martes, 9 de febrero de 2010

En México

Esta semana se celebra una Fiesta de la Lectura en el Paseo de la Reforma, entre el Ángel de la Independencia y la Fuente de Minerva, o dicho de otro modo, citando las calles que delimitan el segmento: entre Florencia y Sevilla. En este tramo desemboca también la calle Guadalquivir.

Es un modesto tiangui, dos hileras de puestos callejeros sin gran atractivo. La Feria del Libro principal tiene lugar la semana que viene en el Palacio de la Minería, en el centro histórico, pero no estaré aquí para entonces.

Regreso por donde vine, y al llegar a Guadalquivir, alzo la vista y miro donde vivió Octavio Paz. Fue un buen amigo de Cernuda, y quien mejor fijó su grandeza en el ensayo “La palabra edificante”. Antes de volver al hotel, decido arrostrar una vez más el tráfico del Paseo y cruzo al Sanborns de Lafragua, donde se cuenta que Cernuda celebraba solitario sus cumpleaños mejicanos ante un dry martini. Lo imito, aunque no es mi fecha. Y me pertrecho con lectura, como seguramente también él hiciera. Un ejemplar de la Revista de la Universidad de México me acompaña y me aísla de otros compañeros de barra y de los camareros. Es un bar oscuro, pero bajo la tulipa voy encontrando conocidos: páginas sobre W. B. Yeats o sobre Rafael Cadenas. Hay, además, poemas de un cernudiano: Vicente Quirarte. El director de la revista, Ignacio Solares, también lo es. Me siento acompañado en esta ciudad de más de veinte millones de almas. Como escribió el vecino ya muerto: El laberinto de la soledad.

4 comentarios:

Olga B. dijo...

¡Feliz estancia por el otro lado! El segundo tomo de la biografía de Cernuda se beneficiará seguro y, con él, todos tus lectores.
Abrazos.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Los libros con los mejores compañeros del viajero solitario. Hacen compañía incluso físicamente. Un saludo y buen viaje.

Anónimo dijo...

que grande antonio¡¡¡

sergio astorga dijo...

Antonio, que la flor y el canto acompañen tus pasos.
Feliz estancia entre mis calles.

Un abrazo entre Río Tíber y Río Guadalquivir.
Sergio Astorga