domingo, 2 de mayo de 2010

Gratis et amore



Hace unas semanas recibí en el blog un comentario de la directora de un colegio en que me invitaba amablemente a dar una charla con motivo del Día del Libro. Hoy, con perspectiva, puedo afirmar que la profesora me ha dado a su modo una lección de cómo entienden hoy muchos la cultura: como algo en lo que entrar a saco, con derecho de pernada y, como se suele decir castizamente, recibiéndola "gratis total".
Uno ha dado charlas, escrito prólogos, incluso traducido, gratuitamente en no pocas ocasiones, pero se reserva el derecho -iluso que es uno- a vivir de su trabajo. Preferible esto a que otros se ganen el pan con el sudor de su frente. Por ello, si ha de dedicar unas horas a preparar una intervención y pronunciarla a un auditorio, piensa que a lo mejor no es descabellado que, como el electricista que es requerido para arreglar unos plomos o el pintor para blanquear unos muros, se le retribuya aunque sólo sea para cubrir el coste de algunos de los libros que ha tenido que ir comprando, y leyendo, y anotando, hasta llegar a esta envidiable posición en la que se le pide que hable para el prójimo (gratis, ya digo).
Esto fue lo que ingenuamente preguntaba yo a la maestra:

Estimada ***:

Gracias por contactar conmigo. Tengo algún viaje por esas fechas, pero podría arreglarse. Varias preguntas a bocajarro:

-¿pagáis por la charla?
-¿en qué horario sería?
-¿dónde estáis?
-¿sobre qué os apetece que hable?
-¿de qué edad son los alumnos?

Un cordial saludo,

Yo no sé cuántos libros o discos tendrá pirateados la buena mujer, pero el caso es que como nunca me respondió le dejo aquí algún argumento de por qué, en principio, uno aspira a no regalar su trabajo, como un músico o un actor piensa en cobrar por su interpretación, ya sea ante un grupo de niños, de socios de un Ateneo o de alumnos de un Máster. En el caso que nos ocupa, me pregunto por qué un escritor está menos autorizado a cobrar que el estudiante al que se le ingresa una bonita cantidad sólo por cumplir con su misión y no caer en el abandono escolar; por qué hay que suponer que su ordenador personal le ha llovido del cielo, cuando a los chavales se les regalan portátiles de más que dudosa utilidad; por qué él no saca tajada al tiempo que se quiere sobornar a los profesores (frente a la oposición de la mayoría de ellos) con unos incentivos asociados a un Plan de Calidad de la Enseñanza que en el fondo significa "Que-Bruselas-no-se-entere-de-nuestro-desastre".

Si la directora de marras me hubiera dicho que no disponían de presupuesto y me hubiera llorado un poco, allí que hubiera ido yo a hablar a los niños sin cobrar un euro y a lo mejor haciendo incluso una donación a su biblioteca. Lo que me solivianta es la idea, cada vez más extendida, de que la cultura ha de ser gratis, lo que es confundir, como escribió Machado, valor y precio. No sé por qué una canción ha de ser gratis contra la voluntad y el bolsillo de su creador. No sé por qué el hecho de que a unos estudiantes se les ahorre tener que pagar por una charla tiene que implicar necesariamente que el que la dé salga de ella tan pobre como entró, sobre todo cuando la Administración a la que sirve ese centro de enseñanza ha dilapidado, dilapida y dilapidará fortunas en sandeces y majaderías mucho mayores que las que uno puede enhebrar en su charla.

Y aquí lo dejo, consciente de que lo escribo en un blog que publico gratis et amore. Porque me da la gana y no por voluntad ajena, como al parecer era la de esa señora que aún no me ha contestado.

12 comentarios:

El transcriptor dijo...

Totalmente de acuerdo contigo. Y es más triste que una colega piense así. Por otro lado, están esos padres que no reparan en gastos a la hora de comprar un móvil estupendo o unas zapatillas de marca a la criatura, pero "racanean" si hay que pagar 20 euros por un libro.

Olga B. dijo...

Sí, seguramente se quedó con la idea de que querías "comerciar" con tu conocimiento y no ofrecerlo gratis, -"como debe ser"-, a sus pobres alumnos. Forma parte de esas teorías tan engañosamente buenistas que rodean al mundo de la "cultura", especialmente cuando uno cobra un sueldo fijo.
Todos los que escribimos en un blog lo hacemos gratis, pero me parece definitivo eso que dices: "porque me da la gana y no por voluntad ajena".
Puede ser que no exista presupuesto para estas cosas, y que aun así la profesora pretenda contar con firmas de interés, eso no sólo es lícito sino que incluso le honra, pero igual que se molestó en pedírtelo, debió molestarse en contestar. No hacerlo deja una especie de duda bastante incómoda, como si lo que no le pareciese lícito es que tú preguntases si ibas a cobrar. Hablando de educación, como mínimo necesita un buen cursillo de esos que seguramente le darán gratis.
La palabra que me viene a la cabeza es "pacencia", con el tono exacto en que lo dice mi suegro, un hombre muy poco ilustrado al que le han dado muy pocas charlas gratis, pero conocedor de que a veces se necesita mucho más que paciencia.
Un abrazo.

Marisa Peña dijo...

Desde luego que aquello que se da debe ser porque uno quiera.Lo demás es abuso.Tan honrado es querer vivir de la cultura como ofrecerla en un blog "Gratis et amore".Lo mínimo hubiera sido contestarte, pero ahora se da mucho eso de la descortesía internáutica...En fin.Un abrazo

Alberto dijo...

Pero... ¿no das demasiado por sentado que no te contestó por eso? La ausencia de respuesta en principio sólo me da a entender que la mujer no ha sido demasiado educada pero nada más.

Ra dijo...

Don Antonio: bravo.


Con el rollo de que el saber no ocupa lugar, la gente obvia que ocupa mucho de todo.

Que a uno le llueve, vamos.


Pd. Por un lado pienso que sería bonito dar charlas gratis a los chavales... pero igual de bonito sería que no cobraran por enseñarles. Humildemente.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Muchas gracias por los comentarios. Después de haberme quejado por la falta de respuesta, a ver quién es el guapo que no os contesta. Pero no sólo por eso, sino por sentimiento sincero, gracias.

Sara dijo...

Bueno, todos sabemos que dar una charla en una escuela sin recibir compensación monetaria alguna es una práctica bastante extendida, no solamente entre escritores u otras personas dedicadas al mundo de la cultura, y no solamente dentro del territorio español… Ahora bien, es realmente fastidioso cuando algunos interpretan (e incluso explotan) este tipo de prácticas informales como si fueran ley, llegando a imaginar una serie de derechos y obligaciones allí donde no los hay. A mi me encanta que todavía haya personas dispuestas a prestar este tipo de servicios sin cobrar un euro, pero también creo que preguntas tan lícitas como “¿pagáis por la charla?” pueden ser un buen recordatorio para aquellos que, acostumbrados a recibir servicios de forma gratuita, se olvidaron de los motivos… Un abrazo.

Jesús Beades dijo...

En mi caso, directamente pregunto ¿cuánto pagan?, dándolo por sentado. Todavía no consigo evitar la perplejidad cuando, hablando de los conciertos con mi grupo, algún despistado me pregunta "...¿y os pagan?" Al verme la cara, suelen reaccionar sólos: "Claro, claro..."

Hace unos años me pasó con la típica "piadosa" que, como hace "una buena labor" con estudiantes de secundaria de un colegio religioso, pretendía que fuera sin cobrarles, casi dando por sentado que es lo que yo tenía que hacer como buen cristiano. La mandé, como dirían los Chanclas, "a por tónica". Es el modo de encararlo, por parte del que pide, el que normalmente el que inclina la balanza. Por supuesto que hemos hecho cosas, muchas, "gratis et amore". Pero las que nos da la gana.

Anónimo dijo...

¡Dios mío, voy descubriendo que los escritores son bastante complicados! Por si acaso, creo que no le invitaría a hablar a mis alumnos, no vaya a ser que les exija dinero violentamente. Un profesor

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Sí, profesor, mejor no invite a un desconocido al que no tiene derecho a pedirle nada, no sea que un vecino le pida a usted que le dé clases particulares a su hijo (gratuitamente, por supuesto). Fíjese que para evitar hipocresías, antepuse la pregunta sobre el dinero al resto de cuestiones sobre las que también necesitaba estar informado, en vez de colarla de matute al final. En cualquier caso, no es la primera vez que sucede que ante la mera posibilidad de tener que remunerar el interés desaparezca. Repito: puedo aceptar hablar, escribir o traducir gratis, y lo hago según las circunstancias. Lo violento es invitar a un acto y cuando el invitado pregunta las condiciones dar la callada por respuesta. Creo que falta mucha pedagogía en esto de la dignidad del que escribe, que no es menor que la del que cocina, sirve, pinta, cura o enseña.

Carmen Garrido Ortiz dijo...

Menos mal que encuentro a alguien que piensa así.
No me importa "enfrentarme" a cualquier toro...Pero los institutos, esos niños...Mis padres son profesores y he visto cada cosa. L aprimera vez que di una charla ante alumnos de la ESO, estuvo muy bien, claro que la profesora era mi mejor amiga y los tuvo a raya. Ahora ha llegado la moda de recitar poesía en institutos. El último: una criatura comiendo chicle y haciendo pompitas; otro con la pierna encima de la mesa; otra haciéndose trencitas; dos pasándose notitas. Y yo recitando un poema dedicado a Ajmátova y hablando de Brodski. Me sentí totalmente ridícula. Ni pagado. Que ya tengo una edad y una dignidad. Que se creen que escribir es como hacer chuletas de cordero. Somos profesionales. Ya es hora de no "prostituirse".
Carmen GARRIDO

Anónimo dijo...

Querida Carmen:
Menos mal que me ha avisado de los peligros en los que vivimos los inconscientes profesores.
Mejor "prostituirse" en los exquisitos circuitos, subvencionados, que organiza la Consejería de Cultura.
¿Les dice algo la foto de Miguel Hernández letendo en los años treinta en medio de una calle?