miércoles, 5 de enero de 2011

Cajas


Si España fuera Inglaterra -cosa más imposible en lo antropológico y social que en lo meramente geográfico y atlante (de atlas, claro)-, este próximo viernes sería Boxing Day, el siguiente al de Navidad, fecha en que allí se hacen los regalos. Aquí, trayendo los Reyes Magos sus presentes el Día de la Epifanía (el Twelfth Day shakespeareano, duodécimo tras el llegar de Cristo), su equivalente es el 7 de enero, jornada en que por estos lares principian las rebajas, como allí el 26 de diciembre.
Boxing Day, día de las cajas. Coinciden -o mejor, compiten- varias teorías sobre la etimología del Boxing Day, como en una caja en la que caben muchas cosas vagamente heterogéneas.
La editorial granadina Cuadernos del Vigía ha publicado Juego de cartas, singular libro de Max Aub: un estuche con dos barajas que permiten jugar a recomponer la vida de su protagonista, Máximo Ballesteros. Se trata de un "rompecabezas narrativo", como lo ha calificado mi amiga Eva Díaz Pérez en la reseña de la obra que da en el último número de la revista Mercurio.
Este tipo de lectura al albur, como un juego de naipes, me recuerda a una novela también presentada en una caja, The Unfortunates, del inglés B. S. Johnson, que se puede leer al gusto del lector, un poco como Rayuela, en cuadernillos sueltos. Se publicó en España hace unos años y creo haberla reseñado en algún sitio. El nombre de su autor también se moja de cerveza cuando coincido con un especialista en Johnson, mi antiguo profesor Brian Crews, en la barra de Flaherty.
Pero no en Sevilla al mediodía, sino la otra tarde, en Barcelona, hice la ronda de librerías, y en la Central de la calle Mallorca mi mano se fue a un volumen expuesto en la sección de poesía: Nox. Enseguida lo decliné maquinalmente: nox, nocis. Sus tres dedos de grosor le daban el aire de ser unas obras completas, pero como una nuez que se abre para extraer su fruto, al tomarlo también resultó ser una caja: una peculiar colección de recuerdos personales entreverados con poemas y versiones de Catulo, obra todo ello de Anne Carson, poeta y profesora de clásicas. Es una elegía por su hermano Michael. Ella lo llama "epitafio".
Uno ha leído la poesía de otro poeta de ese apellido, el irlandés Ciaran Carson (del que se acaban de editar recientemente varios libros, reseñados en The Times Literary Supplement en número que compró también en Barcelona); el nombre de Anne, pues, no le resulta desconocido, aunque no sabría asegurar que por derecho propio.
Nox es una sola hoja de papel, que a modo de acordeón se despliega. Guarda fotografías, minucias familiares pegadas como si de un álbum íntimo se tratase.
Lo dejé en su mesa de novedades. Luego, en el vagón de Metro que me llevaba al hotel, leía una extensa recensión, o más bien ensayo acerca del libro -aceptaré la convención de llamarlo así-, en el número de la segunda mitad de octubre de The New York Review of Books (la revista la compré en Laie).
A diferencia de la de Pandora, estas cajas no guardan calamidades.

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