viernes, 26 de febrero de 2010

Cádiz, Galway



Ayer tocó ir a Cádiz, a acompañar a un autor que presentaba a la prensa su novela, que recomiendo porque ya disfruté de ella como lector antes de decidir editarla. El autor es Manuel J. Ramos Ortega, a quien conocía por ser un estudioso pionero de la prosa de Cernuda. La obra es Mi vida sin Eva Gundersen.
Campos anegados, grisura tras los cristales del tren mientras yo iba enfrascado en mis papeles. Buscando a Cádiz, las olas batiendo a babor (el ferrocarril era ya buque). Al llegar a término se desató la lluvia. Más pareciera que estaba en Galway.
Un arco del Populo, Spanish Arch.

Era temprano: no bebí whiskey. Ni manzanilla.

miércoles, 24 de febrero de 2010

El cine al que iba Cernuda






Tenía uno curiosidad por el cine al que casi diariamente iba Luis Cernuda en Coyoacán, muy cerca de la casa de Concha Méndez en que vivía. Sentados en una terraza del Jardín Centenario, Paloma Altolaguirre me indicó dónde estaba (hoy es una sucursal más de Sanborns), y me habló de cómo era aquello en los años cincuenta, y cómo el tranvía circulaba entre el Jardín y el cine. Hoy he dado con estas fotografías que proceden, nada más y nada menos, de una película de Luis Buñuel: La ilusión viaja en tranvía.
El poeta vio numerosas películas en esa sala (sí, los cines tenían una única sala en aquellos tiempos): Divorcio a la italiana la víspera de su muerte; Sissi, emperatriz varios días seguidos cuando escribía Desolación de la Quimera. Como recordaba Manuel Ulacia Altolaguirre en Sevilla allá por el 1988, Sissi era la prima de Luis II de Baviera, Ludwig, el protagonista en el que Cernuda se desdobla en "Luis de Baviera escucha Lohengrin", uno de sus mejores poemas, uno de los que él mismo prefería.

martes, 23 de febrero de 2010

En la librería del Fondo




Estos días atrás, en México, pasé buenos ratos (buenos en el sentido de agradables y también en el de largos) en no pocas librerías. En algunas sucursales de Gandhi, en la algo destartalada el Parnaso de Coyoacán, en un par de las de El Péndulo (las de la Zona Rosa y Polanco). Esta última, tan especial que fue calificada como una de las diez más hermosas del mundo por The Guardian, está en calle de nombre tan literario como Alejandro Dumas. Recuerdo que caminando en busca de ella pasé por otra calle de nombre para mí querido: la de Tennyson.

No hallé mi traducción del poeta victoriano publicada en Pre-Textos, pero sí bastantes libros de la editorial valenciana. Pero a lo que iba; a la que iba: la del Fondo que recibe el nombre de Rosario Castellanos, cerca de la estación de metro de Patriotismo.

Es una librería espectacular, un gran espacio diáfano que ha resuelto a la perfección el antiguo uso. Predomina en ella el blanco, como una página interminable que acoge todos los libros. La única falta que le encuentro es que es espacio que se queda grande para los títulos que exhibe. Pero éstos, por contra, los muestra con desahogo. Probablemente, si no tuviera títulos repetidos, sería una muy bien dotada biblioteca.

En mi primera visita se presentaba una exposición de los códices de Brian Nissen, el pintor y escultor que vive y trabaja entre México y Nueva York. Curiosamente, llevaba yo en el bolsillo su nombre y dirección, que me había proporcionado José María Conget. Rodeado como estaba de gente que lo cumplimentaba no tuve ocasión, más allá de saludarlo y darle recuerdos de José María, de entablar conversación con él y su mujer, Montse, como llave recomendada para acceder a españoles del exilio.

Al día siguiente estuve con Paloma Altolaguirre y James Valender, y luego tuve otros encuentros y diálogos. Pero sí regresé a la librería del Fondo, a la que, por supuesto, volveré cuando algún día pise de nuevo la ciudad de México.

lunes, 22 de febrero de 2010

Página de obituarios


Comienzo hoy, como ya hice el curso pasado, la publicación de algunos poemas escritos por los participantes en el Taller de Poesía que imparto en la Escuela de Escritores. En este caso, el autor es Francisco Barrionuevo:


PÁGINA DE OBITUARIOS


La rotativa imprime sus imágenes

con una tinta azulevanescente.

Es la forma que tienen de decir

que la vida se fue hacia la contigua

página de espectáculos y ocio

con el color que inunda sus señuelos.

Aquí un texto que empieza con un nombre

que unos labios numéricos enmarcan

en dos fechas: la vida es una herida

de boca que se cierra con la muerte.


(o un guión que se queda suspendido

entre orillas de cuatro a cuatro dígitos)


Aprovecho para anunciar que va a comenzar un nuevo semestre y que hay plazas libres. Para cualquier información, el tfno. de la Escuela es el 955112432.

domingo, 21 de febrero de 2010

Con Kavanagh




En el último número de la revista Clarín, Fruela Fernández ofrece un adelanto de la antología de Patrick Kavanagh que publicará próximamente Pre-Textos. Como no se incluyen ahí los originales de los poemas, y para quien desee conocer más sobre el poeta irlandés, autor del hermoso "Raglan Road", convertido en hermosísima canción gracias al inolvidable Luke Kelly, dejo aquí el enlace con la página oficial a él dedicada.

Buscad el poema sobre el asiento junto al Grand Canal dublinés, que Fruela traduce en su muestrario. Ahora que la lluvia bate en las ventanas, recuerdo que hace años me senté en el banco que lo conmemora junto a la estatua en bronce de Kavanagh.

miércoles, 17 de febrero de 2010

La transformación




Paréntesis Editorial acaba de publicar una nueva edición de La transformación (o La metamorfosis, como suele conocérsela) de Franz Kafka. Traigo aquí el comienzo de mi prólogo:

Augusto Monterroso parodió con gran economía verbal el comienzo de este libro –si no muy extenso, inabarcable frente a la brevedad de que hace gala él mismo– al escribir su relato «Cuando despertó, el dinosaurio todavía seguía allí». Pero aquí no hay ningún gigantesco ejemplar de los que se conservan en esqueleto que no causa miedo, sino atracción, en el Museo de Ciencias Naturales de South Kensington, ni animado robot alguno de una taquillera película de Spielberg; a lo que nos enfrentamos es a un animal mucho más primitivo en la escala de la evolución, insecto que no se especifica y solo se nombra con el apelativo entre horrorizado y de asco –«bicho»– de quienes lo contemplan, aunque estos sean, o hayan sido, pues no hay lazo que soporte esta desgracia, familiares cercanos suyos.
Alguna vez se ha trasladado eso en lo que se convierte Gregorio Samsa al despertar como cucaracha, pero Vladimir Nabokov (entomólogo aficionado, como Ernst Jünger) insistía en que en todo caso sería un escarabajo, y como tal lo dibujó en su ejemplar de la traducción inglesa que manejaba para sus clases. Desde luego, un riguroso escrutinio filológico (del que soy incapaz, pero sobre el que he leído alguna cosa) hace decantar el original ungeziefer más del lado de la «sabandija» que del «insecto». No digo «bicho», porque esta es palabra que ya se emplea, como apunté arriba, en otros lugares del libro.
«Su persistencia es como la de ciertos sueños», dijo María Zambrano en «Franz Kafka, mártir de la miseria humana», un artículo publicado en la revista Espuela de plata en 1941. Y añadía que esta obra «nos conduce a un tiempo catastrófico, en que la conversión del hombre en el extraño animal, no es síntoma de paz, ni de restablecimiento de la perdida unidad, sino al contrario, la desgraciada posibilidad abierta de nuevo, al final del largo camino, como muestra de su fatal equivocación».
«Kafka es el gran escritor clásico de nuestro atormentado y extraño siglo», escribió por su parte Jorge Luis Borges, a quien a veces se ha atribuido, demasiado a la ligera, esta traducción. Borges fue un temprano valedor de Kafka, y si lo prologó en líneas memorables, por suyas, también lo hace pasearse por los versos de su poema «Ein Traum» («Un sueño» en alemán, lengua del judío checo Kafka) de su libro La moneda de hierro.
Son tantas las posibles interpretaciones de esta obra que glosarlas se haría interminable; tampoco sumaré una nueva a las docenas que compiten, casi todas complementarias. Prefiero consignar, como constatará el lector, que la transformación no se produce sólo en el protagonista, sino que se extiende a su familia, a la que vemos cambiar y pasar de su vida muelle a una situación más precaria, como si antes de la primera página de la novela hubiera sido ella –y no Gregorio– pulga, chinche, que le chupaba la sangre.
         El gran hallazgo de Kafka es hacer que quien se acerque a su libro se identifique con el protagonista: con su marginación, con su destierro, con su caída frente a la familia y, más allá del escueto hogar, con la alienación ante la sociedad, ante el género humano. No es improcedente recordar aquí que el autor de La transformación es el mismo que signa ese catálogo de agravios que es Carta al padre.

martes, 16 de febrero de 2010

Contrastes



Que México es país de contrastes, es sabido; uno ha tenido ocasión de experimentarlo estos días.

En el metro sobreabundan los indios y mestizos; apenas se ven europeos o criollos. En los bares y restaurantes de tono, apenas se ven aquellos, salvo los que sirven. Qué raro, bajo tierra todos están muy morenos; en la superficie, a la luz del sol, hay muchos más pálidos.

En la principal avenida de Polanco he visto un Maseratti azul, todo revestido de cuero color sand, con su tridentecromado. Al tenedor apenas tienen qué llevar tantísimos pobres en las colonias humildes.

Todo el mundo es muy educado: señor Antonio esto, licenciado lo otro; maestro, me dice el periodista. Pero ya van 1.100 muertos por la violencia en mes y medio (algunas decenas, decapitados).


domingo, 14 de febrero de 2010

Entrevista en El Universal

El diario mexicano El Universal publica hoy la entrevista que acerca de Luis Cernuda me hicieron hace unos días en el Panteón Jardín. Se puede leer pinchando aquí. Lástima que no incluya alguna de las muchas fotos de aquella inolvidable mañana.

sábado, 13 de febrero de 2010

Paseando por Coyoacán

Casa de Concha Méndez y Paloma Altolaguirre donde vivió Luis Cernuda

Capilla de Santa Catarina
Casa de la Avenida Francisco Sosa


Dentro de unas semanas, el suplemento El viajero de El País dará un artículo mío sobre la hermosa Coyoacán, donde habitó, con algunos paréntesis californianos, los diez últimos años de su vida Luis Cernuda. La arquitectura colonial se mantiene casi indemne en algunas calles y plazas. Aquí dejo imágenes (no me atrevo a llamarlas fotografías) de mis paseos por esta joyita mexicana siguiendo los pasos del poeta. Frío y nieve en España, la Nueva Inglaterra que él abandonó cubierta por nieve que se acumula sobre la nieve... Aquí, en la primera quincena de febrero, la temperatura es de 22 grados y el sol entibia los huesos. No extraña que Cernuda prefiriera para su residencia este lugar de la Nueva España, donde el aire habla nuestro idioma.




viernes, 12 de febrero de 2010

Junto a Emilio Prados



Apenas unas cuantas letras de latón o bronce sobre la piedra roja, que presumo de tezontle, como el nombre de la colección de Fondo de Cultura Económica. En un estado semirruinoso, la tumba de Emilio Prados, también en el Panteón Jardín de la Ciudad de México. A veinte metros escasos de la de Cernuda. Quién se lo iba a decir en Málaga en 1928, recién publicado en Litoral Perfil del aire.
La Junta de Andalucía arregló hace poco la sepultura del sevillano. Si no llegamos a inquirir en la oficina del cementerio, probablemente no hubiéramos hallado la del amigo/enemigo que va revirtiendo al anonimato. No se equivocó Paloma Altolaguirre: están muy cerca sus huesos. Muy lejos.

jueves, 11 de febrero de 2010

Con unas siemprevivas



Está más allá de San Ángel, camino del Desierto de los Leones, empinado y hermoso.

Muy lejos de Sevilla y Guadalquivir (las calles así llamadas de esta Ciudad de México) y más aún, mucho más, evidentemente, del río y la ciudad natales.

Allí, Luis Cernuda en el Panteón Jardín.

No había a la venta violetas, ni tulipanes amarillos. Unas siemprevivas dejadas por manos sevillanas reposan hoy sobre el mármol de su lápida, en la que se lee "Perpetuidad".

Siemprevivas, perpetuidad... "La sed de eternidad, que hace al poeta", como él escribió.

También, sabiendo de su amor por esta tierra, "El hombre quiere /caer donde el amor fue suyo un día".

miércoles, 10 de febrero de 2010

Casa de Alvarado







Hace poco más de un año que funciona en la Casa de Alvarado, en Coyoacán, la Fonoteca Nacional de México. Esta tarde hemos pasado por allí, y he podido escuchar programas de radio dedicados a Luis Cernuda y Octavio Paz. Por cierto, que éste vivió en ella sus últimos días, acogido por el gobierno de la República tras el incendio de su casa. El inmueble, recién restaurado, es bellísimo. Estas fotos no me dejarán por mentiroso.


martes, 9 de febrero de 2010

En México

Esta semana se celebra una Fiesta de la Lectura en el Paseo de la Reforma, entre el Ángel de la Independencia y la Fuente de Minerva, o dicho de otro modo, citando las calles que delimitan el segmento: entre Florencia y Sevilla. En este tramo desemboca también la calle Guadalquivir.

Es un modesto tiangui, dos hileras de puestos callejeros sin gran atractivo. La Feria del Libro principal tiene lugar la semana que viene en el Palacio de la Minería, en el centro histórico, pero no estaré aquí para entonces.

Regreso por donde vine, y al llegar a Guadalquivir, alzo la vista y miro donde vivió Octavio Paz. Fue un buen amigo de Cernuda, y quien mejor fijó su grandeza en el ensayo “La palabra edificante”. Antes de volver al hotel, decido arrostrar una vez más el tráfico del Paseo y cruzo al Sanborns de Lafragua, donde se cuenta que Cernuda celebraba solitario sus cumpleaños mejicanos ante un dry martini. Lo imito, aunque no es mi fecha. Y me pertrecho con lectura, como seguramente también él hiciera. Un ejemplar de la Revista de la Universidad de México me acompaña y me aísla de otros compañeros de barra y de los camareros. Es un bar oscuro, pero bajo la tulipa voy encontrando conocidos: páginas sobre W. B. Yeats o sobre Rafael Cadenas. Hay, además, poemas de un cernudiano: Vicente Quirarte. El director de la revista, Ignacio Solares, también lo es. Me siento acompañado en esta ciudad de más de veinte millones de almas. Como escribió el vecino ya muerto: El laberinto de la soledad.

jueves, 4 de febrero de 2010

Bibliografía para el Máster en Creación Literaria




Me pedía el otro día un participante en el Máster en Creación Literaria que facilitara una bibliografía con la que ampliar conocimientos. Y lo hago gustoso, procurando no caer en esa aberración que señalara Jorge Luis Borges en una de sus conferencias recogidas en Siete noches: "Hay personas que sienten escasamente la poesía; generalmente se dedican a enseñarla."

Copio aquí las referencias que ya incluí en la documentación para el Máster y añado otras. Estas son las primeras, varias de ellas más como invitación a la reflexión que como materia prescriptiva:

Jordi Doce (ed.), Poesía en traducción, Círculo de Bellas Artes, 2007
Alejandro Duque Amusco (ed.), Cómo se hace un poema, Pre-Textos, 2002
T. S. Eliot, Función de la poesía y función de la crítica, Tusquets, 1999
Lawrence Ferlinghetti, Poetry as Insurgent Art, City Lights Books, 2007
Eduardo García, Escribir un poema, Talleres de Escritura Fuentetaja, 2003
Ted Kooser, The Poetry Home Repair Manual, Bison Books, 2007
Joan Margarit, Nuevas cartas a un joven poeta, Barril y Barral, 2009
Pablo Moíno Sánchez y Elena Varela Merino, Manual de métrica española, Castalia, 2005
Dennis O’Driscoll, Quote Poet Unquote: Contemporary Quotations on Poets and Poetry, Copper Canyon Press, 2008
Ezra Pound, El ABC de la lectura, Talleres de Escritura Fuentetaja, 2000
Benjamín Prado, Siete maneras de decir manzana, Visor, 2008
Rainer Maria Rilke, Cartas a un joven poeta, Alianza, 2006

Y las segundas son éstas:

Ángel L. Luján Atienza, Cómo se comenta un poema, Síntesis, 2007
A. Azaustre y J. Casas, Manual de retórica española, Ariel, 1997
Heinrich Lausberg, Elementos de retórica literaria, Gredos, 1975
J. Domínguez Caparrós, Métrica española, Síntesis, 1993
Francisco López Estrada, Métrica española del siglo XX, Gredos, 1969
Tomás Navarro Tomás, Métrica española. Reseña histórica y descriptiva, Guadarrama-Labor, 1974
Octavio Paz, El arco y la lira, Fondo de Cultura Económica, 1992

Lo mejor es ojear y hojear estos libros en una biblioteca o librería antes de lanzarse a adquirirlos. Si cada maestrillo tiene su librillo, cada estudiante o estudioso ha de buscar también los textos que más se adapten a sus necesidades.


martes, 2 de febrero de 2010

Shakespeare llama al timbre



Me acaban de llegar los primeros ejemplares. Y ha quedado precioso. Supongo que se distribuirán durante los próximos días. La caja en la que venían era, en realidad, de calzado: me siento como un niño con zapatos nuevos.

lunes, 1 de febrero de 2010

Varón, dónde



Mi amigo Juan Antonio Maesso estrena libro de relatos en Barataria: El varón desenfocado. Mi prólogo está muy cómodo junto a sus narraciones.