sábado, 23 de octubre de 2010

Innisfree




(...) Pero Innisfree como tal pueblo no existe. Ford lo utilizó como emblema del país de sus padres, y superpuso el cristal de ese nombre al azogue de una aldea verdadera -Cong- que, cosas de la fonética, resulta ser de nombre más evocador de otros títulos fordianos como Mogambo o Hatari! que de lo irlandés añejo.
A Cong se llega por la carretera que bordea al Lough Corrib, y a la derecha, al final de terraplenes y pendientes, comienzan las aguas del lago, salpicado por centenares de ínsulas e insulinas que componen el jaspeado de su superficie, como la piel de uno de esos salmones o truchas en los que es tan abundoso. Alentados por esa prodigalidad acuden muchos pescadores todos los años, y por tal fue tomado el protagonista de El hombre tranquilo al llegar a la región.
Por túneles en la fronda, azul grisáceo entre la gama de los verdes, el coche, matrícula de Roscommon, se conoce el camino como si éste fuera su condado. Lo llevan mis manos, cuyas líneas portan inscritas el destino de la venida a este lugar, demostración palpable de una quiromancia grabada en las arterias y venas que embrazan al corazón que es el volante y su airbag, como la imagen prensil de un anillo de Claddagh bajo la corona mágica de una iluminación celeste. La calzada sombría aun en verano, por el vicioso follaje que la rodea, lleva hasta las primeras casas, en las que ya se adivina la presencia de los personajes de Ford. Las pocas calles llevan ineludiblemente a los mismos sitios: la exigua plaza o ensanche, el pub, la iglesia en la que Sean le ofrece agua bendita a Mary Kate... (o la iglesia en la que siempre queremos recordar que Sean le ofrece agua bendita a Mary Kate). Repaso fotografías de Cong o Innisfree, y me veo de espaldas al bar de Pat Cohan, inalterable rótulo azul, que fue escenario de tantas felicidades de la película, hoy junto a un inoportuno surtidor de Texaco, intruso en el encuadre. (...)


Las ciudades del hombre, Llibros del Pexe, 1999.


3 comentarios:

José María JURADO dijo...

Qué película eterna.

JMGS dijo...

Quiero suponer que el referente de Ford se encuentra también el poema de Yeats sobre Innisfree, pues el viaje/huida a la semilla del protagonista de la película se parece bastante al del yo poético del poema:
Ahora partiré para Innisfree
y una cabaña allí edificaré de arcilla y zarzas;
tendré nueve surcos de judías y una colmena;
viviré en soledad con el rumor de mis abejas,
y algo de paz allí encontraré, pues la paz es una gota lenta
que cae del velo matinal hacia el canto del grillo.
Allí la medianoche es todo resplandor, el mediodía púrpura fulgor,
y es el atardecer de alas de jilguero.
Ahora partiré: en todo momento, de noche y de día,
me llega el murmullo del agua en la costa;
ya sea en los caminos o en grises aceras,
lo siento en lo hondo de mi corazón.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Película enorme, sí. Y naturalmente, el poema de Yeats está en el origen no sólo del título sino de la idea de volver a un idílico marco en el que empezar de nuevo.
El texto de mi libro es más amplio, y allí hablo de eso. Pronto dejaré aquí alguna curiosidad sobre el rodaje de la película.