martes, 9 de noviembre de 2010

Para morirse de risa



Cuando en una crítica alguien le advierte a uno de un gazapo o le enfrenta una seria crítica fundamentada, al autor le inunda una cierta melancolía y, pensativo, la agradece. Cuando por el contrario le toca en suerte un disparate, una sonrisa se le dibuja en el rostro y, naturalmente, también lo agradece. Y más si cabe, porque le alegra el día.
Ha amanecido ventoso. La lluvia barre las hojas de las avenidas. Pero este comentario sobre Luis Cernuda. Años españoles (1902-1938) me pone de muy buen humor. Que a lo largo de más de 400 páginas a uno no lo hayan comprendido en nada causa pasmo. Y relativiza mucho. Hay lectores que no quieren que alguien venga a sacarlos de su inopia o que restaure la cabal imagen de una figura admirada quitándole la adherencia de la purpurina acrítica. Mis respetos para esta señora: no quería yo, biliar e injusto, haber manchado la peana de su santo.

10 comentarios:

Sara dijo...

Desde luego, para los 'guardianes' fanáticos de la obra y memoria de figuras como Cernuda, la mejor respuesta es una sonrisa (o una carcajada, si cabe). Sólo que cuando éstos tienen el poder de la censura, esa sonrisa se hace mucho más difícil. Felizmente, no es éste el caso, aunque he visto algunos muy de cerca, y no es nada agradable...
(Por cierto, qué difícil seguir las nuevas recomendaciones de la RAE sobre las tildes!)

eutelia dijo...

Pues he leido el comentario de la Sra. y creo que ni ella misma se toma en serio. Y me han dado ganas de leerme el libro suyo sobre Cernuda, de quien solo conozco los años mexicanos.
Saludos,
Eutelia

Alena.Collar dijo...

Primero, le agradezco el enlace a mi blog.
En segundo lugar, lamento que a usted le cause pasmo o risa una opinión lectora. A mí no me causó ni pasmo ni risa su libro; lo leí y expresé lo que pienso de él. Creo que es tan respetable como las opiniones en positivo.
A eso debemos acostumbrarnos; yo a que a usted le cause diversión lo que opino, sin preguntarse las razones objetivas de porqué opino así, y usted a que yo considere su libro pelín subjetivo.

A mi edad no adoro santos; y las peanas me cansan la vista.
Un muy cordial saludo.

Miguel Estrada Pérez-Carasa dijo...

Ya sé que no haces casos de estos despropósitos, Antonio, pero tu réplica es una lección de esgrima tan bien ejecutada, que me ha encantado.
Estoy deseando leer la segunda parte de la biografía de Cernuda;es la que menos conozco, y sé que tú me llevarás de la mano para conocerla en un segundo volumen tan impecable como el anterior.
Muy agradecido, de verdad. Un abrazo.

Olga Bernad dijo...

No puedo estar más de acuerdo con Sara. Dejando la anécdota aparte, eso pasa con Cernuda y con otras muchas figuras. Yo me encontré hace poco con un caso que se dirigía a Miguel Hernández llamándole de tú, asegurando que él le comprendía (personalmente, fíjate qué suerte), como si estuviese en la conversación. Anda, argumenta años de estudio y datos contra eso. O argumenta una opinión distinta.
No es para reírse, dale un poco de poder a esa actitud y deja de hacer gracia. No es el caso pero, a veces, sí lo tienen... y entonces es para llorar. Nadie podría escribir una línea que se saliese de lo esperado sobre determinadas figuras, sea lo que sea lo que toque ser esperado en cada momento. No en vano, por actitudes así (son así aunque fueran del revés) los mismos autores estuvieron silenciados durante años. O mirados por encima del hombro por personas que no estaban a su altura, que es peor.

Mery dijo...

Está visto que cada uno interpreta lo escrito según sea su personalidad, incluso el momento en que lee.
Es lo que tiene el lenguaje escrito.
Estoy segura de que un intercambio de pareceres frente a un café no hubiera dado lugar a dudas de tus intenciones en la biografía.

Lamarque dijo...

Para la señora Collar la subjetividad parece ser algo muy grave.
Sin embargo, yo no conozco ningún libro objetivo.


.

José Luis Garrido dijo...

Antonio, se puede estar de acuerdo o en desacuerdo con tu libro, pero cuando se publica y se dan nombres y trabajos, como mínimo, se debe argumentar. Suscribo el comentario de Olga, a algunos, no es este el caso, los comprende Miguel Hernández, son sucesos paranormales y habría que ir a consultar a nuestra paisana la bruja Lola.

Un abrazo

Mila dijo...

Yo dudo de que esta señora haya leído el mismo libro que nosotros. Me he quedado "pasmá". No lo entiendo.
¡Tanto trabajo de Antonio para esto!
Un saludo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Gracias a todos y saludos (incluida, naturalmente, Alena).