sábado, 1 de enero de 2011

Kampa


Hace pocos meses, la editorial Vaso Roto, comandada por Martín López Vega, publicaba la Poesía erótica y amorosa de Clara Janés, recopilación que incluye su anterior libro Kampa, dedicado al poeta checo Vladimir Holan. Viene esta reedición acompañada del poema cantado por la propia Janés.
Kampa es un pequeño barrio de Praga, donde termina el puente Carlos en su lado izquierdo, si se va de la Ciudad Vieja a Mala Strana. Al pie de unas escalinatas, la plaza, las callejas, los canales de Kampa, uno de los lugares más idílicos de la hermosísima capital de Bohemia.
Con las luces de Navidad, con su sencillo belén, con sus casas que no mancilla modernez innecesaria alguna, entre árboles despojados y al pie de estatuas, Kampa lucía antes de ayer, y la víspera, y el día anterior, hermosísima. Qué importaba el frío. Uno lo confundía, sí, con un escalofrío de emoción ante tanta belleza.

4 comentarios:

José Luis Piquero dijo...

Bonita foto. He estado mil veces en Praga pero nunca en invierno. Por cierto, Kampa es el mejor barrio para comer. ¿Has visto la casa de Holan? Ahora vive un dentista, creo recordar.
Un abrazo.

Juan Carlos Palma dijo...

Te envidio también, Antonio. Praga es una de mis ciudades preferidas, pero nunca he ido en invierno, y supongo que es ahora cuando su fama de ciudad de cuento se hace más real.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Al César lo que es del César: la foto la hizo Teresa. Iré dejando por aquí lagunas otras, más un par de las que hice yo con el móvil y se salvan.
¡Mil veces en Praga! Aunque fueran sólo la mitad, ya te envidiaría, José Luis. No, no vi la casa de Holan, y lo lamento. Quede, pues, para otra ocasión. Un abrazo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

En invierno creo que es como está más en su ser. Hay muchos turistas, claro, pero la ciudad gana (por difícil que parezca eso) con el frío y la nieve. Caminar a doce grados bajo cero por sitios tan hermosos es una pequeña tortura que se acerca bastante al placer sexual. Por cierto, vaya foto la tuya ante una librería "de Kafka". Viene como anillo al dedo.