domingo, 19 de diciembre de 2010

La gran nevada, por Aonghas MacNeacail



AONGHAS MACNEACAIL

la gran nevada


Versión directa del gaélico escocés de Antonio Rivero Taravillo




cada una en su época

campanilla de febrero

rosa blanca

azucena

I

1


no hay nada de tierra que no esté bajo nieve

blanca blanca blanca

caer de una cerrada niebla espesa

blanca blanca

pálido inquieto el firmamento

calmas calladas las quiebras

herida cada inhóspita colina

la corteza de la tierra envuelta ahogada

la médula del planeta divivida entre el temblor y el hielo

ni fantasma ni espítitu se moverán con este tiempo

blanco frío blanco

impetuoso clamoroso susurrante

los vivos se aprietan un cinturón de esperanza

sobre la piel incierta

(algunos bajo techo) y otros en la tempestad

escuchan

el tenue balido de ovejas y el penetrante lamento del teléfono

disolverse en un solo sonido

el bramido del ciervo bajo un velo

el chillido del viento

el pitido de los barcos ocultos en la bahía

derrame como un quejido de dolor

a través de un griato lamento

arrecifes a cada lado bajo espuma y nevada

todo viajero anhelando el hogar

(en algún lugar se empañan los cristales junto a las llamas)

¡oh poder estar en torno de un buen fuego!


2


tierra te vestiste para estar desnuda

blancura de frente en las montañas

blancura de pechos en los cerros

blancura de vientre en los páramos

blancura de muslos en los prados

una cofia de nubes sobre tus cumbres

y un velo en el rostro


3


milagro de la nieve

cada cristal único

cada cristal sin igual

una microarquitectura

cada copo reuniendo

un mundo bajo su máscara

nieve virginal

(bálsamo para las enfermedades

tropel de palomas en vuelo

engañosa aliviadora)

nieve impecable

(un clérigo reza

en la celda de acero

gris de su credo

un clérigo suplica

con la vista en las manos

negando sus sueños)

nieve brillante

(niño bailando junto a la ventana

ojos que fulgen)

nieve constelada

(cielos magullados presos)

nieve seductora

reptante sigilosa

nieve multiplicadora

callada callada

nieve que se amontona

nieve que se pliega

nieve asesina


4


el cobertizo tras la casa recuerda

tus padres en la casa cantando salmos

nosotros refugiados en la oscuridad

mirando cómo la nieve

llenaba con su blancura nuestro mundo

nuestros surcos sin mancha

nos dimos calor uno al otro

calor en tu blancura y

frío en la blancura de afuera

las ráfagas de nuestro deseo nos hicieron girar

a través de blancos salmos de conocimiento

y despertamos

pero no siguió el día


5


blancura del invierno tallando

los labios escarpados de los montes

(los labios antiguos de los montes)

limando los bordes rotos

hasta dejar un filo elegante

pelea de la ventisca con ribera o tejado

modelando

suaves y efímeros cerros


6


extendido su vestido sobre

ciudad castillo aldea

desplegando su abrigo sobre

cada prado cada paso

cada cumbre y cada roca

todas las calles de cada ciudad

blanca blanca blanca

un manto sobre el mundo

bandera de paz para las tribus del universo

la blancura prometedora movediza


7


el celo de los pastores

encerrado tras los umbrales

una máscara de seda oscureciendo las cimas

la nevada de cortinas de seda en torno a la reunión

los rebaños sobre el páramo y

la blancura volviéndose inmundicia

los pastores deben controlar sus ímpetus

escuchando el viento

silbando silbando

bajo puertas

entre las ramas

en medio de las rocas

viendo en sueños la lana

andrajosa en la ventisca

blanca matarife sobre el brezo

buscando un sacrificio


8


no ve el pescador más que espuma

cimas y arrecifes bajo espuma

tropeles moviéndose

sobre el puerto

sobre el llano

sobre el páramo

no ve su ojo el océano el puerto

sólo ve espumas en tropel

hundiéndose en llanuras

la lancha es un fantasma amarrado

sus redes blancas y frágiles telas

chubasqueros sin alma colgando y

botas extendidas como cadáveres

huestes inalcanzables del océano


9


venus despertando a través de lo oscuro

venus blanca brillante

venus alzándose sobre

olas blancas de estrellas

ojo resplandeciente de los cielos

bailarina del crepúsculo

linterna de los druidas

venus que ilumina los pasos

cuando no hay luna

algunos dirán que es fría

aunque es rutilante

sin una chispa en el corazón

aunque es rutilante

que no es sino sombras y polvo

reflejo del sol

quién lo cree

quién lo cree

quién


II


1


quién eres tú

quién sino tú

mi enemigo mi amor

tus blancas palabras

sin límite inmutables

filtrándose siempre filtrándose

en mi mente

adorable violenta

acogida y miedo se enredan en mi corazón

los valles inhóspitos de mi corazón

cada brisa sembraba aguanieve y granizo

yo estaba marchito y débil hasta que tú llegaste

danzando girando brincando

echando chispas tus blancas palabras

en mi corazón

la forma de tus palabras firme y duradera

impasibles eran no caprichosas

duras como joyas eran no quebradizas

pero su sustancia

como blancas neviscas

inquietas

inestables

(espejo para mí)


2


cuchillos afilados de hielo

lanzas de hielo

espadones de hielo

pendiendo enjoyados

sobre cada roca

cada rama

cada alero

adornados guardianes


3


éramos los más dichosos

entre la nevisca azucarada de nuestras palabras

había en aquellas confesiones y caricias

suficiente verdad para nosotros

no había en nosotros sino alegría

para cocer las monedas de paz del amor

teníamos polvo blanco fundiéndose

en vez de harina de trigo


4


caminábamos a través

de gargantas llenas de blanca suavidad

no percibíamos

el ganado atrapado en montones de nieve

(nuestras promesas tesoro mío)

no veíamos

los arroyos que estaban encerrados

bajo heladas pieles de seda

paredes tan enjauladoras como el hielo

nos apresaron dentro con

la blancura que tomamos por amor

no nos dimos cuenta de que venía el deshielo

el deshielo húmedo e insinuante


III


1


una luna cadavérica asoma

a través de una grieta en la niebla

sobre un mundo quieto espectral

pero

vivas venas corren bajo el blanco

las bestias de la tierra escarban buscando comida

(¿habrá un escudo contra la desolación

para un corazón hechizado?)

oh estate en guardia perdiz un búho blanco está

acechando

y está hambriento


2


blanca blanca

reunida en prados por la noche

vino sin avisar

como regalo de amante

como un armiño a la caza

blanca blanca

nos engañó con un suave copo o dos la asesina

exultante sobre el páramo

mi amor quién podría pensar que me ahogarías

con ráfagas con vestisca

que sea dulce tu promesa

(diosa de tres caras yo te niego

te tomé por esposa

pero dicen

que eres virgen

audaz astuta virgen

que eres vieja

vieja juguetona)

yo te niego no eres sino engaño

tu gran belleza como una máscara

diosa de tres caras viniste

luna sol tempestad

te interpusiste entre mi amada y yo

no podía ver su rostro

fuera de mi oído sus ternezas

tú me enredaste con susurros de ceniza

perdí en tu ventisca a mi amada


IV


aires de final del invierno

fuente que no callará su susurro tintineante

recorre leguas a través del silencio

...

árboles en el bosque como sombra en la sombra

gris sobre gris sobre gris

sin forma

...

suelo en el que hubo una pisada

brillante secreto blanco

...

media cara de un risco asomando

bajo una gorra blanca

...

hilos de aliento

serpiente hacia el cielo

ventisca

...

sangre de zorzal

sólo una pluma

huellas de gato

...

hoja marchita

prendida de una rama hasta ahora

girando baja en la brisa

...

estábamos tan seguros con nuestra promesa

...

quién se meó en la nieve, dice un niño

quién estropeó su blancura

...

humo subiendo de la chimenea

ascendiendo ascendiendo

en cuerdas de blancura

...

por quebrada hondonada

libre torrente para

apagar la sed el ganado

viene bamboleándose del establo con

patas fangosas

...

nuestro despertar

...

tojo bajo un blanco abrigo

una flor amarilla temblando

...

huellas de pies desde un pueblo

leves finas

como pies de una diosa

...

desnudez del viento

desnudez del sol

...

paz

...

sombra de una margarita



3 comentarios:

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Lo mismo para ti, Marisa. Paz y poesía.

Sara dijo...

Aonghas MacNeacail: Qué maravilla, Antonio. Me he pasado un buen rato mirando otras cosas de él (traducido al inglés, ya que no entiendo el scots gaelic)y he encontrado esta otra gema. Muchas gracias desde una Béal Feirste blanca, blanca.

A' Chiach

suath mi, a ghaoitilhean, le,
naidheachd às gach àirde: sìn orm

suath mi, a ghrèine, do
shoilise teas mo chridhe: sìn orm

suath mi, a ghealaich, mo
leigheas na do ghilead: sìn orm

suath mi, a shiantan, ur
frasan ga mo nighe: sìn orm

tamh annam,
sàmhchar

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Gracias, Sara. El poema de la nieve lo traduje hace 27 años, yo solo. Con mi amiga Catriona Zoltowska vertí otros dos más para una revista. En honor a ti pondré este también en español, aunque sólo sea para agradecerte el descubrir que, después de tantos años, puedo leer el idioma, pillando el 90%, que no es poco, sin diccionario. ;) Tapadh leat!