jueves, 26 de agosto de 2010

Tierra del Fuego



TIERRA DEL FUEGO


Demorada luz que llega

tiempo después de emitirse

-como nos enseñan los astros-,

me ilumina el paisaje

no de hoy, el que vi

una escalofriante tarde en la pantalla

del viejo televisor familiar.


Fiordos y picachos

junto a la nieve austral: la proa

de un buque en el confín del mundo.

Pero no navego este mar, recorro

aguas nutricias, la placenta

de este sueño de ahora.

No es el Canal Beagle, son los pliegues

de un cerebro crecido en el mapa

que levantó la voluntad

de llegar hasta aquí.


Fiel al que fui,

obstinada marea,

me miro en el espejo de estas aguas

como yo oscuras;

heladas, ardientes.

7 comentarios:

Sara dijo...

Una madrugada de hace justo 22 años divisaba las luces de los rascacielos de Manhattan, lejanas, desde un autobús que me llevaba a Filadelfia desde el aeropuerto de Nueva York. Manhattan no entraba en mis planes, al menos esa noche, pero el segundo tramo de mi viaje desde Barcelona había sido cancelado…. Y fue así como vi por primera vez ese lugar tan soñado por mí, saludándome sin avisar desde la ventanilla de un autobús a oscuras, lleno de pasajeros somnolientos y de mal humor. Este poema me devuelve juntos esa imagen y el sueño de esa imagen que nunca supe describir. ‘Demorada luz que llega/tiempo después de emitirse’… Gracias, Antonio.

José María JURADO dijo...

Chapeau!

Olga Bernad dijo...

El viaje siempre es interior, oscuro, helado, ardiente... los pliegues del cerebro son inescrutables, tal vez la poesía sea uno de los mejores vehículos para intentar recorrerlos.
Un beso.

Juan Antonio Millón dijo...

La dirección del viaje nos hace creer que vamos hacia él, hacia el paisaje, pero esto es sólo parte de la verdad, la otra consiste en que el propio paisaje viene hacia nosotros, o intimamente nos reunimos los dos aquí, en ese lugar que no es propiamente paisaje hasta que llegamos a unirnos.
Bellos versos, Antonio, precisas palabras. Retengo éstas:
"No es el Canal Beagle, son los pliegues

de un cerebro crecido en el mapa

que levantó la voluntad

de llegar hasta aquí."

Enhorabuena, por el viaje y por el poema.

Blimunda dijo...

Me ha llegado de modo especial el final, esa obstinación, ese perseverar en lo qué se es aunque sea desde nuestra oscuridad...y ese frío ardiente del alma...

Salud Antonio, un placer leerte.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Pues yo, feliz de que os guste. Gracias por los comentarios. Iré dejando aquí algún que otro poema del viaje a la Argentina.

Gonzalo Gragera dijo...

Sabes que no sólo deseo un nuevo poemario tuyo:lo exijo.