domingo, 30 de mayo de 2010

LAS NAVES ANTES DEL NAUFRAGIO


Publicaba ayer la prensa unas declaraciones de John Richardson, biógrafo de Pablo Picasso, acerca de un intento frustrado por parte de las autoridades de Franco de que el pintor expusiera en España en 1956. Y se repite lo que Richardson ya había resaltado en sus interesantes declaraciones a ABC hace un año: que invitado por José Antonio Primo de Rivera, Picasso almorzó con éste en San Sebastián en 1934.

Richardson lo cuenta, efectivamente, en el tercer tomo en su biografía del malagueño, pero ya antes lo había narrado Ernesto Giménez Caballero en Memorias de un dictador:

"Otro bello recuerdo de José Antonio fue cuando en San Sebastián le presenté a Pablo Picasso. José Antonio cuando iba a la capital donostiarra se alojaba en el Continental, ahora desaparecido. Picasso se nos lamentó de que la República no pudiera organizar una Exposición de sus cuadros en Madrid, porque según el Comisario de Arte no tenían dinero para el seguro de las telas, pero que si le parecía suficiente hubieran puesto unas parejas de la Guardia Civil por la vía del tren. Echándose a reír Picasso con toda su alma. A lo que José Antonio le brindó esta promesa: “Algún día pondremos para recibirle una guardia nuestra, pero como honor, y tras haber asegurado su pintura.” Estábamos en el Náutico, construido por nuestro camarada Aizpurúa, uno de los primeros fusilados cuando la Revolución. Picasso nos invitó a unas copas y dijo así: “El único político español que habló de mí elogiosamente como gloria nacional en su artículo publicado en Norteamérica fue su padre el General Primo de Rivera.”

José Manuel Aizpurúa, frecuentador de la Residencia de Estudiantes y amigo de García Lorca y de Picasso, fue uno de los más importantes arquitectos españoles del primer tercio del siglo XX, y si no digo de la primera mitad, o aún más, incluso, fue porque, sin juicio previo, y sacado de la cárcel de Ondarreta, lo asesinaron por su militancia falangista en septiembre de 1936. No fue el arquitecto nacionalista vasco, pese a su apellido, Aixpurúa, sino, cosa bien distinta, “arquitecto racionalista vasco”; es decir, un gran exponente del racionalismo arquitectónico y no del nacionalismo demoledor y de derribos.

Fue Aizpurúa quien diseñó con aspecto de yate el Club Náutico de San Sebastián junto con su socio Joaquín Labayen. También fundó, en la calle del Ángel del casco viejo donostiarra, el club GU (“Nosotros” en vascuence), cuyo interior imitaba también el interior de un barco. El arquitecto Olsagasti dijo de este lugar de reuniones que “era mitad cultural y gastronómico, donde un poco al modo de los “Maestros Cantores” he visto polemizar sin violencia, a pesar de la tensión de los años treinta, a Picasso con José Antonio Primo de Rivera, a Pío Baroja y su hermano Ricardo con Rafael Sánchez Mazas y a otros muchos en tertulias y cenas inolvidables.

Fue precisamente Sánchez Mazas, el protagonista de Soldados de Salamina, quien inauguró el púlpito para los oradores, que en GU, de vocación tan marinera, tenía la apariencia de una torre de vigía de un buque. Aunque había no pocos falangistas y gentes cercanas entre los socios (uno de ellos, el maestro Tellería, compositor de la música del “Cara al sol”), el lugar era un recinto de intercambio de ideas, y genuinamente plural. Por allí pasaron también Max Aub y Picasso, y Federico García Lorca, que recitó el Romancero gitano. La música no faltó tampoco, y dieron recitales el propio Tellería o Regino Sainz de la Maza. Parece ser que José Antonio cenó allí una o dos veces.

Según Gecé (ya se sabe, Giménez Caballero) en Arte y Estado, él mismo “y otros artistas, todos fascistas” descubrieron en el verano de 1934 a Picasso, que estaba recorriendo España, y lo llevaron a la inauguración de GU. Existe una fotografía de Jesús Olasagasti con Picasso en el Club Náutico de San Sebastián fechada en 1935. Se ha escrito además que Picasso invitó al vasco a exponer con él en París, aunque no hay prueba de ello. Lo que sí está demostrado es que al estallar la Guerra Civil Olasagasti, se afilió a Falange y marchó voluntario al frente, lo que no le impidió participar en el pabellón republicano de la Exposición de París de 1937: sí, donde se pudo ver por primera vez el “Guernica”. Olasagasti ilustró, entre otros libros, El almendro y la espada, de Agustín de Foxá.

Aizpurúa, Delegado Nacional de Prensa y propaganda de Falange Española de las J.O.N.S., diseñó por encargo de José Antonio el periódico Arriba. Aunque muchos no quisieran saber de su existencia, hay una célebre mención de Gabriel Celaya a la amistad entre Federico Garía Lorca y José Antonio:

-Es como José Antonio Primo de Rivera. Otro buen chico. ¿Sabes que todos los viernes ceno con él? Pues te lo digo. Solemos ir juntos en un taxi con las cortinillas bajadas, porque ni a él le conviene que le vean conmigo ni a mí me convine que me vean con él.

Federico se reía. Creía que aquello no era más que una travesura de niños. No veía nada detrás."

¿Pero a quién se refiere Celaya cuando habla de ese otro que es como el joven Primo de Rivera? Leamos las líneas anteriores de Poesía y verdad, libro que Celaya publicó en 1979 y lo descubriremos:

"Aquel 8 de marzo de 1936 a que me vengo refiriendo, último día en que disfruté de Federico…, él me citó por teléfono en el Hotel Biarritz de San Sebastián, donde paraba. Mi sorpresa, cuando llegué allí, fue que Federico había citado también a José Manuel Aizpúrua. Faltó poco para que rasgara mis vestiduras porque siempre he pecado de violento y entonces, además, era joven. Compréndanlo. José Manuel Aizpúrua era un arquitecto muy avanzado e inteligente. A su iniciativa se debió que una ciudad tan obtusa como mi San Sebastián se montaran exposiciones con Picassos, Mirós, Picabias, Max Ernst, etc. Era, además, todo hay que decirlo, un gran propulsor de la nueva poesía, y, en general, como se decía en aquellos tiempos "un vanguardista". Pero también era el fundador de la Falange de San Sebastián, y yo le había negado el saludo, aunque nos conocíamos desde niños.

Federico le hablaba a José Manuel, me hablaba a mí, y los dos le contestábamos, pero no conseguía que José Manuel y yo nos habláramos. ¿Por qué? Porque la guerra civil estaba ya latente. Pero Federico no lo entendía: "Los dos sois amigos míos". Era inútil. Había algo que no marchaba (…) Aquel día cuando se marchó Aizpúrua, Federico me dijo algo terrible que nunca me he atrevido a contar. Terrible pero a la vez hermoso porque demuestra con que inocencia caminó hacia su muerte… Me preguntaba Federico por qué yo no había querido saludar a José Manuel Aizpúrua, y por qué, entre los dos, le habíamos creado una situación absurdamente tensa. Yo trataba de explicárselo con frenesí, quizá con sectarismo, y él, incidiendo en lo humano, trataba de explicarme que Aizpúrua era un buen chico, que tenía una gran sensibilidad, que era muy inteligente, que admiraba mis poemas, etc. Hasta que al fin, ante mi cada vez más violenta cerrazón, reaccionó, o quizá quiso que abriera los ojos de sorpresa, con la confesión de lo terrible:”

Y aquí viene lo de la mencionada amistad entre Lorca y José Antonio, que a pesar de la frase del primero, quizá exagerada, más hay que entender como una corriente de simpatía mutua. Pero esta entrada ya es muy larga y eso lo dejaré para otro día. Baste aquí confirmar que, antes del general naufragio, Picasso y José Antonio comieron juntos en el yate de hormigón que proyectó en San Sebastián José Manuel Aizpurúa. La mar aún estaba en relativa calma.

1 comentario:

Hiparco dijo...

Y mucho mas tarde Luis Rosales en una entrevista televisiva diría que tras la muerte de G. L. jamás creería en la política ni en la sociedad, porque alguien que no representaba nada ( aquel ex-diputado de la CEDA no admitido en Falange)ocasionó con su denuncia la muerte de aquel amigo y genio.