sábado, 1 de mayo de 2010

El Nueva York de Toni Montesinos


Existen numerosos volúmenes sobre Nueva York y en la práctica totalidad de idiomas de la Tierra, que en esa ciudad éstos convergen y conviven, con fracciones de los pueblos que los hablan, como quizá en ningún otro lugar del mundo. Se me vienen a la cabeza títulos de Brendan Behan o Edith Wharton, en inglés. Por ceñirnos a nuestro idioma, la gran manzana ha pasado en letras de molde (o tinta líquida en las pantallas hoy) a páginas –prosa y verso– de José Martí, Federico García Lorca, Julio Camba, Antonio Muñoz Molina o Eduardo Lago.

Y aquí –en verso y prosa– nos llegan ahora estas Escenas de la catástrofe de Toni Montesinos. Ya sea en Solos en los bares de noche o La ciudad gris, libros ambos donde acoge hospitalariamente a Dublín, ya en Hildur, donde Reykiavik late, musical, Montesinos es un gran traductor a ciudades: traslada al lector a ellas con esas líneas low-cost (pero de impagable calidad) que dan alas a la buena literatura. Con don de leguas (o millas, o kilómetros). Y así, de repente y por el sortilegio de lo escrito nos hallamos con él en el Aeropuerto JFK, huyendo de los clichés pero sin poder sustraernos (¡quién puede!) a los recurrentes símbolos y emblemas de la megalópolis.

Haciéndose eco de Le Corbusier, indaga “en toda esta magnífica catástrofe”, el asombro neoyorquino, y entreverando su pasión por el baloncesto con el cine o la poesía, el autor nos lleva a finales de la NBA o a la ciudad de Baltimore y la sombra de Poe o la estancia de Pedro Salinas. Me reconozco en Toni cuando en sus pesquisas da con el legado de Eleonor Turnbull (yo también di en la Johns Hopkins University con un testimonio del 27 a la estudiosa norteamericana: una carta inédita de Luis Cernuda). Apoyándose en Whitman y en otras voces, más la experiencia propia, no ahorra críticas al sistema capitalista (que no es el de libre mercado, sino el de tráfico y especulación de capitales que en esta capital hace que Wall Street sea sinónimo de Muro de la Vergüenza). Nos habla de la incomunicación en la multitud, de la soledad entre muchos, y lo hace con imágenes poderosas.

El género de viajes en nuestro país ha cobrado brío en la última década. Toni Montesinos, en estos periplos a lo largo del tiempo a un mismo espacio, demuestra ser un valioso y valeroso cultivador del género. Valioso, a la vista está, por su calidad. Valeroso, también por haber escogido Nueva York, ese póster mudable que varias veces al día ocupa la pantalla de nuestro televisor, de una fotografía, de un cartel publicitario.


(Prólogo a Escenas de la catástrofe, de Toni Montesinos, Editorial Polibea, Madrid, 2010)

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