miércoles, 30 de junio de 2010

Cómo se consiguió una joya


"Fairytale of New York" es una de las mejores joyas de The Pogues, y una de las más amadas canciones (bien que no ortodoxas) de Navidad. Sé que Shane MacGowan no es para todos los públicos, pero siempre se puede mirar a otra parte.

Instrucciones de uso: empezar por el corte inferior de la entrada e ir subiendo, y, por supuesto, verlo a pantalla completa.

Sláinte! Acepto que me invitéis a unas cuantas pintas.









lunes, 28 de junio de 2010

Bellísima


Vaya cinco. Cuando falta menos de un mes para que Mark Knopfler toque en el Festival de la Guitarra de Córdoba, aquí lo dejo muy bien acompañado con (de izquierda a derecha) Dónal Lunny, Liam O'Flynn (apodado, ay, óg cuando era joven), Máirtín O'Connor y Sean Keane. Una noche de verano de hace mucho o de dentro de poco, aunque me temo que a estos cuatro músicos excepcionales que acompañan a Knopfler no los veremos junto a la Mezquita.

sábado, 26 de junio de 2010

Addenda et corrigenda


Como a varios amigos les ha sorprendido el comienzo de la reseña de Babelia en lo relativo a la traducción, he añadido algunas observaciones a la anterior entrada. En cualquier caso, aquí no hay trampa ni cartón. Ahí está el libro, y en edición bilingüe, para valerse solo. Por lo demás, y obviando el eliotiano "criticar al crítico", sería necio extenderme sobre el asunto.

Yeats en Babelia


Ángel Rupérez y Andrés Trapiello escriben aquí, en Babelia, con motivo de la publicación de la Poesía reunida de W. B. Yeats en Pre-Textos.

Es lástima que el primero, buen conocedor de la poesía inglesa y con quien no quiero polemizar, pues guardo un muy cariñoso recuerdo de su Lírica inglesa del siglo XIX en la Trieste que codirigía el segundo, haya mezclado algunas arbitrariedades y caprichos personales con los juicios acerca de mi traducción. Vaya por delante que nadie sabe más que yo mismo lo lejos que queda ésta del ideal al que aspiraba, pero eso es en realidad perogrullada, que toda traducción de poesía es mejorable. Y sin embargo, la Poesía reunida que publica Pre-Textos es, creo, una traducción llena de aciertos (dejemos la falsa modestia). Me temo que el citado crítico la ha tenido que leer demasiado deprisa.
Pero aparte de las siempre discutibles excelencias, o no, de la traducción, ¿cómo podría callar ante la acusación que hace de inaceptables de algunas palabras y expresiones que empleo?Son Magín, gacha y por cima de. Bueno, bueno...
Afortunadamente, a la biblioteca personal se une hoy Internet y el Corpus disponible en la página de la Real Academia Española. Pues resulta que el inaceptable magín lo han empleado Benito Pérez Galdós, Emilia Pardo Bazán, Max Aub, Miguel de Unamuno, Miguel Ángel Asturias o Ángel Ganivet, entre muchos otros. En mi traducción aparece en estos versos:

¿Por qué conserva el hombre en su magín,
cuando no está en la flor ya de su vida,
emblemas del amor y de la guerra?

Why should the imagination of a man
Long past his prime remember things that are
Emblemetical of love and war?

Veamos ahora gacha. Doy esa palabra "inaceptable" en estos versos:

La hora del amor que mengua se ha puesto sobre nosotros,
y fatigadas y viejas están nuestras almas.
Separémonos, antes de que la estación de la pasión nos olvide,
con un beso y una lágrima sobre tu frente gacha.

En inglés:

The hour of the waning of love has beset us,
And weary and worn are our sad souls now;
Let us part, ere the season of passion forget us,
With a kiss and a tear on thy drooping brow.

Sería tedioso repetir cuántas veces aparece el sintagma "cabeza gacha" en nuestra literatura. Lo emplean, por ejemplo, Juan Marsé, Ramón Pérez de Ayala, Carlos Fuentes, Clarín, Julio Cortázar, José María de Pereda. Ah, que yo escribía "frente gacha": inaceptable, pues, que ya antes lo escribieran Isidore Ducase (Conde de Lautreamont) o Francisco Ayala.

Llegamos ahora a "por cima de". Aquí me asisten Don Miguel de Cervantes y una legión de clásicos. Y si parecen antiguos, entonces citaré a un contemporáneo de Yeats y admirador suyo, Juan Ramón Jiménez, quien en Diario de un poeta reciencasado vierte a Robert Browning y escribe "Por cima de la montaña, miró el sol". La única vez que yo doy esa construcción es en este pasaje:

Oh, soltad las trompetas estridentes,

aunque ebrios de banderas que flamean

por cima de murallas y de torres,

y del fuerte agitar de vuestras alas.


O! Lay the shrilly trumpet down,

Though drunken with the flags that sway

Over the ramparts and the towers,

And with the waving of your wings.


Me pregunto si una crítica que comienza marrando de ese modo puede ser tenida en cuenta. Y sin embargo, el crítico dice algunas cosas acertadas sobre Yeats, y tiene palabras elogiosas que se elevan sobre la cizaña ("por cima de" la ciñaza, si prefiere) acerca de mi traducción. Si alguien deseara comparar ésta con la de algunos poemas de Yeats que hizo el crítico hace unos años, yo quedaría muy honrado.


viernes, 25 de junio de 2010

La Isla de Siltolá


Parece un espejismo, un idílico sueño para el náufrago, la Isla de Siltolá. Afloró hace poco, como una de esas tierras volcánicas jóvenes, de ayer mismo. Pero qué tupida se va haciendo ya su vegetación, y qué buena sombra va dando. Hay que agradecer a Javier Sánchez Menéndez el haberla descubierto con su catalejo, y hacerla no sólo habitable, sino un pequeño edén que se ramifica en sus varias colecciones. Y su revista.
Me acaba de llegar el segundo número, tan hermoso como la promesa del primero, si no más. En él, con la dirección de Javier y un consejo editorial de lujo (Luis Alberto de Cuenca, Julio Martínez Mesanza, José Mateos y Abel Feu), colaboraciones de Antonio Colinas, José María Jurado, Antón Castro, Antonio Serrano Cueto... Estoy muy contento, y orgulloso, de que acompañen a mis traducciones de tres poemas de Llywarch Hen. Se incorporan además -y esto es novedad respecto de la primera entrega- algunas reseñas de libros.
Y hablando de éstos: con el segundo número de La Isla de Siltolá he recibido sendos poemarios de Ángel Mendoza y José María Moreno Carrascal, colaboradores también de la revista. Son ya nueve los títulos de esta colección de poesía.
Estamos de enhorabuena.

miércoles, 23 de junio de 2010

Yeats llega a las librerías


Ya empieza a distribuirse mi traducción de la Poesía reunida de W. B. Yeats editada por Pre-Textos. Hoy he atendido a entrevistas de El Mundo y ABC. El viernes le toca a la radio. Babelia lo sacará este próximo sábado con un par de poemas.

lunes, 21 de junio de 2010

El Diccionario de símbolos de Jesús Aguado


Siempre he admirado a Jesús Aguado: al poeta sobre todo, pero también, extensión natural suya, al traductor, al viajero, al crítico. Hace poco, junto a la Colina Blanca de Sevilla, donde él vivió y yo paso temporadas, su generosidad me llenó las manos de libros suyos, preciosas rarezas, que se vinieron a sumar a su más reciente poemario, Verbos, publicado en la editorial Zut. Ahora acaba de salir en Paréntesis su Diccionario de símbolos, un libro distinto, inclasificable, de prosas que funcionan como relatos, meditaciones, milagros. Dan una imagen diferente del poeta. Y complementaria. Lo presentaremos en Barcelona a la vuelta del verano.

De cuerpo entero





domingo, 20 de junio de 2010

Shakespeare escribe en español



Se publica en Diario de Sevilla la reseña que Ignacio F. Garmendia ha hecho de la Poesía Completa de William Shakespeare en la Biblioteca de Literatura Universal.

viernes, 18 de junio de 2010

Una entrevista



Toni Montesinos me somete a la entrevista capotiana.

Clarín, 87


Con su puntualidad de siempre, llega el último número de Clarín, ya el 87. Junto a poemas de Gesualdo Bufalino y artículos de Felipe Benítez Reyes y Eduardo Jordá, entre otros, unos apuntes míos sobre Venecia. El viaje que los inspira fue posterior al cierre de Macedonia de rutas, por lo que aparecen por primera vez en la revista. Dejo aquí dos de ellos:

Tomo en Al Casin dei Nobili una sopa de mariscos. Almejas del color de los palacios de mármol; un rollizo viajero, anaranjado, en cada góndola.

* * *

También podría ser la bandera de Venecia: marrón, verde y blanco, horizontales. Légamo, algas, mármol, cuando la marea está baja. Con acqua alta, se arría la bandera.

jueves, 17 de junio de 2010

Crónica del Bloomsday en Sevilla


Todo salió ayer a pedir de boca. Muy elevada asistencia (calculé unas 150 personas); inspiradas intervenciones de los participantes en la mesa redonda; la inesperada aparición de Francisco García Tortosa, que recibió un caluroso aplauso; estupendas lecturas de pasajes de Ulises en inglés y español, pero también en árabe y francés; la belleza del tránsito de la tarde a la noche en la terraza de la Casa de la Provincia, con el telón de fondo de la catedral y la Giralda; la temperatura perfecta; música.

Algunas palabras de mi intervención:

Se celebró el Bloomsday por vez primera en Sevilla el año 2000. Es decir, hoy estamos festejando el día de Bloom, la jornada en que se desarrolla Ulises, 106 años después de la acción de la novela y pasados diez desde del primer eco de ese día en Sevilla.

Para la efemérides, hemos tirado la casa por la ventana y hemos traído para celebrar ese día y esa noche en que se desarrolla la novela de Joyce a dos famosos actores norteamericanos: Tom Cruise y Cameron Díaz. Ésta, naturalmente, porque el mestizaje de su nombre y apellido recuerda al del Gibraltar de Molly Bloom. Pero estos norteamericanos no se enteran de nada. Y mira que se lo dije en inglés (día y noche, day and night) en vez de en gaélico (lá agus oíche). Hija, es que no te enteras, como le he puesto en un SMS a Cameron hace unos minutos. Así que hoy los tenemos, sí, en la ciudad, sí, pero estrenando, sí, una película hecha para la ocasión que han titulado, del revés, sí, como Noche y día (Knight and Day). ¡Tirititeros!

Otro que se equivocó de lugar y de fecha es Enrique Vila-Matas. Enrique vino a presentar a Sevilla su novela Dublinesca, gran homenaje a Joyce, no hoy 16 de junio como estaba convenido, sino el 16 de marzo. Desde que dejó la bebida anda trabucado el hombre. Y hoy, en vez de tenerlo aquí, va el tío y se marcha a la capital de Irlanda. No sé qué se le habrá perdido allí, cuando todo el mundo sabe que la celebración fetén del Bloomsday, la buena, es la hispalense. La decana de Hispania, si no de Hibernia.

Ayer Vila-Matas y otros escritores y editores españoles presentaron en el Instituto Cervantes de Dublín un libro en que hablan de la orden que han fundado, veneradora de Joyce. No está mal. Sólo recordarles a ellos, y a ustedes, que aquí en Sevilla hace ya cinco años, y con motivo del centenario, publicamos gracias a la receptividad de Ignacio Garmendia, editor de la Fundación Lara, el volumen que tuve el placer de coordinar: Cien años y un día: Ulises y el Bloomsday. Por lo tanto, Eduardo Lago, Enrique Vila-Matas, Antonio Soler y demás admirados conmilitones: bienvenidos al club. El acto en Dublín y esa Orden del Finnegan que han montado, viene a darle la razón a Brendan Behan cuando dijo que el primer asunto del orden del día de un nacionalista irlandés es una escisión. Los amigos que no han venido hoy a Sevilla y se han ido a Dublín han demostrado con ello ser nacionalistas irlandeses hasta la médula.

Pero aquí planificamos mejor las cosas. Diré, y esto le gustará a Francico Correal, que una de las veces que se celebró el Bloomsday, en 2002, conseguimos que el fin de fiesta fuera el partido del Mundial de Fútbol España-Irlanda. Hoy, puesto que la verde Erín no se ha clasificado por culpa de una mano negra de Francia (y eso es un detalle muy feo, Ulises se escribió en parte en París), hemos querido que el Bloomsday coincida con el España-Suiza (en Zurich terminó Joyce Ulises, y allí está enterrado). Es sabido que la imaginación del celta favorece la derrota sobre la victoria. Así ha sido desde que el bardo galés Aneirin compuso Y Gododdin en el siglo VI hasta la mitología del aplastado Levantamiento de Pascua de 1916 en Dublín (“Una terrible belleza ha nacido”, escribió Yeats), pasando por el Bonnie Prince Charlie o las elegías fenianas. De ahí que hayamos previsto que España cayera ante Suiza por causa del gol de un tal Fernández, de Zurich, la ciudad, ya dije, donde reposan los restos del autor de Ulises. Por cierto, que hace unos días una amiga poeta me hacía reparar en un poema de Raymond Carver que yo desconocía acerca de ese cementerio de Fluntern y de la tumba de Joyce...



miércoles, 16 de junio de 2010

La Poesía Reunida de William Butler Yeats



Como no todo va a ser Joyce ni las preocupaciones actualísimas por el euro, traigo aquí a William Butler Yeats tal como aparecía en el billete de veinte libras irlandesas junto a un perro autóctono (el que da nombre a Cú Chulainn, también en la imagen) antes de los días del Tigre Celta.
La próxima semana la editorial Pre-Textos pone a la venta mi edición bilingüe de la Poesía Reunida del Nobel irlandés.

lunes, 14 de junio de 2010

Que llega el Bloomsday























Lo celebraremos este miércoles a las 20,30 h. en la Casa de la Provincia (Plaza del Triunfo, 1), al pie de la torre Martello principal de Sevilla: la Giralda. Allí moderaré una mesa redonda rodeado de damas y caballeros que hablarán de Ulises y James Joyce. Luego, quien quiera hacerlo está invitado a leer pasajes de la novela, o lo que le venga en gana relacionado con Joyce, hasta que nos echen y no tengamos más remedio que refugiarnos en el pub Flaherty (en la calle Alemanes), donde correrán las pintas y caerán los riñones.
Para la ocasión, se ha publicado una hoja volandera conmemorativa en la que colaboramos Juan Antonio Maesso, Mercedes de Pablos, Eva Díaz Pérez, Francisco Correal, Manuel Gregorio González, Eduardo Jordá, José Daniel M. Serrallé, Juan José Téllez, Juan Aguilar, José María Conget, Manuel Grosso y este que escribe.
La crónica del acto, el jueves.

Entrevista en "El Mundo"



Hoy El Mundo, en su edición de Sevilla, da la entrevista que Javier González-Cotta me ha hecho con motivo de la aparición de mi libro de viajes Macedonia de rutas (Paréntesis). Como no aparece en la versión digital del periódico, la dejo aquí acompañada de la foto que la ilustra.


domingo, 13 de junio de 2010

Darío, cuentista




Diario de Sevilla se hace eco de la antología de relatos de Rubén Darío publicada en Paréntesis con excelente prólogo de Ignacio F. Garmendia.

viernes, 11 de junio de 2010

La fuente de la Odisea




Texto escrito para la hoja volandera en que se celebra el Bloomsday 2010 en Sevilla:

LA FUENTE DE LA ODISEA

Sucedió a mediados de 2010, un 16 de junio. El poeta hiberno-helénico Homero, seudónimo de Seán Patrick O’Meara, fue uno de los muchos que padecieron en primera persona los recortes en asistencia social a los que abocó la crisis económica en Grecia y, congelada su magra pensión de publicista, no tuvo más remedio que volver a escribir. Dada su ceguera, emprendió la reelaboración, esta vez de memoria y en verso, ese alado aliado de la mnemotecnia, de una larga narración que recordaba haber leído en su juventud. Su autor, el irlandés James Joyce, pertenecía, como aquél en que menguaba su jubilación, al grupo de países conocidos como PIGS, acrónimo inglés de los más perjudicados por la debacle: Portugal, Irlanda, Grecia y España. Ello le llevó a introducir como guiño un capítulo en que los compañeros del protagonista eran convertidos en cerdos, lo que no deja de ser una gamberrada y un irreverente guiño, pues es sabido que Leopold Bloom, modelo de su personaje, pertenece a la raza hebraica, para la cual el porcino es un animal impuro. Algún exégeta ha escrito que haciendo esto Homero, gran posmodernista, quería significar el carácter efectivamente impuro, híbrido, de su obra. No se ha dicho nunca hasta ahora, sin embargo, que también lo hizo como homenaje a los gorrinos que aparecen, confundidos con humanos, en La boca pobre, novela de uno de los celebrantes del primer Bloomsday en 1954: Flann O’Brien

Si Joyce narra un día en la vida de un hombre que recorre Dublín, Homero adaptó la trama y la llevó al Mar Egeo, y ambientó su recreación en Ítaca, esa isla que comparte nombre con el de la localidad del estado de Nueva York donde enseñó Nabokov, en uno de cuyos tribunales el libro joyceano fue prohibido por inmoral en 1922. Al protagonista, Leopold, lo convirtió en Odiseo; a Molly en Penélope; a Stephen en Telémaco.

La crisis era tan profunda en Grecia que O’Meara apenas obtuvo rédito económico de su obra, y sólo una relativa gloria, más basada en el prestigio que en la lectura. Como por otra parte había sucedido siempre, ay, con su medio paisano Joyce.

miércoles, 9 de junio de 2010

Recuerdo de Luis Rosales



Fue hace veintitrés años, en la primavera de 1987. Recibido el testigo de Juan Carlos Marset y de los primeros integrantes del Aula de Poesía y Pensamiento María Zambrano, con otros compañeros estudiantes de la Universidad de Sevilla organizamos el III Encuentro de Poesía Hispanoamericana en La Rábida. Fueron muchos meses de preparación y trabajo, y finalmente de ponencias y lecturas poéticas a la vera, casi, de los frescos de Vázquez Díaz. En el reparto de responsabilidades y gestiones, me tocó recibir en Sevilla a Luis Rosales y su mujer, María Fouz. De modo que antes de rendir viaje en Huelva y La Rábida, un compañero y yo los llevamos a comer a Juliá, al establecimiento conocido como el Puesto de los Monos, equidistante del Parque de María Luisa y del Guadalquivir.
Hubo ocasión de charlar por extenso con el poeta, aunque con cierta lentitud (recuérdese su trombosis de 1984), pero de todo lo que se habló, incluida su relación con Federico García Lorca, lo único que recuerdo -así de selectiva y absurda a veces es la memoria- es, y me quedo perplejo al revivirlo, que a Rosales le apetecía tomar arroz, pero que su esposa aborrecía ese ingrediente y con obstinación digna de mejor causa logró que nadie en aquella mesa se decantara por el grano. No sé qué podría decir Freud al respecto.
En cualquier caso, y como hablaba de aniversarios, justo es recordar que se acaba de cumplir, también, el centenario del nacimiento de Luis Rosales. La Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía ha publicado con tal motivo un excelente volumen, Luis Rosales. Discípulo del aire, que rebosa material gráfico y de homenaje.
Fue un gran poeta, Rosales. Un maestro del versículo como quizá ningún otro en España. Dejo aquí en su memoria la entrevista que grabó con Fernando Sánchez Dragó tras la concesión del Premio Cervantes. (Recomiendo pinchar en la imagen y, dada la calidad de la grabación, verla a pantalla completa).









martes, 8 de junio de 2010

No es exactamente como yo la recuerdo



Pero dejo aquí esta invitación a Islandia, que me he encontrado en el perfil de Facebook de Pablo Odell. Otra invitación, no tan atractiva, está en la sección "Ultima Thule" de Macedonia de rutas, mi más reciente libro de viajes.


Pongo aquí una página del libro en traducción rupestre a la lengua del país pergeñada por el mago Google:



Ultima Thule

Skrýtinn er sumar í vetur. A mildur veturinn endalaus dagar á köldu hrauni og ís ásættanlegt Íslandi í ágúst að mikill hrösunar strandaði í norðri, Grænlandi, sennilega hét sem "Graen Landi" eftir Erik til að laða ógætinn.
Ísland er land stærðum korni og hár á stúlkum þeirra, land sögur af þeim sögum sem blómstra í þrettánda öld og tala um ættartölur og sverð, hetjur og útilegumenn frjálsa menn sem voru fyrstu Evrópuþingsins í idyllic dalnum með öskrandi hvera.
There ert margir sögur, ekki sjaldan þýddar á spænsku. Njáls kannski umfangsmesta, að einn myndi leggja til að slá inn með því að skrifa sem ekki vita latínu og vildi með því móti í umsókn þeirra, gleði allir nemendur rómverskum lögum. Þau eru síðan Eddas, meiriháttar og minniháttar söfn Old Norse skáldskap og goðafræði fullt af flóknum eyðublöðum húfur.
Grænland er sorglegt því það er sárt að ferðast Sully hvíta þess að brjóta hörku þeirra, gerð wearily frumbyggjum keppa sín, þessir tæma Eskimos. Útsýni frá flugvélinni, koddi er Boreal drauma og ævintýrum.
Isle of kallar landslag, Roman talaði um Ísland eins og Ultima Thule. Goethe gert Ballad um ímyndaða konungur hans gaf honum nokkur stanzas Longfellow; Vicente Gaos og bók um ljóð sem heitir, eins og sjálfan sig, lítið þekkt. álfa hans og tröll, sem unpronounceable nafndag og umlauts byggja The Lord of The Rings.

lunes, 7 de junio de 2010

Urbi et Orbi (y V)



Arhtur Symons, miembro del Rhymers Club al que perteneció Yeats (ambos se conocieron en 1890), escribió sobre Sevilla en un par de ocasiones, y entre sus papeles se encuentran tres copias de unas sesenta páginas cada una que contienen mecanoscritos de las rimas de Bécquer, conservadas en la Universidad de Princeton. Cities and Sea-Coasts and Islands (1918) dedica un capítulo a Sevilla (es probable que su amigo Yeats lo leyera, toda vez que la segunda parte del volumen no le habría de pasar inadvertida, pues se ocupa de espacios tan queridos a Yeats como las islas Aran o, especialmente, las zonas de The Rosses y Glencar en Sligo). Ya, quince años antes, Symons había dedicado otro capítulo a la ciudad del Guadalquivir en Cities (1903). Su nombre no ha sido convocado aquí en vano: Symons, que conoció a Joyce en 1902, hizo mucho por la publicación de Chamber Music y fue el autor del epílogo a Pomes Penyeach (1927).

Como se ha dicho más arriba, García Tortosa organizó hace años un Congreso Internacional sobre Joyce en Sevilla, al que asistieron especialistas de todo el mundo y traductores de Ulises no sólo al japonés o al coreano, sino también, bajo la forma de exégetas, al inglés: profesores que se aplican a la ímproba tarea de hacer que sea entendido fuera de su ciudad. No en vano Flann O’Brien, escribió: “Sólo un Paddy (léase castizo) de Dublín podría alcanzar a entender más de un diez por ciento de su significado”.
¿Más coincidencias? El cante jondo no está muy lejos del
sean nós gaélico, esa música tradicional y primitiva que brota de torturados hontanares, y las tabernas de allí no quedan lejos de las de estos pagos, aunque allí se liquidara el alcohol en peniques y aquí en pesetas (ambas monedas, ya, dos arqueologías numismáticas). Por otra parte, el grupo de música más intrínseca y tautológicamente dublinés, The Dubliners, que comparte apelación con un libro de Joyce y tiene en su repertorio la canción “Finnegans Wake”, dista tanto de la verdadera música tradicional irlandesa, para puristas, como los Cantores de Híspalis del flamenco. Uno de los vocalistas del grupo, Ronnie Drew, que nació en Glasthule, junto a Sandycove, el Forty Foot, y la famosa torre Martello, el omphalos del que habla Buck Mulligan en el capítulo inaugural del libro, fue profesor de inglés en Sevilla hace ya muchos, muchos años, donde aprendió a tocar la guitarra flamenca. Curiosamente, la Fundación Cristina Heeren de Arte Flamenco está hoy en una de las esquinas de esa encrucijada que componen el Instituto Británico donde enseñó Drew y la Calle del Aire de Cernuda, en un extremo de la calle Fabiola, que toma su nombre de la célebre novela del Cardenal Wiseman. Y en la denominada Casa Fabiola, en esta calle, tiene precisamente su sede la Fundación José Manuel Lara, editora de este volumen sobre Joyce y Ulises. Volviendo a la calle del Aire, en ella se han abierto recientemente unos baños árabes. ¿Un guiño al relato “Arabia”, de Dublineses, o más bien a los baños turcos que Bloom visita al final del capítulo 5, “Los lotófagos”? ¿Quizá se trate, por lo de calle del Aire, de un homenaje velado al capítulo, 7, “Eolo”? Sin duda, este lugar habrá de ser incorporado, como una estación más, al peregrinar sevillano de Bloomsday en años venideros.

Otro músico de prestigio internacional como Bill Whelan, creador del espectáculo Riverdance, compuso en 1992 la Seville Suite cuando la Expo, gracias a los buenos oficios de Denis Rafter, comisario del pabellón irlandés, trajo a la ciudad gaiteros y violinistas y fue por un día, más que Boston o Nueva York, capital de la música irlandesa fuera de la isla. Como el tiempo celta propende a la circularidad, Denis Rafter volvió el año pasado a Sevilla para dirigir el espectáculo Viaje a Ítaca, basado en el monólogo de Molly Bloom. Y una bailaora sevillana, María Pagés, saltó a la fama y los escenarios del mundo precisamente gracias a Riverdance, donde se mezclaban zapateados de inspiración gaélica y flamenca.
En cuanto a las carreras de caballos irlandesas, ese espectáculo inenarrable (véase
El hombre tranquilo), nacen del mismo amor que aquí se profesa a los nobles brutos en ferias y romerías; y la tauromaquia nuestra no es más que la fosilización de unas tradiciones en las que el culto al toro era común no sólo a los pueblos mediterráneos: la ya mentada Táin tiene su origen en la disputa por unos toros, no sé si de ojos verdes irlandeses como en un sueño de Fernando Villalón. Dicho de forma simple, el héroe Cú Chulainn muere en realidad por un pique, un enfrentamiento entre ganaderos, como el que podría suscitarse en un casino de pueblo.
Luego está la conexión circular entre Joyce, el tuerto, y Cervantes, el manco, los dos grandes maestros de la novela (creador uno, destructor el otro) y padres de notorios antihéroes. Se ha dicho que Cervantes estudió con los jesuitas en Sevilla (Joyce lo hizo en los también colegios jesuitas de Clongowes y Belvedere), y en esta ciudad ostentó un cargo relacionado con la intendencia de la Armada Invencible, que, náufraga frente a las costas de Irlanda, tan indeleble huella ha dejado en el imaginario hibérnico.

Cervantes (parece que judío, como Bloom) salió de Sevilla en 1604 con la primera parte del Quijote terminada. Exactamente, trescientos años antes del día en que sucede Ulises. Las grandes plumas de Dublín siempre han emigrado lejos, huyendo de la parálisis cerebral del país, diagnosticada por Joyce, y no algo diferente hicieron aquí, como Cervantes, muchos de los mejores: Blanco White, Bécquer, Cernuda... Algunos de los escritores sevillanos actuales (Eduardo Jordá, Julio M. de la Rosa, Emilio Durán, Juan Antonio Maesso, por citar sólo a algunos) se reunieron años pasados sobre la azotea de la Casa de la Provincia, al final de una empinada escalera, como si de una torre Martello se tratara, para celebrar la gran fiesta de Ulises. Introibo ad altare Dei, como empieza la gran obra de Joyce, dicho al pie de esa otra torre catedralicia, la Giralda, parecía muy procedente y simbólico. Cómo omitir aquí que, en la Edad Media, un escritor que atendía al nombre de Giraldus Cambrensis escribió un libro repleto de noticias interesantes y sabrosas sobre la verde Erín: Topographia hibernica. Pero volvamos a la Giralda y a aquella noche joyceana. A un tiro de piedra quedaba la Judería, un barrio en el que no se sentirían extraños los genes del señor Bloom y donde en la calle Levíes hoy se acomoda la recién creada Dirección General del Libro de la Junta de Andalucía. El Libro, Ulises, la biblia de los joyceanos...

Pero estábamos junto a la Giralda. Justo al pie de la azotea, un convento de clausura de no recuerdo qué congregación (las Irlandesas quedan más lejos, allá por Bami, y subiendo a Castilleja de la Cuesta). Javier Salvago, que es de Paradas, y no de Skerries o Dalkey, cerró el acto leyendo su largo poema “Ulises”, que habla de un hombre que regresa a su casa tras una agotadora jornada. ¿Les suena?

Esta pasión de Sevilla, o mejor, de un grupo de sevillanos por Joyce ha tenido reflejo, como se dijo, en las celebraciones anuales del Bloomsday desde al año 2000. Todo comenzó como una ocurrencia de de Juan Antonio Maesso, secundado por la Diputación, y a las lecturas y cuchipandas regadas con cerveza negra en el pub Flaherty se añadieron, cuando se cumplían cien años de aquel dieciséis de junio, una representación teatral, debates, y una serie de lecturas en torres de la ciudad, como torres Martello trasterradas: la azotea de Casa del Libro, el pie de la Torre del Oro, la barbacana de la Torre de la Plata… Camino de la Torre del Oro, la comitiva de joyceanos locales o locuelos joyceanos se adentró por el barrio de El Arenal, otro homenaje a los nombres de los parajes dublineses de Sandycove y Sandymount, e hizo parada en la homónima Freiduría del Arenal, fundada –¿adivinan la fecha?– en 1904, el mismo año que Cruzcampo, la fábrica de cervezas que andando el tiempo sería propiedad de Guinness.

Y al llegar el otoño de ese 2004, el Sevilla Festival de Cine, gracias a la sensibilidad de su muy leído director, Manuel Grosso, dedicó una sección al autor de Ulises. Además de una exposición sobre el escritor irlandés en la Biblioteca Infanta Elena, el ciclo Cinemajoyce permitió ver adaptaciones al celuloide de la obra de Joyce y documentales sobre él y el Bloomsday (incluido el largometraje de Joseph Strick, al que en su día Álvaro Cunqueiro calificó, suponemos que de oídas, como “unha mediocre película”). Y lo que es más, trajo a Sevilla al realizador Sean Walsh, en cuya película, estrenada para la ocasión en nuestro país, Bloom es encarnado por un Stephen Rea que borda el personaje. Como una epifanía joyceana, a Walsh lo encontramos Maesso y el que esto escribe, cuando tomábamos unas pintas en el mentado pub de la calle Alemanes, que algún día habrá que rebautizar como Irlandeses. La mesa redonda de la tarde la preparamos en la longuilínea barra matutina. ¿Quién puede asegurar que durante un par de horas aquel bar no fue el Davy Byrne’s, o el Palace, en la capital de Irlanda?

Ni Trieste, ni Zurich, ni París… A fin de cuentas, piensa uno, esta artificiosa aunque justificada comparación de Sevilla con Dublín no es más forzada que la de Molly Bloom con Penélope, la de las camareras del Ormond con las sirenas, o la de Stephen Dedalus con Telémaco. Si algo nos enseña este libro inagotable, Ulises, es el triunfo sin tasa de la imaginación y la literatura por encima de las distancias, las lenguas y las épocas.

domingo, 6 de junio de 2010

Urbi et Orbi (IV)

Cartel del Bloomsday 2003 en Sevilla


Sevilla aparece, así tal cual en español (no con la forma anglosajona Seville), en el Libro 2, capítulo 1 de Finnegans Wake, y, naturalizada, está presente en el callejero dublinés: Seville Place, al norte del Liffey, de donde toman su título las memorias de infancia y juventud de Peter Sheridan (hermano de Niall, el cineasta): 44, Seville Place, recientemente publicadas también en español. Naturalmente, Seville Place toma su nombre de Sevilla, o más concretamente de la toma de Sevilla por el ejército británico en lo que los anglosajones llaman Guerra Peninsular, en 1812. A esta guerra nosotros la conocemos como Guerra de Independencia, que libramos contra Napoleón. Contra Napoleón fueron también levantadas las torres Martello, unas fortificaciones desparramadas por el litoral de Inglaterra e Irlanda, la más famosa de las cuales es hoy, gracias a Joyce, la de Sandycove, al sur de Dublín, donde principia Ulises (esta torre es protagonista mudo, junto con la playa del Forty Foot, de la excelente novela At Swim, Two Boys, de Jamie O’Neill, que homenajea por igual a Joyce y a Flann O’Brien, y que ha sido, cómo no, traducida al español por un sevillano).

Seville Place es una calle importante del norte de la capital dublinesa, y en ella está la iglesia de San Lorenzo O’Toole, donde en 1910 se fundó una banda de música, no exactamente procesional como la que uno esperaría oír en la sevillana Plaza de San Lorenzo en la que radica el templo del Gran Poder, a escasos metros de donde estuvo el desaparecido Colegio de los Irlandeses. En aquella reunión fundacional estuvieron presentes destacadísimos participantes en el Levantamiento de Pascua de 1916: Pádraig Pearse (pedagogo visionario, poeta y narrador), Thomas Clarke, Sean McDermott, Arthur Griffith, Douglas Hyde (que llegaría a ser el primer Presidente de Irlanda), y Seán O’Casey, ahí es nada. La banda participó en los diferentes avatares de la convulsa historia irlandesa del primer cuarto del siglo XX: la Huelga General de 1913, el Levantamiento de Pascua de 1916, la Guerra Civil... Incluso llegó a tocar en los funerales de no pocos dirigentes nacionalistas, entre los que destaca Michael Collins.
Si Sevilla tiene un sitio en Dublín, desde hace más de veinte años Dublín, o al menos el Dublín de Joyce, no ha dejado de estar presente en la vida cultural de Sevilla. El catedrático Francisco García Tortosa ha transmitido su entusiasmo a sucesivas promociones de estudiantes, no pocos de ellos luego profesores, que han producido un puñado de tesis doctorales y algunos libros publicados por la Universidad de Sevilla (y no sólo sobre
Ulises; también sobre Finnegans Wake). En marzo de 1982 se celebró en Sevilla un Simposio Internacional en el centenario del nacimiento de James Joyce, al que asistió Richard Ellmann,
y en 1994 se celebró igualmente en la ciudad el decimocuarto Simposio Internacional James Joyce. Coincidiendo con él, el Teatro de la Maestranza acogió un concierto titulado “James Joyce y la música”. Además, en 1990 se fundó, cómo no, en Sevilla, la Spanish James Joyce Society.

El último homenaje de Tortosa a Joyce, tras dar a la imprenta una recreación del capitulo de Finnegans Wake “Anna Livia Plurabelle” vertida por él mismo, Ricardo Navarrete y José María Tejedor, ha sido la nueva traducción de la gran obra ambientada en un único día, un día único, de junio de 1904. Al destino, caprichoso urdidor de enredos, le gustan los paralelismos y los ecos: como el libro publicado en 1922, la edición de Tortosa también fue, nada más salir, un tiempo secuestrada por el celo perseguidor de la Justicia (en este caso instigada por un quisquilloso nieto de Joyce). En su traducción, Tortosa contó con la colaboración de María Luisa Venegas, profesora de la universidad hispalense. Otra paisana, María Ángeles Conde, le ha enmendado la plana nada más y nada menos que a Dámaso Alonso y su traducción del Retrato del artista adolescente (que al menos, como título, suena bien, muy bien, porque es un perfecto endecasílabo). Conde no logra publicar su propia traducción porque el prestigio de la otra pesa mucho. Alonso, como se recordará, fue autor en nuestra posguerra de un libro tan virulentamente irlandés como Hijos de la IRA.

Dámaso Alonso formó también parte de ese grupo de poetas que en diciembre de 1927 rindió homenaje en el Ateneo sevillano a Góngora. Pocas semanas antes pasó por la ciudad el más grande poeta irlandés de esa y tal vez toda época: William Butler Yeats. Yeats, aquejado de un mal pulmonar, y procedente de Algeciras (ciudad que aparece citada en la postrer página de Ulises), se quedó unos días en Sevilla. Pero el hotel era gélido y, sin calefacción, el poeta empeoró, llegando en sus alucinaciones a creer que, en vez de en Sevilla, estaba en Siena. De aquellos poetas del veintisiete, Cernuda, a quien uno querría imaginar en un encuentro con Yeats por las calles de la ciudad, llegaría a ocuparse años más tarde de él, en ensayos y alguna traducción.


(Continuará)

viernes, 4 de junio de 2010

Una conversación telefónica



-Te ruego que lo consideres: ya son muchas las aglomeraciones que se producen estos días, y con el calor que hace tengo movilizado a medio SAMUR.

-Ya, pero es que mis seguidores habían organizado viajes desde toda España. Incluso estaban hablando de fletar un par de aviones desde los archipiélagos, y un tren nocturno desde Cádiz.

-Ya, ya. Si quieres, vente aquí discretamente al nuevo Ayuntamiento, en Cibeles, que te agasajaré como mereces en privado, pero por favor no firmes. ¿Tú sabes el lío de orden público en que me meterías? Ya he agotado el presupuesto de horas extra para la Policía Municipal. Bueno, ya sé que no me crees (es cierto que he dejado una reserva por si gana la Roja el Mundial...)

-Es que incluso se habían desviado peregrinos que hacían el Camino de Santiago...

-Por lo que más quieras, no vengas. Después de mi bajada de sueldo, si ahora tengo que acoger a un millón de seguidores tuyos en el Retiro...

-Ahí me has tocado el corazón; digo, la cartera.

-¿Entonces no vendrás?

-Considéralo un acto de civismo: no iré a firmar mi libro Macedonia de rutas a la Feria del Libro.

-Sabía que podía contar contigo.

-A mandar, Alcalde.

(No obstante, se puede comprar ya en librerías y como libro electrónico también. En caso de dificultad, aquí)

jueves, 3 de junio de 2010

Urbi et Orbi (III)


Pero dejemos al alemán, al catalán, al argentino. El dublinés puente de O’Connell (transmutado en la sevillana calle O’Donnell) nos lleva por San Pablo y Reyes Católicos a Triana, que es en su mismo nombre un legado céltico que perdura a través de los siglos (la etimología
Trí Abhann, “Entre ríos”, define la geografía primitiva de este barrio extramuros). El Guadalquivir, cómo no, es el Liffey, partiendo en dos la ciudad. En Finnegans Wake, James Aloysius Joyce deforma el nombre y lo hace ser Gaudyquivery, algo así como “llamativo y trémulo.” Efectivamente, el río de Sevilla, Río Grande en árabe –qué hermoso homenaje a la filmografía del irlandés John Ford, de verdadero nombre Seán Aloysius (como Joyce) O’Fearna–, se muestra así, tembloroso y chillón, cuando espejean en él las luces de los neones del restaurante homónimo y las de anuncios de, si no me falla la memoria, Tío Pepe o, mejor, más irlandesamente, Fino San Patricio (la palabra “fino” siempre me recuerda no sólo al héroe Finn Mac Cool, sino también a la palabra gaélica fíon, vino).

Por las mismas fechas de la famosa expedición vikinga que remontó el río de Sevilla, cuando los habitantes de entonces se retiraron al Aljarafe y los escandinavos estuvieron de parranda, borrachos durante tres días antes de irse con su música bárbara a otra parte, los hombres del norte fundaron, allí para quedarse y mezclarse con los nativos, la ciudad de Dublín. Como Triana, la capital de Irlanda también conserva su nombre acuático y céltico: Dubh linn (“Laguna negra”), que no hay que confundir, aunque casi lo refleje, con leann dubh (“cerveza negra”), el líquido que de verdad la ha hecho famosa bajo la ya universalmente ubicua advocación de Guinness.
Y yendo más atrás, aún antes de árabes huidizos y empujadores vikingos, los celtas de Irlanda alumbraron su Alta Edad Media con el faro de las
Etimologías del visigodo Isidoro de Sevilla. Cumbre de la sabiduría de la época, un manuscrito de ellas, tan apreciadas eran, fue canjeado por otro, en la actualidad perdido, de la epopeya nacional Táin Bó Cuailnge, esa que trasvasó bajo una pátina posromántica Lady Gregory, de tanta influencia en Yeats. Hoy resulta difícil exagerar la importancia que el santo hispalense tuvo para la transmisión del saber antiguo, pero no es posible abrir un libro sobre la literatura y la historia irlandesas entre los siglos VII y XI sin que salga a bendecirnos su nombre. La iconografía lo pinta de guisa apenas distinguible de la muy venerable también de San Patricio, el patrón de Irlanda.

Con la huida de los nobles católicos conocida como The Flight of the Earls, a principios del siglo XVII, se intensificó la relación entre ambos países, España e Irlanda. Bajo la terrible persecución alentada por Cromwell se encuentran episodios como la matanza del padre John Murphy (que se preparó como sacerdote en la actual Casa de la Santa Caridad, de Sevilla, entonces seminario), a quien se descuartiza, ofreciéndose los trozos de su carne a un vecino católico “para que los comiera”. Un monumento conmemorativo se halla en la actualidad en las cercanías de Westford, lugar de su martirio. En Sevilla existió en los siglos XVII y XVIII un Colegio de los Irlandeses, en el que se prepararon para ser misioneros numerosos jóvenes irlandeses. Este Colegio se fundó en 1611, en lo que hoy es la calle de Jesús del Gran Poder. Cinco años después, el Colegio “cayó” en poder de los jesuitas. Del Colegio de Santo Tomás fue rector Dominic Lynch, un fraile dominico de Galway, la patria chica de Nora Barnacle. El profesor Martin Murphy ha escrito que “antes de tomar posesión de este puesto un dominico de su convento tuvo que ir desde Sevilla a Galway para consultar su genealogía y comprobar su limpieza de sangre”.

Y en Sevilla, también, nació Nicolás Wiseman, primer cardenal arzobispo de Westminster, hijo de James Wiseman y Mariana O’Donoghue (ah, este apellido que evoca irremediablemente el del célebre pub de Baggot Street, donde empezaron a tocar The Dubliners, y que da título a una joya del repertorio último de Planxty, aún no grabada en disco y que causó furor entre el público de sus recientes conciertos en el Barbican Centre de Londres).


(Continuará)

miércoles, 2 de junio de 2010

La escoria de la sociedad



No, no me refiero a los hatajos de niñatos que todas las tardes de los fines de semana se ponen a parlotear y a dar palmadas como simios debajo de mi casa; ni tampoco al impresentable que tira por la ventanilla del coche el paquete vacío de tabaco. Detestables como son, no me refiero a ellos.

A lo que me refiero es a la gentuza que en la City de Londres y en Wall Street, y en otros cubiles similares aunque de menor importancia, juegan con su vida de usted y con la mía: a los prestamistas y usureros de los que Lehman Brothers y Madoff son sólo la cara visible. A los especuladores que nos han metido en este círculo vicioso por el cual, como no se confía en cobrar las pensiones el día de mañana, gentes honradas y sumisas contratan (contratamos) planes de pensiones con los que se alimenta la bestia en los parqués (yo les llamaría los porqués, pues aún me tienen que convencer de la necesidad de su existencia), y así con la engañifa de la deuda y la Bolsa provocan la crisis capitalista por la que, efectivamente, se demuestra que hace falta un plan de pensiones privado, cómo no, porque las pensiones públicas se congelan (y ya veremos cómo se reducen).

Ezra Pound se equivocó al poner el énfasis en los judíos, como si algunos de los más prósperos de entre ellos fueran los únicos culpables, pero casi un siglo después de que comenzara a denunciar el timo de la estampita en que se ha convertido el sistema financiero su veredicto sigue siendo certero: la usura nos condena a la ruina.

Por eso es particularmente risible una cadena televisiva (y de radio, pero ahí esto no se ve, claro) que tiene como logotipo al toro de Merryl Lynch que se puede ver en Wall Street junto a la Bolsa de Nueva York. Presumen de valores tradicionales y familiares pero son devotos de ese becerro de oro y de la economía de los mercados. Y éstos, ya sabemos, hace mucho que han dejado de ser lugares donde se intercambian manzanas y telas, útiles y especias, para ser mercados del dinero.

Y al otro lado, los ineptos, derrochadores e iluminados que han dilapidado la economía de la nación y han favorecido que a usted, funcionario, le recorten el sueldo. Y a los mayores los dejen helados con las pensiones. Pero a la escoria de la sociedad, ni tocarla. Faltaría más.






martes, 1 de junio de 2010

Urbi et Orbi (II)


Trasladémonos ahora a la otra punta del norte peninsular. Son conocidos los lazos de diversa índole entre Galicia e Irlanda (Breogán, los poemas de inspiración ossiánica de Pondal, la música), y no nos vamos a extender sobre ellos. Por lo que aquí respecta, en la revista Nós, de 1920 a 1935, Irlanda es un continuo referente, y Joyce, para los literatos, una referencia inexcusable. Así se ve la atención que le dispensan Vicente Risco o Ramón Otero Pedrayo, que tradujo fragmentos de Ulises al gallego antes de que alguien se tomara la molestia de traducirlo al español (o al catalán). Risco es autor de un relato “Dedalus en Compostela” (1929); la misma ciudad del apóstol es eco de Dublín, del Dublín de Joyce, en Devalar, novela que Otero Pedrayo publicó en 1935. Autores posteriores, como Manuel Rivas o Suso de Toro no tienen rebozo en reconocer el influjo del dublinés. Por su parte, Darío Villanueva ha puesto muy detallada y convincentemente en relación a Valle-Inclán con Joyce, y “percibida esta completa gama de concomitancias vitales y estéticas ya no nos puede resultar tan increíble el milagro de la intensa hermandad que existe entre Ulises y Luces de bohemia”. ¿Y quién puede negar las concomitancias entre Gonzalo Torrente Ballester, y especialmente La saga/fuga de J.B., con Joyce y Ulises?

Pero ni Trieste, ni Zurich, ni París. Tampoco Barcelona o Santiago. La verdadera ciudad joyceana fuera de la isla de Irlanda está mucho más al sur, a unos doscientos kilómetros del Gibraltar de Molly. Y es que son tantas las cosas que comparten Sevilla y Dublín que enumerarlas todas requeriría, por lo menos, la extensión de uno de los capítulos más largos del Ulises. Por citar algunas, de momento, y ya que ha salido el héroe griego a la palestra, se puede afirmar que éste, o al menos su nombre latino retomado por James Joyce, tiene en el Dublín de hoy (no así en el de hace unas décadas) la importancia que el romano Hércules tuvo un día en Híspalis, donde quedan enhiestas sus ciclópeas columnas. Por su parte, la de Nelson en Dublín, que estaba al pie del O’Connell Bridge y fue obra del mismo arquitecto que hizo la famosa oficina central de correos, la GPO, fue volada por los republicanos hace ese mismo número de décadas como respuesta al invasor inglés que aún sienta sus reales –sus forces of the Crown en las baladas de rebeldes irlandesas– junto a esas otras columnas de Hércules del estrecho de Gibraltar y su Calle Real, de donde, sí era, sí, Molly Bloom, sí. ¿Y quien puede negar que el lugar donde estas columnas sevillanas se alzan, la Alameda, sería la Nighttown de Joyce, hasta ayer mismo lugar de mal vivir y mancebías abiertas a la noche?

En ese capítulo sobre la ciudad nocturna, Joyce hace a Bloom chapurrear un español de pena, en el que no sólo están mal acentos y signos de puntuación sino también la concordancia, un tanto ebria: Buenos noches, señorita Blanca, que calle es esta? Lo cual ya quedó denunciado por Flann O’Brien, alias Myles na Gopaleen, en su artículo del Bloomsday de 1954, quien no benévolamente señaló que todos los usos que hace Joyce de lenguas extranjeras, ay, tienen errores. ¿Pero quién no los comete? Borges llegó a escribir el nombre de Nora, la mujer de Joyce como Norah, tal vez pensando en su propia hermana. Y cuando habla de Liam O’Flaherty, natural de Inis Mór, en las Islas Aran, dice, pensando en el documental de Robert Flaherty Men of Aran, que aquél es “un hombre de Arran” (ésta es isla de Escocia, no de Irlanda). El mismo error, pero en sentido inverso, cometió el poeta y benemérito traductor Marià Manent, quien en su antología La poesía irlandesa titula un poema “La isla de Aran”, cuando en realidad éste se refiere a la de Arran, como es palmario en su fuente, una traducción al inglés de Kuno Meyer.


(Continuará)