martes, 7 de diciembre de 2010

Las campanas, de Edgar Allan Poe




Ahora que los trineos están a punto de sonar su campanillería, dejo aquí este poema del autor de "Annabel Lee", que traduje en Poe y otros cuervos. Primeros poetas norteamericanos (Mono Azul).

LAS CAMPANAS


I


¡Oíd los trineos con su trino

de argénteas campanillas!

¡Qué mundo de alborozo presagia su armonía!

Cómo tintinean, tintinean

en el gélido aire nocturno,

y los astros que salpican

todo el cielo repican

con cristalino brillo, al compás,

como en una única rima,

rúnica rima que ritma

con el tintirintín que es canción,

ding dong dang, donde dan,

donde dan, ding, dong, dang,

su tintineo y retintín las campanillas.


II


¡Oíd las campanas de las bodas,

las áureas campanas!

¡Qué mundo de ventura presagia su armonía!

En la fragante brisa nocturna

cómo toca su deleite.

De las notas de oro fundido,

afinada,

qué líquida canción se eleva

hasta la tórtola que escucha,

y disfruta de la luna.

Oh, desde las cámaras sonoras

qué torrente de armonía

surge y brota,

sube y no se agota,

y en el Mañana mora, y pregona

el arrebato que impulsa

al repique y al revuelo,

ding dong dang, donde dan,

donde dan, ding, dong, dang,

donde suenan y resuenan las campanas.


III


¡Oíd las campanas de rebato,

las broncíneas campanas!

Qué historia de horror su turbulencia cuenta

en el inquieto oído de la noche,

cómo su pánico pregonan.

Demasiado asustadas para hablar,

sólo pueden gritar, gritar,

desafinadas,

en clamorosa súplica a la piedad del fuego,

en loca exhortación al sordo y loco fuego,

saltando alto, alto, más alto,

con deseo desesperado

y un empeño decidido

de quedar ahora, ahora o nunca

junto a la pálida luna.

¡Ding dong dang, donde dan

las campanas con horror

una historia de desesperación!

¡Con qué estruendo rugen y retumban!

¡Cuánto terror derraman

sobre el seno del aire palpitante!

Mas el oído sabe

por el fragor

y el clamor

cómo el peligro crece o se disipa;

mas el oído dice

por el tronar

y el resonar

cómo el peligro llega o bien se marcha

por cómo se marcha o llega la ira de las campanas,

ding dong dang,

donde dan, ding dong dang,

ding dong dang, donde dan,

con fragor y clamor las campanadas.


IV


Oíd el tañer de las campanas,

las férreas campanas.

¡Qué mundo de solemnes ideas suscita su salmodia!

En el silencio de la noche,

cómo temblamos con temor

ante la melancólica amenaza de sus notas.

Pues cada sonido que flota

desde la herrumbre de sus gargantas

es un gemido.

Y las gentes, ah las gentes

que viven arriba en la espadaña,

solitarias,

mientras tañen, tañen, tañen,

con esa apagada monotonía,

sienten una gloria cuando rueda

sobre el corazón humano una losa.

No son ni hombres ni mujeres,

no son ni bestias ni humanos.

Son necrófagos demonios,

y su rey es el que tañe,

y hace doblar, doblar, doblar,

doblar,

un himno a las campanas.

Y su pecho feliz late henchido

con el himno de las campanas.

Y baila, y grita, marcando

el compás, el compás, el compás,

como en una rúnica rima,

del himno de las campanas,

las campanas,

marcando el compás,

el compás, el compás, el compás,

como en una rúnica rima,

ding dong dang, donde dan,

donde dan, ding dong dang,

latidos las campanas,

sollozos las campanas,

y repica, repica, repica

en una rúnica rima

al doblar de las campanas

ding dong dang, donde dan,

donde dan, ding dong dang,

donde dan, dan, dan, las campanadas,

el gemir y el lamentar de las campanas.


EDGAR ALLAN POE

1 comentario:

Mery dijo...

Bello poema y estupenda traducción.
Las campanas tienen para mí, además, una atracción irresistible.