jueves, 29 de abril de 2010

Con José Balza en Madrid


Ayer, con un calor impropio para estas fechas, lo mismo en Sevilla que en Madrid (no quiero pensar en el que haría en Córdoba al pasar por ella el tren a las cuatro y media de la tarde), tuve la fortuna de conocer personalmente a José Balza, el gran autor venezolano que pasa unos día en España. Era temperatura tropical, y sólo la Cibeles nos recordaba que no estábamos en tierras de su natal Orinoco. Presentábamos Percusión, su estupenda novela que hemos recuperado en Paréntesis, y en la mesa estábamos acompañándolo Toni Montesinos, Ernesto Pérez Zúñiga y yo, que al ser quien hablé primero pude dedicarme el resto del tiempo a disfrutar de las intervenciones de los demás. Y a beber sorbos de agua cada cinco minutos.
Nos habló Balza de la génesis del libro, de sus obsesiones, de su periplo tras lugares mágicos, de la vejez y la plenitud de facultades. Daba gusto oírle, y la hora y media se pasó en un suspiro. Acudieron algunos escritores de ambas orillas, e incluso de esa escala entre ambas, las islas Canarias.
Desgranó el autor de Percusión esa letanía de misterios: el monte Ararat, Samarcanda, Antigua, Machu Picchu, Delfos... Con su rostro de sabio, Carlos García Gual sentado entre el público, con quien pudimos hablar antes brevemente de Yeats, de las mutaciones consonánticas de las lenguas célticas, de la gramática de antiguo irlandés de Thurneysen...
Supongo que esto será una traición: me decía Balza que ha tenido la gran suerte de permanecer a lo largo de los años como un autor semidesconocido, con todas las ventajas que eso supone para crear en libertad. Pero a los que lo acompañábamos ayer, y no para fastidiarlo, nos gustaría compartir ese secreto.

1 comentario:

Mery dijo...

Pues es muy de agradecer que cuentes aquí una experiencia literaria y humana tan grata.
Me ha gustado especialmente el optimismo y positividad de Balza, cuando dice que ser semi desconocido le ha permitido escribir con libertad. Razón no le falta, imagino.
(Es verdad, Madrid está siendo casi un hervidero preveraniego).
Un abrazo