martes, 23 de febrero de 2010

En la librería del Fondo




Estos días atrás, en México, pasé buenos ratos (buenos en el sentido de agradables y también en el de largos) en no pocas librerías. En algunas sucursales de Gandhi, en la algo destartalada el Parnaso de Coyoacán, en un par de las de El Péndulo (las de la Zona Rosa y Polanco). Esta última, tan especial que fue calificada como una de las diez más hermosas del mundo por The Guardian, está en calle de nombre tan literario como Alejandro Dumas. Recuerdo que caminando en busca de ella pasé por otra calle de nombre para mí querido: la de Tennyson.

No hallé mi traducción del poeta victoriano publicada en Pre-Textos, pero sí bastantes libros de la editorial valenciana. Pero a lo que iba; a la que iba: la del Fondo que recibe el nombre de Rosario Castellanos, cerca de la estación de metro de Patriotismo.

Es una librería espectacular, un gran espacio diáfano que ha resuelto a la perfección el antiguo uso. Predomina en ella el blanco, como una página interminable que acoge todos los libros. La única falta que le encuentro es que es espacio que se queda grande para los títulos que exhibe. Pero éstos, por contra, los muestra con desahogo. Probablemente, si no tuviera títulos repetidos, sería una muy bien dotada biblioteca.

En mi primera visita se presentaba una exposición de los códices de Brian Nissen, el pintor y escultor que vive y trabaja entre México y Nueva York. Curiosamente, llevaba yo en el bolsillo su nombre y dirección, que me había proporcionado José María Conget. Rodeado como estaba de gente que lo cumplimentaba no tuve ocasión, más allá de saludarlo y darle recuerdos de José María, de entablar conversación con él y su mujer, Montse, como llave recomendada para acceder a españoles del exilio.

Al día siguiente estuve con Paloma Altolaguirre y James Valender, y luego tuve otros encuentros y diálogos. Pero sí regresé a la librería del Fondo, a la que, por supuesto, volveré cuando algún día pise de nuevo la ciudad de México.

3 comentarios:

Alfaraz dijo...

Salvando los tamaños, la librería recuerda a la del FCE en Madrid. Ésta Juan Rulfo.

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RSP dijo...

He seguido tu paseo tan cernudiano y tan evocador por México, con expectación y algo de envidia. A mí también me gustan las bibliotecas. Realmente casi siempre que nos hemos visto ha sido en bibliotecas. No hubiera sido mal sitio... ¡las imágenes son fantásticas!
Un abrazo, Antonio.

Mery dijo...

Qué viaje tan afortunado estás haciendo, por lo que veo.
Un abrazo