un mundo en ruinas, de un mundo que declinaba", interpreta Benítez Reyes. Y añade: "Y Foxá le dedicó esa elegía. Una elegía de aire tenebrista camuflada bajo la apariencia de una historia de presuntos héroes y presuntos canallones -que es, a fin de cuentas, lo que hacía por entonces todo el mundo: un relato maniqueo, según le fuera en aquella feria macabra".

Para conmemorar el cincuenta aniversario de su muerte, se ha publicado una biografía, y Paréntesis ha reeditado su inencontrable Misión en Bucarest y otras narraciones, con prólogo de Luis Alberto de Cuenca. En Madrid, en homenaje no prohibido, intervinieron, entre otros, Juan Manuel de Prada y Jaimes Siles. En mi gabinete (ay, ojalá se me pegara de él más que una palabra aislada), la celebración no se cierra con el año. Me pongo la servilleta del libro abierto sobre el pecho y, operación reflexiva, soy yo el que me doy el homenaje.

2 comentarios:

Olga B. dijo...

El mejor homenaje que se le puede hacer a una voz, es darle paso, volver a dejarla en manos de los lectores. Fuera de prejuicios políticos, el personaje merece ser escuchado. Su literatura puede ser de todos.
Enhorabuena por esa iniciativa.

Mery dijo...

Te agradezco que comentes la nueva reedición de Misión en Bucarest, porque encima lleva prólogo de L.A.de Cuenca. Miel sobre hojuelas.

Un abrazo y felíz homenaje