jueves, 3 de junio de 2010

Urbi et Orbi (III)


Pero dejemos al alemán, al catalán, al argentino. El dublinés puente de O’Connell (transmutado en la sevillana calle O’Donnell) nos lleva por San Pablo y Reyes Católicos a Triana, que es en su mismo nombre un legado céltico que perdura a través de los siglos (la etimología
Trí Abhann, “Entre ríos”, define la geografía primitiva de este barrio extramuros). El Guadalquivir, cómo no, es el Liffey, partiendo en dos la ciudad. En Finnegans Wake, James Aloysius Joyce deforma el nombre y lo hace ser Gaudyquivery, algo así como “llamativo y trémulo.” Efectivamente, el río de Sevilla, Río Grande en árabe –qué hermoso homenaje a la filmografía del irlandés John Ford, de verdadero nombre Seán Aloysius (como Joyce) O’Fearna–, se muestra así, tembloroso y chillón, cuando espejean en él las luces de los neones del restaurante homónimo y las de anuncios de, si no me falla la memoria, Tío Pepe o, mejor, más irlandesamente, Fino San Patricio (la palabra “fino” siempre me recuerda no sólo al héroe Finn Mac Cool, sino también a la palabra gaélica fíon, vino).

Por las mismas fechas de la famosa expedición vikinga que remontó el río de Sevilla, cuando los habitantes de entonces se retiraron al Aljarafe y los escandinavos estuvieron de parranda, borrachos durante tres días antes de irse con su música bárbara a otra parte, los hombres del norte fundaron, allí para quedarse y mezclarse con los nativos, la ciudad de Dublín. Como Triana, la capital de Irlanda también conserva su nombre acuático y céltico: Dubh linn (“Laguna negra”), que no hay que confundir, aunque casi lo refleje, con leann dubh (“cerveza negra”), el líquido que de verdad la ha hecho famosa bajo la ya universalmente ubicua advocación de Guinness.
Y yendo más atrás, aún antes de árabes huidizos y empujadores vikingos, los celtas de Irlanda alumbraron su Alta Edad Media con el faro de las
Etimologías del visigodo Isidoro de Sevilla. Cumbre de la sabiduría de la época, un manuscrito de ellas, tan apreciadas eran, fue canjeado por otro, en la actualidad perdido, de la epopeya nacional Táin Bó Cuailnge, esa que trasvasó bajo una pátina posromántica Lady Gregory, de tanta influencia en Yeats. Hoy resulta difícil exagerar la importancia que el santo hispalense tuvo para la transmisión del saber antiguo, pero no es posible abrir un libro sobre la literatura y la historia irlandesas entre los siglos VII y XI sin que salga a bendecirnos su nombre. La iconografía lo pinta de guisa apenas distinguible de la muy venerable también de San Patricio, el patrón de Irlanda.

Con la huida de los nobles católicos conocida como The Flight of the Earls, a principios del siglo XVII, se intensificó la relación entre ambos países, España e Irlanda. Bajo la terrible persecución alentada por Cromwell se encuentran episodios como la matanza del padre John Murphy (que se preparó como sacerdote en la actual Casa de la Santa Caridad, de Sevilla, entonces seminario), a quien se descuartiza, ofreciéndose los trozos de su carne a un vecino católico “para que los comiera”. Un monumento conmemorativo se halla en la actualidad en las cercanías de Westford, lugar de su martirio. En Sevilla existió en los siglos XVII y XVIII un Colegio de los Irlandeses, en el que se prepararon para ser misioneros numerosos jóvenes irlandeses. Este Colegio se fundó en 1611, en lo que hoy es la calle de Jesús del Gran Poder. Cinco años después, el Colegio “cayó” en poder de los jesuitas. Del Colegio de Santo Tomás fue rector Dominic Lynch, un fraile dominico de Galway, la patria chica de Nora Barnacle. El profesor Martin Murphy ha escrito que “antes de tomar posesión de este puesto un dominico de su convento tuvo que ir desde Sevilla a Galway para consultar su genealogía y comprobar su limpieza de sangre”.

Y en Sevilla, también, nació Nicolás Wiseman, primer cardenal arzobispo de Westminster, hijo de James Wiseman y Mariana O’Donoghue (ah, este apellido que evoca irremediablemente el del célebre pub de Baggot Street, donde empezaron a tocar The Dubliners, y que da título a una joya del repertorio último de Planxty, aún no grabada en disco y que causó furor entre el público de sus recientes conciertos en el Barbican Centre de Londres).


(Continuará)

4 comentarios:

Sara dijo...

Un seanchaí de pura cepa ¡y no en Cheathrú Rua, sino en Sevilla! No creo que exista español más irlandés que tú mismo...;)

Anónimo dijo...

¡ya viste el museo de la "famine"?

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Donde se ponga el barrio del Arenal que se quite an Ceathrú Rua! Por cierto, Sara, ¿qué es el Arenal sino Sandymount?

Antonio Rivero Taravillo dijo...

No he visto el museo de la Hambruna, pero sí he seguido por la prensa la inauguración del monumento, en la que no se presentó ningún representante británico. Fue el mayor genocidio europeo en el siglo XIX.