martes, 12 de octubre de 2010

La ciudad fantasma


LA CIUDAD FANTASMA


Nunca estuvo Dublín tan solitaria.

El Liffey y los canales, Sandymount,

se ven sin un alma, y no es el viento,

no la lluvia derramada por el Green,

ni el último autobús que ya partió

camino de colinas empapadas

igual que las mejillas al escuchar inermes

derramarse ciertas canciones.


La capital de Irlanda está desierta

como una naturaleza muerta en la National Gallery.

Toda la poesía del país

se hace sinécdoque esta noche:

Dublín está vacía porque un cuarto

de hotel no lo ocupamos nosotros

que deberíamos estar hoy juntos en él

dejando caer el cobertor,

mojando los zapatos la moqueta,

ese hueco calzado que nos llevó tras los pasos

de una pareja que no somos tú y yo,

y ni siquiera está en Dublín esta noche de lluvia

y, lo que es más, ni siquiera es pareja.


Dublín tiene dos habitantes tan sólo,

y no están, no estamos allí.

Digo Dublín, pero es Glasnevin,

cerradas las cancelas de la noche.


4 comentarios:

Juan Antonio Millón dijo...

Belleza de la ausencia. Un poema que me conmueve, Antonio.
Un abrazo.

Sara dijo...

También me conmueve, pero no puedo evitar leerlo como un poema de clausura, de cierre. Muy triste y bello a la vez.

Olga Bernad dijo...

"Dublín tiene dos habitantes tan sólo, y no están"
Es curiosa la capacidad invocadora de la poesía. Convoca ciudades imposibles para amantes que nunca fueron.
En el fondo, hacer poesía es descerrajar un poco "las cerradas cancelas de la noche".

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Escribiéndolo, recordé el "Madrid es una ciudad de un millón de muertos" de Dámaso Alonso.
No hay por qué excusarse, pero la forma de mis últimos poemas requiere cierta explicación: siempre defensor de la prosodia, desde hace algunos meses me concedo ciertas libertades para rehuir lo "bonito" y académico.