domingo, 24 de enero de 2010

Vidas paralelas (por segmentos)

Alfonso Reyes, por Luis Marín Bosqued


Alfonso Reyes, ese orondo escritor de mayestático apellido, sirvió como diplomático de su país en varios destinos y con lealtad a varios presidentes. Uno de ellos fue Plutarco Elías Calles. Y hablando de Plutarco, el autor de Vidas paralelas, reparo esta tarde de libros y anotaciones en los paralelismos, por segmentos, pero no pocos, y notables algunos, entre Alfonso Reyes y Luis Cernuda. Ambos fueron damnificados por Dámaso Alonso. El primero, autor de Cuestiones gongorinas, fue destronado en su posición de gongoriano mayor del reino por el autor de Hijos de la ira. Así, Cuestiones gongorinas, de año tan de Don Luis como 1927, fue sucedido por Estudios y ensayos gongorinos, de 1955. El segundo, tuvo que que sufrir el lectorado en Oxford que obtuvo Dámaso, y el voto en contra de Alonso en el Premio Nacional de Literatura (sí, lo sé, estoy remedando el "¿en qué quedamos, Gerardo o Diego?" de Borges).
Luego, el exilio: Reyes vivió varios años exiliado en España, y Cernuda varios en México (allí contó con el apoyo del primero, que le concedió becas y ayudas). ¿Sabían, ellos que se trataron, que ambos eran hijos de generales que se llamaban Don Bernardo?
En la escritura, los dos fueron siempre proclives a Grecia, y cultivaron la prosa poética, tan infrecuente en nuestras letras hasta llegar ellos (excepción hecha de JRJ), en Visión de Anáhuac y Variaciones sobre tema mexicano, libros ambos sobre el país azteca.
El destino los eligió para una muerte similar, y dispar sin embargo: Alfonso Reyes fue un profesional de los infartos, varias veces manco unos minutos en el trance cardíaco. El autor de Con las horas contadas también se fue de lo mismo, fulminado. Indolente y perezoso, Cernuda no tuvo constancia y se murió a la primera. En realidad, como su amado John Keats, vivió los últimos meses póstumo en vida, una vez que publicó Desolación de la Quimera en 1962. En la identidad total de poeta y hombre, acabado aquél ya no tenía razón de vivir éste. Y como Keats, al final de sus días ya no quería leer la correspondencia que le llegaba. Léase "A propósito de flores".

Pero eso ya es otro paralelismo...

2 comentarios:

Olga B. dijo...

Esta frase estaba leyendo esta tarde, entre ese revoltijo que suelen ser mis lecturas: "No hay cosa que no esté como perdida entre innumerables espejos...". Pero hace falta alguien que los mire y los vea, y los señale.
Curiosos recorridos.
Me gustan.

Mery dijo...

Qué repaso tan interesante acabas de hacer, así como si nada...
Al final una acaba cayendo siempre en la certeza de que no sabe nada de nada.
Se te agradece.
Un abrazo