sábado, 27 de noviembre de 2010

"Inversnaid", un poema de G. M. Hopkins


Lo cuento en el segundo volumen de la biografía de Luis Cernuda, que publicará Tusquets este próximo mes de abril: una de las primeras cosas que el poeta sevillano hizo en Escocia, adonde llegó en enero de 1939, fue visitar el Loch Lomond. En éste vierte sus aguas el Inversnaid, arroyo que inmortalizó Gerard Manley Hopkins seguramente cuando era párroco en Glasgow, donde Cernuda, que le dedicó un capítulo de Pensamiento poético en la lírica inglesa (siglo XIX), fue lector de español unos años, cincuenta después de la muerte del autor de "El naufragio del Deutschland". Próximamente voy a editar una antología de la poesía de Hopkins. Aquí dejo "Inversnaid", uno de sus grandes poemas sobre la naturaleza y muestra muy representativa de su lenguaje aliterativo y paronomásico, tan personal. Tras el original inglés, mi traducción:

INVERSNAID

THIS darksome burn, horseback brown,
His rollrock highroad roaring down,
In coop and in comb the fleece of his foam
Flutes and low to the lake falls home.

A windpuff-bonnet of fáwn-fróth
Turns and twindles over the broth
Of a pool so pitchblack, féll-frówning,
It rounds and rounds Despair to drowning.

Degged with dew, dappled with dew
Are the groins of the braes that the brook treads through,
Wiry heathpacks, flitches of fern,
And the beadbonny ash that sits over the burn.

What would the world be, once bereft
Of wet and of wildness? Let them be left,
O let them be left, wildness and wet;
Long live the weeds and the wilderness yet.

INVERSNAID


Este arroyo sombrío, como el lomo

de un caballo cae entre cantos y lodo,

empinado se evade el vellón de su espuma,

flauta que flota hasta su hogar, la laguna.


Una barba de babas de ciervo

cede y cae sobre el caldo y el ceño

achantado de una charca tan negra

que rodea a quien de ahogarse se arredra.


Salpicadas de rocío, en su rodada,

están las faldas que atraviesan sus aguas;

brezos enjutos, junto a ellos abrazos

ofrece a los fresnos, sin freno, a los lados.


Ah, ¿qué sería del mundo, sin la húmeda

y salvaje arboleda? Oh, que nunca, que nunca

desaparezca, y no perezca y que queden

las hierbas y los árboles por siempre.


8 comentarios:

Sara dijo...

¡Menudo reto traducir este poema, sobre todo la última estrofa! Magnífico trabajo, Antonio. Confieso que, tras una primera lectura, me hice la pregunta: ¿son esos últimos versos de alguna forma mejorables? Ajá, pero ¿cómo...? Looking forward to that new anthology! :-)

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Los versos de Hopkins tienen, en expresión que él no despreciaría, "un no sé qué que quedan balbuciendo". Me halaga tu comentario, Sara: un vaso de agua fresca tras el esfuerzo.

Valle dijo...

¡Qué nunca, nunca, desaparezca la arboleda! Y que nunca, nunca, jamás desaparezca la poesía. ¡Gloria por que lo trajiste!

Olga Bernad dijo...

El título, el nombre del arroyo (qué palabra, Inversnaid) y el lago al que desemboca -Loch Lomond, como la famosa marca de whisky inmortalizada en Tintín por el capitán Haddock- nos abre la puerta a la arboleda y a aquellos paisajes que por fuerza deben moldear un pensamiento poético distinto, húmedo y salvaje.
Tu traducción nos trae sus aguas, a la vez frescas y oscuras "this darksome burn..." a nuestro idioma.
Ya conoces mi vinculación sentimental con Escocia, para qué añadir más.
Gracias.

Alfredo J. Ramos dijo...

Una traducción magistral, Antonio, sólo al alcance de un poeta que sepa valorar cada sonido como un sentido que no debe perderse. Y que encuentra en el lenguaje de llegada hallazgos autónomos (aunque la paranomasia del original sea el intraducible acicate). No otra condición tienen, a mi juicio, expresiones como «una barba de babas de ciervo» o este dístico magistral: «brezos enjutos junto a ellos abrazos / ofrece a los fresnos, sin freno, a los lados». Creo que Góngora no le hubiera puesto reparos.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Valle, Olga, Alfredo, gracias por vuestros comentarios. Me estoy afanando en preservar lo que es más característico de Hopkins, y en símil que viene como anillo al dedo ante el escenario de este poema en particular, lo agreste, lo indómito, lo que no se presta a los endecasílabos impolutos y civilizados. El libro estará repleto de juegos fonéticos. Que están en el original y yo trasplanto en nuestra lengua.

Anónimo dijo...

Vivo en Escocia, y en un curso de creative speech que estoy haciendo nos trajeron este poema, he de reconocer que no entendia ni una palabra, pero gracias a tu traduccion y al magnifico trabajo que has hecho manteniendo los sonidos y la fuidez que nos brinda he podido apreciar este bonito poema.
Gracias Antonio!!!

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Mil gracias, seas quien seas. Porque la poesía y su traducción son siempre tareas solitarias, pero cuando alguien lee se llenan de sentido y compañía. Y el poeta y el traductor entonces no están solos. Y agradecen el gesto del lector, que podría callar y no lo hace. Y le dicen "Mil gracias, seas quien seas..."