miércoles, 2 de junio de 2010

La escoria de la sociedad



No, no me refiero a los hatajos de niñatos que todas las tardes de los fines de semana se ponen a parlotear y a dar palmadas como simios debajo de mi casa; ni tampoco al impresentable que tira por la ventanilla del coche el paquete vacío de tabaco. Detestables como son, no me refiero a ellos.

A lo que me refiero es a la gentuza que en la City de Londres y en Wall Street, y en otros cubiles similares aunque de menor importancia, juegan con su vida de usted y con la mía: a los prestamistas y usureros de los que Lehman Brothers y Madoff son sólo la cara visible. A los especuladores que nos han metido en este círculo vicioso por el cual, como no se confía en cobrar las pensiones el día de mañana, gentes honradas y sumisas contratan (contratamos) planes de pensiones con los que se alimenta la bestia en los parqués (yo les llamaría los porqués, pues aún me tienen que convencer de la necesidad de su existencia), y así con la engañifa de la deuda y la Bolsa provocan la crisis capitalista por la que, efectivamente, se demuestra que hace falta un plan de pensiones privado, cómo no, porque las pensiones públicas se congelan (y ya veremos cómo se reducen).

Ezra Pound se equivocó al poner el énfasis en los judíos, como si algunos de los más prósperos de entre ellos fueran los únicos culpables, pero casi un siglo después de que comenzara a denunciar el timo de la estampita en que se ha convertido el sistema financiero su veredicto sigue siendo certero: la usura nos condena a la ruina.

Por eso es particularmente risible una cadena televisiva (y de radio, pero ahí esto no se ve, claro) que tiene como logotipo al toro de Merryl Lynch que se puede ver en Wall Street junto a la Bolsa de Nueva York. Presumen de valores tradicionales y familiares pero son devotos de ese becerro de oro y de la economía de los mercados. Y éstos, ya sabemos, hace mucho que han dejado de ser lugares donde se intercambian manzanas y telas, útiles y especias, para ser mercados del dinero.

Y al otro lado, los ineptos, derrochadores e iluminados que han dilapidado la economía de la nación y han favorecido que a usted, funcionario, le recorten el sueldo. Y a los mayores los dejen helados con las pensiones. Pero a la escoria de la sociedad, ni tocarla. Faltaría más.






6 comentarios:

Antonio Serrano Cueto dijo...

Quizás nunca ha sido tan descarado como en estos días, Antonio. Por mucho menos se han hecho revoluciones.

José María JURADO dijo...

Es la verdad, with usura...
Yo no creo en la bolsa.
¡Cómo pueden cambiar de precio los medios de producción en una tarde!
En fin, no vaya a ser que me metan en la jaula.
Claro que tampoco es esto radio Roma.
Pero todo se andará.

Sara dijo...

"La escoria de la sociedad", no hay expresión más perfecta para referirse a esa gentuza. Ésta es una crisis de lo más siniestra: mientras que millones de ciudadanos de todo el mundo sufren sus consecuencias (para algunos un golpe terriblemente despiadado) los culpables no sólo permanecen impunes sino que se niegan a aceptar cualquier grado de responsabilidad. Hace unos cuantos domingos, escuchando un programa de la BBC radio 4, no podía dar crédito a mis oídos cuando en entrevista tras entrevista con estos individuos la frase más machacada era: "nosotros no nos sentimos culpables de nada, ya que no hemos violado ninguna ley". Probablemente tengan razón en eso de que no han hecho nada "ilegal" en el sentido literal del término (gracias al credo neoliberal, que se empecinó en deshacerse de esas leyes) pero lo más sorprendente para mí es la ética de esta gente - una ética en la que el sentido del bien y del mal vienen dictados por leyes explícitas más que por un sentido moral de la responsabilidad personal..."La escoria de la sociedad": nunca mejor dicho, Antonio.
Un abrazo.

Juan Manuel Macías dijo...

Sí señor. Totalmente de acuerdo.
Un abrazo.

Olga B. dijo...

La escoria siempre a salvo; la culpa, los salarios de los trabajadores, siempre. Hay mucha gente que tiene la costumbre de trabajar para vivir y se puede echar mano de esa cosa visible (e imposible de esconder) que se llama nómina. Y a callar, que hay mucho paro. Y las pensiones... qué es eso de no morirse cuando ya no se puede trabajar ni se tiene fortuna propia (porque sólo te has dedicado a trabajar). Ni hablar, esas costumbres hay que ir cambiándolas. A todo el que no tenga un plan de pensiones privado se le apuntará un día en una lista... y miedo me da lo que harán con ella.
Da igual, según los Mayas el mundo se va a acabar en el 2012 asi que, sea lo que sea lo que tengan planeado, no les va a dar tiempo. Que se j...

José Luis Piquero dijo...

Firmo tu comentario. Muy bueno. Un abrazo.