martes, 1 de junio de 2010

Urbi et Orbi (II)


Trasladémonos ahora a la otra punta del norte peninsular. Son conocidos los lazos de diversa índole entre Galicia e Irlanda (Breogán, los poemas de inspiración ossiánica de Pondal, la música), y no nos vamos a extender sobre ellos. Por lo que aquí respecta, en la revista Nós, de 1920 a 1935, Irlanda es un continuo referente, y Joyce, para los literatos, una referencia inexcusable. Así se ve la atención que le dispensan Vicente Risco o Ramón Otero Pedrayo, que tradujo fragmentos de Ulises al gallego antes de que alguien se tomara la molestia de traducirlo al español (o al catalán). Risco es autor de un relato “Dedalus en Compostela” (1929); la misma ciudad del apóstol es eco de Dublín, del Dublín de Joyce, en Devalar, novela que Otero Pedrayo publicó en 1935. Autores posteriores, como Manuel Rivas o Suso de Toro no tienen rebozo en reconocer el influjo del dublinés. Por su parte, Darío Villanueva ha puesto muy detallada y convincentemente en relación a Valle-Inclán con Joyce, y “percibida esta completa gama de concomitancias vitales y estéticas ya no nos puede resultar tan increíble el milagro de la intensa hermandad que existe entre Ulises y Luces de bohemia”. ¿Y quién puede negar las concomitancias entre Gonzalo Torrente Ballester, y especialmente La saga/fuga de J.B., con Joyce y Ulises?

Pero ni Trieste, ni Zurich, ni París. Tampoco Barcelona o Santiago. La verdadera ciudad joyceana fuera de la isla de Irlanda está mucho más al sur, a unos doscientos kilómetros del Gibraltar de Molly. Y es que son tantas las cosas que comparten Sevilla y Dublín que enumerarlas todas requeriría, por lo menos, la extensión de uno de los capítulos más largos del Ulises. Por citar algunas, de momento, y ya que ha salido el héroe griego a la palestra, se puede afirmar que éste, o al menos su nombre latino retomado por James Joyce, tiene en el Dublín de hoy (no así en el de hace unas décadas) la importancia que el romano Hércules tuvo un día en Híspalis, donde quedan enhiestas sus ciclópeas columnas. Por su parte, la de Nelson en Dublín, que estaba al pie del O’Connell Bridge y fue obra del mismo arquitecto que hizo la famosa oficina central de correos, la GPO, fue volada por los republicanos hace ese mismo número de décadas como respuesta al invasor inglés que aún sienta sus reales –sus forces of the Crown en las baladas de rebeldes irlandesas– junto a esas otras columnas de Hércules del estrecho de Gibraltar y su Calle Real, de donde, sí era, sí, Molly Bloom, sí. ¿Y quien puede negar que el lugar donde estas columnas sevillanas se alzan, la Alameda, sería la Nighttown de Joyce, hasta ayer mismo lugar de mal vivir y mancebías abiertas a la noche?

En ese capítulo sobre la ciudad nocturna, Joyce hace a Bloom chapurrear un español de pena, en el que no sólo están mal acentos y signos de puntuación sino también la concordancia, un tanto ebria: Buenos noches, señorita Blanca, que calle es esta? Lo cual ya quedó denunciado por Flann O’Brien, alias Myles na Gopaleen, en su artículo del Bloomsday de 1954, quien no benévolamente señaló que todos los usos que hace Joyce de lenguas extranjeras, ay, tienen errores. ¿Pero quién no los comete? Borges llegó a escribir el nombre de Nora, la mujer de Joyce como Norah, tal vez pensando en su propia hermana. Y cuando habla de Liam O’Flaherty, natural de Inis Mór, en las Islas Aran, dice, pensando en el documental de Robert Flaherty Men of Aran, que aquél es “un hombre de Arran” (ésta es isla de Escocia, no de Irlanda). El mismo error, pero en sentido inverso, cometió el poeta y benemérito traductor Marià Manent, quien en su antología La poesía irlandesa titula un poema “La isla de Aran”, cuando en realidad éste se refiere a la de Arran, como es palmario en su fuente, una traducción al inglés de Kuno Meyer.


(Continuará)

6 comentarios:

Innisfree dijo...

Espero que a este artículo le queden muchas más entregas por publicar. Es genial.
Por cierto, hablando de errores en lenguas ajenas, recuerdo que Ramón J. Sender, creo que en 'Mr. Witt en el cantón', escribió God shave the King para referirse al himno británico. Sí, shave con h. ¡Ni a los Sex Pistols se les ocurrió semejante desprecio a la Corona! Poner a Dios a afeitar al Rey. Jajajaja...

Sara dijo...

¿Qué comparten las ciudades de Sevilla y Dublín? Me he hecho (o me han hecho) esta pregunta en no pocas ocasiones, y hasta ahora mi respuesta siempre ha sido rotunda: "Nada, o al menos nada interesante que resaltar" (quizás enumerar disparidades también requeriría páginas y páginas!). Pero al fin y al cabo ¿eso qué más da? Lo importante es que encontrar puntos en común es un reto enorme que solamente un gran maestro en el arte de la Retórica es capaz de cumplir. Ya verás, al final vas a terminar convenciéndome del todo! ;)

Anónimo dijo...

"In Dublin fair city ...Molly Mallone"
los irlandeses son los más latinos del nortHe!

Shannon

Alfredo J. Ramos dijo...

Y en la estela gallega del Ulises, ¿no podría incluirse A esmorga, la novela de Blanco Amor, que el año pasado cumplió su primer medio siglo, también peripatética e igualmente abocada a un preciso universo urbano? Gracias a ella, además, las calles de Ourense se asemejan en algo a las de Dublín: ambas se han vuelto más transitables de mano de la literatura.

Para Innisfree: el desprecio hubiera sido aún mayor si un nuevo desliz en la segunda parte de la frase no hubiera puesto a salvo el honor cutáneo de su Graciosa Majestad... The Queen.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Gracias por los comentarios a los tres. Y Alfredo, me apunto lo de "A esmorga". Muy bueno lo de Dios afeite a la Reina.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Donde decía tres, quise decir cuatro, naturalmente.