domingo, 8 de agosto de 2010

El espacio es oro


Como anunciaba, ayer sábado El Mundo publicaba en su edición de Sevilla el primero de mis artículos para ese periódico. Como no quise que me despidieran a la primera por hablar sólo de Irlanda, me ceñí a tema sevillano (para despistar). Los lectores hibernófilos pueden dar por seguro que cuando hablaba del tranvía tenía en mente el Luas dublinés, frente a Stephen's Green o atravesando O'Connell Street, lugares adonde cenizas islandesas me impidieron ir esta primavera y en los que últimamente no he dejado de pensar. Aquí lo copio:

COLUMNA DE HÉRCULES


EL ESPACIO ES ORO


Anda la ciudad estos días con el runrún –un motor dejado al ralentí– de la ruina de TUSSAM. 53 millones de euros de pérdidas es un billete muy caro para una Sevilla que parece que está perdiendo ese otro medio de locomoción utópico: el tren del progreso. En esto, como en otros asuntos, la ciudad de las personas se va convirtiendo, cada vez más, en la de los deudores.

Lo más curioso es que la quiebra técnica de la empresa de autobuses municipal, el recorte de líneas, el empobrecimiento del servicio, se produce al tiempo que los usuarios de las líneas de los pueblos comprueban cómo el moverse por la periferia es cada vez más cómodo, con todo tipo de condiciones no soñadas hace unas décadas, desde la habitabilidad de los vehículos a los sistemas integrados de billetes.

Un gran lastre para TUSSAM ha sido la inauguración del metro, no porque éste haya competido con los autobuses, sino justo por lo contrario: porque de un plumazo las paradas de éstos se han alejado del centro. Y lo paradójico es que el tranvía no ha recuperado los viajeros que transportaban aquellas líneas. ¿Recuerda alguien lo concurridas que estaban las paradas de la Plaza Nueva o las de Correos? ¿Ubi sunt sus usuarios? La otra puntilla se le ha clavado por la Encarnación: nunca ha vendido tanto la librería Reguera de Almirante Apodaca como desde el instante en que los autobuses sólo llegan a la Plaza de Ponce de León, allí donde es irreconocible el recuerdo de Cernuda, alumno de los Escolapios.

Cada centímetro que se han alejado las paradas de sus ubicaciones de antaño tiene un coste que, sumado uno tras otro, da esa friolera de millones. Ese espacio perdido para la red de autobuses es un agujero en el bolsillo de TUSSAM. Con una pequeña tasa sobre las motos compradas para capear el servicio deficiente, el Ayuntamiento podría encajar la pérdida.

Lo de Ramón y Cajal no tiene nombre. El derroche de trazar una línea de tranvía en superficie sobre otra del subte (como dicen en Buenos Aires) es de premio.

Aunque aún se puede ir a más en esa dirección: recordando nuestros juguetes de la mañana de Reyes, cabe trazar también líneas de monorraíl sobre las líneas de tranvía que discurran sobre las de metro soterrado. La cuadratura del círculo podría obtenerse si se retoma el preterido proyecto de teleférico para Tomares: un teleférico sobre un monorraíl sobre un tranvía sobre un metro. Lo que no quita para que –todo es ir a más– una línea de helicópteros siga desde la azotea de la futura Torre Pelli sin apartarse un centímetro, pero a superior altura, el recorrido de los anteriores medios de transporte.

3 comentarios:

Gonzalo Gragera dijo...

Me encanta ver su faceta más localista;sin duda un acierto su fichaje en "El Mundo".

Jesús Garrido dijo...

Te felicito por tu andadura en ese diario

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Qué buen estreno, Antonio. Y porque ya no hay dirigibles (ay aquel zepelín al que le cantó el Pali), que, si no...
Enhorabuena.