jueves, 14 de octubre de 2010

Mañana de otoño prerrafaelista




La bruma incide en mi cerebro, y el primer frescor otoñal tiembla en esta página. Si de verdad es un ordenador portátil en el que escribo, no estoy aquí, sino a orillas del Támesis, entrando y saliendo de las salas de la Tate Gallery e impregnando las yemas de los dedos de polvo victoriano, como el de aquel volumen de Sir Alfred Tennyson que me robó la voluntad en una librería de viejo en Edimburgo y cuyos versos puse en español en La Dama de Shalott y otros poemas. Dejo los correajes de "La carga de la Brigada Ligera", atrás dejo el bramar de los cañones, y me dejo arrastrar por las evocaciones imposiblemente artúricas:


LANZAROTE Y LA REINA GINEBRA

UN FRAGMENTO


Como almas que equilibran dicha y pena
con llanto y con sonrisas, desde el cielo
una vez más la virgen Primavera
al llano vino envuelta en sol y lluvia.
En vapor de cristal por todas partes,
reían en el cielo islas azules,
y a lo lejos, en lo hondo del bosque,
el olmo más crecido hurtaba el verde
a la apacible brisa.

Su canto alzaba a veces el pardillo,
a veces el zorzal piulaba fuerte,
a veces revolaba el gavilán,
callaba la arboleda, temerosa;
junto a motas herbosas, más sonoro,
amarilleaba el río serpeante,
y caídos renuevos de castaño
en perfecto abanico se extendían
sobre el repleto suelo.

Entonces, en la mocedad del año,
Sir Lanzarote y la reina Ginebra
entre sotos de ciervos cabalgaron
cantando con feliz y claro tiple.
Ella era cual la misma Primavera,
lucía un manto verde como el césped,
fíbulas de oro atadas sobre el pecho;
un penacho llevaba -glaucas plumas-
con su anilla de oro.

Ora sobre la yedra enmarañada,
ora por tintineantes regatos,
sobre musgo entreverado de violetas
iba su mulo blanco cual la nata;
y más pronto pasó al trote los campos
que aquélla cuyo élfico corcel
brinca de noche a ritmo misterioso
cuando el pálido páramo resuena
con repicantes bridas.

Por sol y sombra huía velozmente
y jugaban sobre ella faustos vientos
soplándole en los bucles de la trenza;
tan bella estaba así, cuando mecía
la rienda con las puntas de sus dedos
que un hombre daría toda su dicha
y sus bienes terrenales por esto:
consumir el corazón en un beso
en sus perfectos labios.

4 comentarios:

Gómez de Lesaca dijo...

Yo estuve en la Tate Gallery este verano. No había vuelto desde hacía casi veinte años. Me dio la impresión de que había menos pinturas prerrafaelistas y victorianas. O yo no las supe encontrar. ¿Es una apreciación real?.

Por cierto, ya se lo dije una vez, qué fortuna encontrar sus traducciones de Tennyson.Y "La carga de la brigada ligera" me parece superior.

Saludos.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Veinte años hará que no entro yo, pero esos cuadros los llevo en la retina y no hay director de museo que remueva mi memoria.
Gracias por el elogio, que transformo en acicate para seguir trabajando. Un muy cordial saludo.

mariado dijo...

Justo cuando empezaba a leerlo me ha venido a la mente la fabulosa obra de J.W. Waterhouse, "The lady of Shalott" que por cierto, creo que también está en la Tate

Alberich dijo...

Ainsss... prerrafaelismo...me roba el alma.

Por cierto que tengo la antología de Tennyson firmada y dedicada, jeje,1a ediciòn!
Ya lo tengo un poco desgastado;)
Abrazos.