viernes, 31 de diciembre de 2010

Desarticulación


Recién vuelto de unos días en Praga, encuentro en el buzón el último número de Clarín (¡el 90 ya!). En él se incluye la reseña que escribí de Desarticulación, el estupendo volumen de ensayos de Toni Montesinos. Quiere la fortuna que en el mismo número aparezca su artículo "El realismo narrativo como convención". Miel sobre hojuelas. Reproduzco aquí mis líneas:

INVITADOS A LEER


Toni Montesinos. Desarticulación. Escritos sobre literatura. Metropolisiana, Sevilla, 2009


Los grandes libros de un único asunto, sean novelas o tratados de mil páginas, hoy se le antojan a uno que pertenecen ya a otro siglo; a la centuria pasada, al menos. Hoy -Internet lo demuestra- el saber se distribuye a más pequeñas dosis, a saltos, por enlaces y eslabones de una cadena muchas veces insospechada. Y en la narración, además, ha cobrado un verdadero auge el microrrelato, lo mínimo. Por ello, qué delicia para el lector de la hora presente un libro que en varios puñados de artículos de tres o cuatro páginas nos presenta muchos otros libros, todo un estante, lleno de invitaciones: a Tolstói, a Dickens, a Mann…

No sólo porque la exquisita editorial que lo acoge es sevillana está tentado uno de decir que Desarticulación es una sucesión de tapas excelentes y sabrosas. Éstas, aisladas, ya valdrían, y mucho, pero aquí lo que sobresale es la coherencia de la carta, en la que destacan los ingredientes de primera y la mano de chef diestro que es Toni Montesinos. Novelista y poeta, es mucho más que crítico: un escritor que piensa y transmite sus impresiones de los maestros, muchos reconocidos y felices descubrimientos otros.

Numerosas lecturas se enlazan aquí, certeramente agrupadas en bien avenidos menáges à trois (salvo la primera sección, más amplia pero no menos fluida): tras indagaciones acerca de la desmemoria literaria, el éxito del fracaso (o viceversa), el tabaco, el miedo y el deseo, Montesinos recorre medio mundo y sus autores en un ramillete de tríadas muy bien trabadas, desde la fértil en letras Centroeuropa al Sur de los Estados Unidos o la isla más literaria (con permiso de Cuba): Irlanda. De autores de la vecina Gran Bretaña escribe grandes páginas acerca de Chesterton, el par de Boswell y Johnson o sobre Stevenson, a quien reivindica airosamente: “Dentro de la rica tradición de elecciones caprichosas a las que nos tienen acostumbrados los historiadores de la literatura, probablemente el caso de Robert Louis Stevenson sea la cúspide de la ceguera analítica, la visión más incompetente sobre un autor contemporáneo, la marginación más escandalosa y absurda”.

Hacer una semblanza literaria no es difícil: basta cierto dominio estilístico y un solvente trasiego de datos. Lástima que muchas de ellas a veces sean intercambiables con las necrológicas. Lo que aquí nos ha entregado Toni Montesinos es, sin embargo, todo un panteón de autores vivos (no importa lo que digan acerca de las fechas de sus supuestas postrimerías los por otra parte cada vez más agónicos volúmenes de las enciclopedias).


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