sábado, 13 de noviembre de 2010

En la muerte de García Berlanga


Ha muerto esta madrugada, a los 87 años de edad, Luis García Berlanga, el gran cineasta español. Tras la reciente desaparición de Carlos Edmundo de Ory, otro heterodoxo juguetón y un punto niño, nos quedamos más tristes, con menos gracia y genio, a este lado de la muerte.
Tuve la gran suerte de compartir mesa y mantel con Berlanga hace unos años. Sentados uno al lado del otro en un almuerzo celebrado durante la Feria del Libro de Sevilla, en los Jardines de Murilllo, conversamos -él con su voz característica- sobre temas tan variados como la División Azul, en cuyas filas marchó a Rusia por ver de que se le conmutara la pena de muerte a su padre, o su bien nutrida biblioteca de literatura erótica (no en vano él fue durante años el alma de la colección La Sonrisa Vertical, de Tusquets).
Hombre de hermosa planta, apuesto, un pícaro caballero que parecía salido de un selecto club inglés, fue Luis García Berlanga el artífice de películas que no desaparecerán nunca -porque las recordaremos siempre- aunque por algún infausto azar se destruyeran todas sus copias.
Cuando alguien nos ha hecho feliz, y no una, sino muchas veces, la gratitud obliga, y fluye natural, como un río de aguas limpias. Muchísimas gracias, maestro.

1 comentario:

Daniel Ruiz García dijo...

Nadie ha hecho cine coral como él. Maestro de lo cotidiano/absurdo. Era nuestro Fellini. Para entender la Historia de España desde la mitad del siglo XX no hace falta leer a García de Cortázar; basta con ver la trilogía Nacional.