viernes, 11 de junio de 2010

La fuente de la Odisea




Texto escrito para la hoja volandera en que se celebra el Bloomsday 2010 en Sevilla:

LA FUENTE DE LA ODISEA

Sucedió a mediados de 2010, un 16 de junio. El poeta hiberno-helénico Homero, seudónimo de Seán Patrick O’Meara, fue uno de los muchos que padecieron en primera persona los recortes en asistencia social a los que abocó la crisis económica en Grecia y, congelada su magra pensión de publicista, no tuvo más remedio que volver a escribir. Dada su ceguera, emprendió la reelaboración, esta vez de memoria y en verso, ese alado aliado de la mnemotecnia, de una larga narración que recordaba haber leído en su juventud. Su autor, el irlandés James Joyce, pertenecía, como aquél en que menguaba su jubilación, al grupo de países conocidos como PIGS, acrónimo inglés de los más perjudicados por la debacle: Portugal, Irlanda, Grecia y España. Ello le llevó a introducir como guiño un capítulo en que los compañeros del protagonista eran convertidos en cerdos, lo que no deja de ser una gamberrada y un irreverente guiño, pues es sabido que Leopold Bloom, modelo de su personaje, pertenece a la raza hebraica, para la cual el porcino es un animal impuro. Algún exégeta ha escrito que haciendo esto Homero, gran posmodernista, quería significar el carácter efectivamente impuro, híbrido, de su obra. No se ha dicho nunca hasta ahora, sin embargo, que también lo hizo como homenaje a los gorrinos que aparecen, confundidos con humanos, en La boca pobre, novela de uno de los celebrantes del primer Bloomsday en 1954: Flann O’Brien

Si Joyce narra un día en la vida de un hombre que recorre Dublín, Homero adaptó la trama y la llevó al Mar Egeo, y ambientó su recreación en Ítaca, esa isla que comparte nombre con el de la localidad del estado de Nueva York donde enseñó Nabokov, en uno de cuyos tribunales el libro joyceano fue prohibido por inmoral en 1922. Al protagonista, Leopold, lo convirtió en Odiseo; a Molly en Penélope; a Stephen en Telémaco.

La crisis era tan profunda en Grecia que O’Meara apenas obtuvo rédito económico de su obra, y sólo una relativa gloria, más basada en el prestigio que en la lectura. Como por otra parte había sucedido siempre, ay, con su medio paisano Joyce.

2 comentarios:

Innisfree dijo...

Genial. Antonio, este año estás inspiradísimo a cuenta del Bloomsday. Todo un regalo para los seguidores joyceanos e hibernófilos en general.
Sláinte!!!
Chesús

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Gracias por los piropos, Chesús. ¿Cómo no inspirarse con semejantes escritores? Sláinte!