lunes, 22 de noviembre de 2010

Peire Vidal Old




Esta mañana, el trabajo me ha hecho coincidir con un viejo amigo: el trovador Peire Vidal, a quien conocí no en las traducciones frecuentadas de Martí de Riquer o Carlos Alvar, como hubiera sido lo lógico, sino en la poesía de Ezra Pound, de quien vertí una nutrida Antología Poética anterior a los Cantos para la Universidad de Sevilla. El poema se titula "Piere Vidal Old" (Pound lo escribe a su manera), y a su protagonista nos lo presenta el poeta de Idaho como "el loco par excellence de toda la Provenza".
Ahora, cuatro lustra después (Lustra es título de un poemario de Pound), en Paréntesis vamos a publicar una traducción nueva de El buen soldado, la maravillosa novela de Ford Madox Ford, el amigo de Pound. Y no soy yo quien la traduce, sino Victoria León, a quien tanto deben, entre otros, los lectores de Chesterton. El libro va a ser una joya, porque, además de lo dicho, ya prepara para él un prólogo Felipe Benítez Reyes. Al principio de El buen soldado, Ford refiere por boca del narrador la historia de Peire Vidal y La Loba. Dejo aquí esas líneas tal como las pone en español Victoria:


¿Conoces la historia? Les Tours de los Cuatro Castillos tuvieron por señora a una tal Blanche de No-Sé-Qué a la que elogiosamente llamaban La Loba, y el trovador Peire Vidal le hacía la corte. Como ella no le prestaba la menor atención, a modo de homenaje –¡lo que hacen los enamorados! –, Peire Vidal se cubrió con pieles de lobo y, así vestido, subió a los Montes Negros, donde los pastores y sus perros lo confundieron con un auténtico lobo y acabó mordido por las fauces y molido a palos. Entonces lo llevaron de vuelta a Les Tours, pero La Loba no se mostró impresionada en lo más mínimo. Ya en el castillo, ayudaron a Peire Vidal a recomponerse, mientras que a La Loba su propio esposo la reprendió con severidad. Vidal era, como podrás ver, un gran poeta, y no está nada bien tratar a un gran poeta con indiferencia.
Finalmente, Peire Vidal acabó siendo proclamado emperador de Jerusalén o algo parecido, y el marido de La Loba tuvo que arrodillarse y besar sus pies, aunque ella, en cambio, no accedió a seguir su ejemplo. Luego Peire zarpó en un bote de remos junto a cuatro compañeros con el propósito de liberar el Santo Sepulcro. Pero, en alguna parte, su bote encalló en una roca, y entonces el marido de La Loba, con gran perjuicio para sus arcas, no tuvo más remedio que enviar una expedición para que los trajera de vuelta. Y Peire Vidal entonces pudo apoderarse del lecho de la dama mientras su esposo, que era un guerrero de lo más feroz, la reconvenía una vez más sobre la cortesía debida a los grandes poetas. Aunque yo supongo que La Loba era la más feroz de los dos... En cualquier caso, así acabó todo. ¿No te parece una gran historia?



2 comentarios:

Juan Antonio Millón dijo...

No conocía tus traducciones de Pound, intentaré hacerme con ellas. Pound, un genio al que hay que acudir más a menudo.
Muy sabroso el fragmento de Madox Ford, que afianza la solidez de vuestro catálogo.
Un abrazo.

José María JURADO dijo...

No grande, grandiosa historia, enhorabuena por la elección.