domingo, 6 de junio de 2010

Urbi et Orbi (IV)

Cartel del Bloomsday 2003 en Sevilla


Sevilla aparece, así tal cual en español (no con la forma anglosajona Seville), en el Libro 2, capítulo 1 de Finnegans Wake, y, naturalizada, está presente en el callejero dublinés: Seville Place, al norte del Liffey, de donde toman su título las memorias de infancia y juventud de Peter Sheridan (hermano de Niall, el cineasta): 44, Seville Place, recientemente publicadas también en español. Naturalmente, Seville Place toma su nombre de Sevilla, o más concretamente de la toma de Sevilla por el ejército británico en lo que los anglosajones llaman Guerra Peninsular, en 1812. A esta guerra nosotros la conocemos como Guerra de Independencia, que libramos contra Napoleón. Contra Napoleón fueron también levantadas las torres Martello, unas fortificaciones desparramadas por el litoral de Inglaterra e Irlanda, la más famosa de las cuales es hoy, gracias a Joyce, la de Sandycove, al sur de Dublín, donde principia Ulises (esta torre es protagonista mudo, junto con la playa del Forty Foot, de la excelente novela At Swim, Two Boys, de Jamie O’Neill, que homenajea por igual a Joyce y a Flann O’Brien, y que ha sido, cómo no, traducida al español por un sevillano).

Seville Place es una calle importante del norte de la capital dublinesa, y en ella está la iglesia de San Lorenzo O’Toole, donde en 1910 se fundó una banda de música, no exactamente procesional como la que uno esperaría oír en la sevillana Plaza de San Lorenzo en la que radica el templo del Gran Poder, a escasos metros de donde estuvo el desaparecido Colegio de los Irlandeses. En aquella reunión fundacional estuvieron presentes destacadísimos participantes en el Levantamiento de Pascua de 1916: Pádraig Pearse (pedagogo visionario, poeta y narrador), Thomas Clarke, Sean McDermott, Arthur Griffith, Douglas Hyde (que llegaría a ser el primer Presidente de Irlanda), y Seán O’Casey, ahí es nada. La banda participó en los diferentes avatares de la convulsa historia irlandesa del primer cuarto del siglo XX: la Huelga General de 1913, el Levantamiento de Pascua de 1916, la Guerra Civil... Incluso llegó a tocar en los funerales de no pocos dirigentes nacionalistas, entre los que destaca Michael Collins.
Si Sevilla tiene un sitio en Dublín, desde hace más de veinte años Dublín, o al menos el Dublín de Joyce, no ha dejado de estar presente en la vida cultural de Sevilla. El catedrático Francisco García Tortosa ha transmitido su entusiasmo a sucesivas promociones de estudiantes, no pocos de ellos luego profesores, que han producido un puñado de tesis doctorales y algunos libros publicados por la Universidad de Sevilla (y no sólo sobre
Ulises; también sobre Finnegans Wake). En marzo de 1982 se celebró en Sevilla un Simposio Internacional en el centenario del nacimiento de James Joyce, al que asistió Richard Ellmann,
y en 1994 se celebró igualmente en la ciudad el decimocuarto Simposio Internacional James Joyce. Coincidiendo con él, el Teatro de la Maestranza acogió un concierto titulado “James Joyce y la música”. Además, en 1990 se fundó, cómo no, en Sevilla, la Spanish James Joyce Society.

El último homenaje de Tortosa a Joyce, tras dar a la imprenta una recreación del capitulo de Finnegans Wake “Anna Livia Plurabelle” vertida por él mismo, Ricardo Navarrete y José María Tejedor, ha sido la nueva traducción de la gran obra ambientada en un único día, un día único, de junio de 1904. Al destino, caprichoso urdidor de enredos, le gustan los paralelismos y los ecos: como el libro publicado en 1922, la edición de Tortosa también fue, nada más salir, un tiempo secuestrada por el celo perseguidor de la Justicia (en este caso instigada por un quisquilloso nieto de Joyce). En su traducción, Tortosa contó con la colaboración de María Luisa Venegas, profesora de la universidad hispalense. Otra paisana, María Ángeles Conde, le ha enmendado la plana nada más y nada menos que a Dámaso Alonso y su traducción del Retrato del artista adolescente (que al menos, como título, suena bien, muy bien, porque es un perfecto endecasílabo). Conde no logra publicar su propia traducción porque el prestigio de la otra pesa mucho. Alonso, como se recordará, fue autor en nuestra posguerra de un libro tan virulentamente irlandés como Hijos de la IRA.

Dámaso Alonso formó también parte de ese grupo de poetas que en diciembre de 1927 rindió homenaje en el Ateneo sevillano a Góngora. Pocas semanas antes pasó por la ciudad el más grande poeta irlandés de esa y tal vez toda época: William Butler Yeats. Yeats, aquejado de un mal pulmonar, y procedente de Algeciras (ciudad que aparece citada en la postrer página de Ulises), se quedó unos días en Sevilla. Pero el hotel era gélido y, sin calefacción, el poeta empeoró, llegando en sus alucinaciones a creer que, en vez de en Sevilla, estaba en Siena. De aquellos poetas del veintisiete, Cernuda, a quien uno querría imaginar en un encuentro con Yeats por las calles de la ciudad, llegaría a ocuparse años más tarde de él, en ensayos y alguna traducción.


(Continuará)

No hay comentarios: