sábado, 6 de marzo de 2010

Traducciones


Prepara uno la conferencia del viernes para el Máster de Traducción de la Universidad de Sevilla, a la que me invitó el poeta y profesor Juan Frau, con quien comparto el interés por el poeta isabelino inglés Samuel Daniel, y va anotando ideas que aquí y allá encuentra en torno a la traducción.

Hablo hace unos días con Alejandro Luque, que intervendrá en el mismo ciclo el lunes acerca de la traducción en la prensa, y le hago ver lo absurdo de trasladar el officer del inglés por oficial, cuando significa "agente". Arruinados estarían los departamentos de policía de medio mundo si tuvieran que pagar nómina de oficial a quien es policía raso o suboficial.

Leyendo El País, veo que se ha inaugurado una exposición sobre Miguel Ángel Buonarrotti en Londres. Y la avezada reportera escribe El castigo de Titus y El rapto de Ganymede. Y se queda tan pancha.

En el mismo periódico doy con el artículo de un autor peruano que ¡se publica traducido al español!

Una editorial barcelonesa para la que he traducido a John Milton me escribe en catalán para solicitarme una copia del contrato. Lo hacen a continuación de haber recibido mi factura, en la que se ve que me hago llamar Antonio, y no Antoni, y que mi domicilio está en Sevilla, no en la Ciudad Condal. No tengo problemas en leer el catalán, pero no respondo porque me siento violentado en la imposición de una correspondencia en la lengua regional, cuando nos podemos entender en la común, y al día siguiente me encuentro en el contestador (en honor a la verdad, el contestador del móvil, sin prefijo provincial que delate mi residencia, aunque ésta estaba clara en la documentación) un mensaje en catalán. Simpática lengua para ser hablada entre catalanoparlantes, aborrecible y doblada de kafkiana cuando se le impone en el trato comercial a quien ha traducido a Milton al español. Decido entonces responder en inglés y, ¿por qué no?, en pentámetros yámbicos, ya que la traducción que se me adeuda es en verso. Comienzo a teclear:

I do not have a fax, but I will send...


En fin, que la hora concertada para la conferencia se me quedará corta.

7 comentarios:

a.serranocueto@gmail.com dijo...

Lo del artículo del peruano también me sorprendió a mí. Yo te podría contar algunos problemas de la traducción del latín. Un abrazo.

Olga B. dijo...

Ay, madre, con lo bonitas que son todas las lenguas y lo necesarios que son los traductores (y lo difícil que es hacerlo bien), qué manía de hacerlos trabajar cuando no hace falta. Parece olvidarse que la función del lenguaje es, al final, facilitar el entendimiento con el que está al otro lado del teléfono y de donde sea. Ese otro lado es lo importante. Supongo que olvidarlo es otra forma de dar información, aunque el mensaje no nos guste.
Saludos y suerte con la conferencia. Tendrás que hacer un considerable trabajo de síntesis, pero eso es un síntoma de inteligencia. Me encantaría estar allí;-)

Las hojas del roble dijo...

Qué follón de traducciones, Antonio:
las cosas, al fin y al cabo, tienen su nombre.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Los falsos amigos, qué problemas traen entre lenguas. Y no me refiero sólo a las palabras parecidas en diferentes idiomas...
Un abrazo, Antonio.

César Romero dijo...

El peruano, Daniel Alarcón su nombre, escribe sólo o principalmente en inglés. Suena raro, pero no tanto si pensamos que vive en USA desde pequeño. Tiene un par de libros traducidos, creo.
En cuanto a lo del catalán... Muy buena contestación, pero me temo que no tomará nota e incurrir´´a más veces en la misma falta de ¿tacto?, ¿vista?, ¿educación?
Saludos, y hasta el miércoles.

Mery dijo...

Olé tus narices, Antonio. La próxima vez contesta en griego clásico, a ver si así caen del guindo y de su soberbia.
Un abrazo

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Disculpad que no os haya respondido antes, pero está uno con poco tiempo preparando la charla. Abrazos a todos.