domingo, 18 de julio de 2010

Fervor de Buenos Aires




En 1999 se publicó Las ciudades del hombre (Llibros del Pexe), mi primer libro de estampas viajeras, hoy agotado. Allí, esta viñeta bonaerense, que roba título a Borges y comienza:

Un país que así se abría al mar, como la pantalla de televisión mostraba en un reportaje, con estrechos y montes como aquéllos, desolación de Tierra del Fuego y su imagen hiperbórea aunque del Atlántico Sur, tenía una belleza que traslucía la geografía física y se adentraba en las regiones del mito y la psicología. Su capital tenía también un prestigio literario de ciudad europea, tal vez la más culta del hemisferio, y era un punto al que mirar con nostalgia y esperanza, ambas aun tiempo.
Cuando los de mi edad escuchaban a grupos y cantantes a los que hoy todo el mundo ha olvidado, yo escuchaba a Gardel. Lo argentino dio un golpe de estado incruento en mi corazón, y todo lo suyo me tomó hasta llegar a puntos poco confesables si he de evitar el ridículo. El joven del que este adulto escribe ahora, distanciado, apelmazaba su pelo con fijador y alguna brillantina, y fumaba (sin hacerlo a pecho, sólo por el gesto) cigarrillos sin boquilla de una marca que identificaba con los años treinta y películas olvidadas de Errol Flynn -en su papel de glorioso piloto de la RAF-, o Carlos Gardel -estrellado en un accidente de avión en Medellín-.

(...)

2 comentarios:

Mery dijo...

La juventud, siempre en busca de referentes con los que edificar y reafirmar su personalidad.
Algunos son fervorosos, como el tuyo bonaerense.
Un beso

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Continuaré añadiendo líneas sobre Buenos Aires cuando tenga menos sueño. Me alegar verte de nuevo por aquí. Un beso.