sábado, 10 de julio de 2010

Escrito hace unos días


NOCHES EN LOS JARDINES DEL ALCÁZAR

Antes de medianoche, en el instante en que acostumbran

a cosquillear el cielo los fuegos de artificio,

plumeros que sacuden ese polvo de estrellas,

en coro se cimbrean las palmeras al compás de la música,

manojos de una dádiva altiva.


Verde y naranja sobre los focos,

contra la recién nacida oscuridad de principios de estío,

canto y contracanto,

acanto y cantería.


Las murallas son el cinto de una hurí

traspasada de salvia y de jazmines.

5 comentarios:

Sara dijo...

Qué brujo eres, Antonio. Este poema es pura magia- consigue intoxicar incluso al que no ha estado nunca allí. Yo he vivido el hechizo de esas noches en Los Jardines del Alcázar (ahora creo oler el perfume de los jazmines y escuchar de nuevo esa música andalusí). Pero eso qué más da... esta noche no para de diluviar por toda Irlanda, pero este poema me ha hecho feliz! :)

Olga B. dijo...

Pues sí, un tono brujo tienes... y yo me fui de Sevilla sin ver los jardines, a pesar de tu consejo (cosas del tiempo que no tenemos)aunque vi las murallas, un poco de ese "cinto de una hurí traspasada de salvia y de jazmines" .
No quedará más remedio que volver;-)
Aquí es peor que en la Irlanda de Sara, con el calor y los grillos, todo "intoxica" mucho más...
Qué bonito.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Brujos, el lugar y la noche, amigas. Mira que te lo dije, Olga: visita imprescindible. Otra vez será. Y Sara: bruja, la imaginación: esa lluvia blanca es de jazmines. Te lo digo yo.

Juan Manuel Macías dijo...

...Y vaya dístico el del final!
Se merece una pinta de la marca innombrable y a Maureen O' Hara disfrazada de Hurí sevillano-gaélica.

Enhorabuena y abrazos.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Venga esa cerveza, Juan Manuel. No sabes tú bien cuánto has acertado. El concierto era de música celta. Abrazos.