jueves, 21 de octubre de 2010

Presentación de Vida Nueva


Volvimos de Cádiz y de la grata compañía de amigos, a la que regresaremos pronto en otra presentación. Allí, el miércoles hablamos de la novela Vida nueva (Paréntesis) de José Manuel Benítez Ariza. Éstas son las palabras que escribí para hablar de su estupendo libro. Llamará la atención que, espontáneamente, los dos dijéramos algunas cosas parecidas (él presentó mi Macedonia de rutas). Otra cosa más que nos une:

Hay cosas impagables.

Por ejemplo, presentar este libro de José Manuel Benítez Ariza hoy en Cádiz, precisamente el escenario por el que se mueven los personajes de su novela.

Y además, hacerlo rodeado de amigos, muchos de ellos comunes a los dos. La guinda del pastel la coloca el hecho, la gozosa circunstancia de que también él presente en este mismo acto un libro mío.

Yo no soy sólo el editor de Vacaciones de invierno y ahora de Vida nueva, sino fiel lector de José Manuel desde hace muchos años, y como autor he coincidido con él en suplementos, revistas y editoriales. Hasta hemos llegado a traducir el mismo libro, Bartleby el escribiente, de Melville. Será por eso que, como dice una amiga, hemos llegado a parecernos incluso físicamente.

Si incurriera en el error de ponerme pedante, diría que Vida nueva se trata de un auténtico ejemplo de bildungsroman (“novela de crecimiento o desarrollo de su protagonista”). Y en efecto, ese paso de una edad a otra, con las modificaciones que conlleva, está presente en la novela, siguiendo ilustres precedentes como, por citar a un escritor de un país del que lo desconozco todo, el Retrato del artista adolescente, del irlandés James Joyce. Pero a lo llano también se puede afirmar que es una novela de la memoria, cuidadosa en los detalles de una España desaparecida pero aún reconocible como un episodio de Cuéntame en lo tocante a la ambientación, pero mucho mejor narrada.

En muy pocos días de las Navidades de 1978 se nos muestran los comienzos de la transición, el gobierno de la UCD, la Constitución recién estrenada, la influencia de series de televisión como Hombre rico, hombre pobre y su malo malísimo, Falconetti, que da apodo a uno de los personajes secundarios de la novela.

Hay en Vida nueva el cuestionamiento adolescente de la familia; y, siendo varón el protagonista, la particular relación con el padre; está además la turbulencia política de aquellos años, muy bien llevada a la trama, muy bien captada y descrita (es tal su capacidad evocadora que me ha hecho revivir los incidentes que solían acompañar a aquellos tenderetes de propaganda política y me he visto también a mis dieciséis años detrás de una mesa con pegatinas y llaveros en la sevillana calle Sierpes).

Muy atinadamente, aunque uno no escoge nacer en cierta fecha, el paso a la adolescencia del protagonista, con su descubrimiento de la política, del sexo, de todo un abanico de sensaciones nuevas, tiene como correlato el paso que el país hace a su vez de la dictadura a la democracia. La transición que se recoge en este libro es tanto la de la nación España al sistema actual de libertades, transición con mayúscula, como la del niño al joven.

Dado que he sido librero -y antes joven, y ávido frecuentador de librerías-, me voy a permitir compartir esta página de Vida nueva con ustedes, llena de referencias a ese mundo, en el que muchos se reconocerán, en que los estantes albergaban codiciables promesas:

(y aquí, lector, has de abrir el libro por la página 111...)

2 comentarios:

Alberich dijo...

Espero que la cosa fuera sobre ruedas.
Un abrazo.

José Luis Piquero dijo...

Deseo unirme a ese club. Yo también he traducido Bartleby, y está publicado. Y hay cierto parecido: llevo barba y uso gafas (en la intimidad, como Aznar con el catalán). Honroso club el de Melville.
Un abrazo.