martes, 13 de abril de 2010

Miguel Hernández y los poetas sevillanos



Este jueves a las ocho de la tarde y en la Fundación Salvador de Madariaga, junto al río Guadalquivir y el Parque de María Luisa, las dos asociaciones sevillanas que hace meses organizaron el homenaje literario a Agustín de Foxá, y en fecha más reciente a Leopoldo Panero, celebrarán un acto en torno a Miguel Hernández y los poetas sevillanos. Lo contarán de seguro los conferenciantes, Romualdo Maestre y Aquilino Duque: acabada la guerra, el gran poeta de Orihuela huyó a Sevilla y fue recibido por Joaquín Romero Murube, del que se cuenta incluso que lo escondió en el Alcázar, del que era Conservador, en una ocasión en la que pasaba por allí, ahí es nada, Francisco Franco. Era un 24 de abril, fecha del nacimiento del fundador de la Falange, José Antonio Primo de Rivera (por cierto, que ya puestos a recordar coincidencias, Romero Murube nació un 18 de julio, y Franco se alojaba en esta visita en el Palacio Yanduri, en la Puerta Jerez, donde nació Vicente Aleixandre).
Fue Romero Murube quien publicó en la Sevilla nacional el librito Siete romances, en el que lloraba el mil veces salvaje asesinato de su amigo Federico García Lorca.
Por su parte, Eduardo Llosent Marañón y Miguel Hernández se habían conocido cuando aquél participaba en las Misiones Pedagógicas, y el que fuera director de Mediodía hizo cuanto pudo por salvar al autor de El rayo que no cesa, y le facilitó un abogado. Al final se consiguió que se le conmutara la pena de muerte por otra, durísima en cualquier caso, de treinta años de cárcel.
A muchos les extrañará que personas que simpatizan con Foxá o Panero puedan volver ahora sus ojos sobre quien fue comunista y comisario cultural del 5ª regimiento del Ejército republicano. Pero si Hernández tiene poemas circunstanciales en alabanza de las ideas que combatieron los falangistas, éstos, a pocos que sean cultos y auténticamente seguidores de su fundador, deben reconocer la altura poética, y aun humana, del poeta cuyo centenario celebramos este año. A fin de cuentas, ¿no fue José Antonio quien concedió ya en el mitin del Teatro de la Comedia, en 1933, que el socialismo había tenido su razón de ser, y él mismo quien en su emocionante testamento clamó por que cesaran de una vez por todas las discordias civiles?
En todas las guerras hay asesinos y canallas; en todas, personas que asumiendo riesgos laboran por salvar a los inocentes o, al menos, no cometer crímenes o ser cómplices de ellos. De un gesto generoso (un miliciano rojo que salva la vida a Rafael Sánchez Mazas) surge la vendidísima Soldados de Salamina, de Javier Cercas (también en Madrid, de corte a cheka de Foxá hay una escena parecida). Por Miguel Hernández intercedieron falangistas como el propio Sánchez Mazas o José María Alfaro. También parece ser que Dionisio Ridruejo y otros poetas de la revista Escorial quisieron persuadirlo de que renegara de sus ideas para alcanzar la libertad y Miguel Hernández se negó. Eso le honra.
He curioseado estos días en Internet y he hallado que entre personas teóricamente cercanas a los organizadores ha cundido el estupor ante la convocatoria. ¿Cómo? ¿Homenajear a un comunista? Pero gentes de buena fe (o FE, usando viejas siglas) les han respondido cabalmente. En un periódico hemos podido leer esto: "Desde Patria Sindicalista saludamos doblemente este acto. En primer lugar, porque reivindica la figura —tan citada como deformada y escasamente leída— de uno de los grandes poetas en lengua española del siglo XX y, en segundo lugar, porque homenajes de este tipo son los que verdaderamente promueven una auténtica reconciliación nacional."
Ahí queda eso. Es un gesto valiente, que seguramente no va ser comprendido ni por unos ni por otros. Un beau geste, como se decía antes. Desde aquí mi modesto aplauso.

4 comentarios:

Sara dijo...

Afortunadamente ni la inteligencia, ni la virtud, ni la sensibilidad estética tienen (ni tendrán nunca) signo político, por mucho que se empeñen los fundamentalismos de cualquier escuela en afirmar lo contrario...Por otra parte, no deja de resultar desconcertante esa aparente ecuanimidad con respecto a la obra y legado del poeta de Orihuela en un periódico cuyo discurso sobre otros temas resulta tan notoriamente ajeno... Demasiado cínica para dar mi aplauso (por modesto que sea) al autor del artículo de Patria Sindicalista, pero no al de Fuego con Nieve. Excelente entrada, Antonio.

José Luis Piquero dijo...

Así tienen que ser las cosas. Un abrazo.

Olga B. dijo...

Amén.

Gonzalo Gragera dijo...

Una vez más queda claro que la literatura está a años luz de la política sectaria en cuanto a nivel intelectual.

¿Podemos afirmar que este hecho es verdadera memoria histórica?.Un saludo maestro.