miércoles, 23 de marzo de 2011

Concierto en el Círculo




(Tríona Marshall interpretando "Carolan's Farewell to Music" seguido del "Carolan's Concerto" junto a los Chieftains)

El lunes por la noche se celebró en el Círculo de Bellas Artes de Madrid un concierto de música irlandesa, baile incluido, con motivo de la visita oficial de la presidenta Mary McAleese. Y allí que fuimos para escuchar a ese ramillete de excelentes músicos y ver el trote y los danzarines pasos y disfrutar, además, del invitado especial Carlos Núñez, recién regresado de su actuación en el National Concert Hall de Dublín. Núñez tuvo ocasión de deleitar con su virtuosismo no sólo con la gaita sino también con una vertiginosa flauta feérica que sabe tocar a una velocidad sin duda superior a la de la luz. Y, claro, deslumbró.
Pensaba uno que el momento de mayor emoción de la noche se lo había deparado la interpretación que la arpista Tríona Marshall hizo del "Carolan's Farewell to Music", la pieza que se cuenta que el gran músico ciego compuso en su lecho de muerte. La tocó como solía hacerlo el difunto Derek Bell, y realmente fue emocionante. Hace muchos, muchos años, compuse este breve poema sobre esa joya:

SU ÚLTIMA PIEZA


Cuatro minutos y veinte segundos

guardan en sí la luz de su existencia,

belleza que contiene la belleza

como el arpa su son, madera y aire.

Es el adiós de Turlogh O’Carolan

a su vida, a su música.

Sereno muere quien nos dejó su arte.


Pensaba, decía, que esa humedad en los ojos era el momento cumbre de la noche. Y al igual que la arpista unió la lenta pieza a la airosa y rutilante "Carolan's Concerto", la magia, de la lágrima al júbilo, alcanzó al discurso de la presidenta, quien al hablar de los lazos entre España e Irlanda, haciendo hincapié en la literatura, destacó mi reciente traducción de la Poesía reunida de W. B. Yeats y cómo ha permanecido durante meses encabezando la lista de libros más vendidos en España, y entonces pronunció mi nombre e hizo que me levantara para -qué ocurrencia- darme las gracias, cuando soy yo quien tiene tanto que agradecer a Irlanda y a Yeats. Y ya también, por estas jornadas inolvidables, a la embajada de Irlanda en España y a la propia presidenta McAleese, una mujer que demostró ser una brillante oradora.
Lo esencial de su mensaje fue destacar que a pesar de la actual e importantísima crisis económica, el pueblo irlandés ha sorteado graves dificultades en el pasado (realmente su historia es una carrera de obstáculos contra las adversidades) y que saldrá airoso de la presente. No está mal dar unas palabras de ánimo cuando todo el horizonte está negro. Lo puso un poco más verde, de un verde a la par irlandés y esperanzador. La noche anterior, conversando con Adrian O'Neill, su secretario general, me decía éste que el pueblo se había echado este año a la calle a celebrar San Patricio con más ardor si cabe (y el día soleado contribuyó), con ganas de dejar atrás los muchos meses de depresión no sólo económica sino también anímica y, haciendo de tripas corazón, voluntad de encarar con fuerza la crisis. Por cierto, que es más que loable que toda una jefa de estado en viaje oficial haya viajado a Madrid en vuelo regular de la compañía Aer Lingus.
Tras el discurso, en la recepción, pude charlar con los amigos Diarmuid Hayes y Carmen Cepeda y con profesoras de la National University of Ireland en Maynooth, que ha comenzado un programa de estudios irlandeses en colaboración con la Universidad de Alcalá (que ayer entregó su medalla de oro a la presidenta), con la traductora cinematográfica Deirdre McCloskey y con el cantante de sean-nós Micheál Ó Catháin, un hablante nativo de Connemara cuya abuela fue maestra en la misma pequeña escuela en que enseñó el gran escritor Máirtín Ó Cadhain (que no era familia, a pesar del parecido apellido, aunque no es raro que en Irlanda la gente esté vagamente emparentada, pues todo el mundo parece conocer a todo el mundo). También felicité a los músicos y a la pareja de baile: ella, Zara Curtis, ha sido la primera bailarina de Riverdance. Ya vestida de civil, embutida en un vistoso vestido de punto, desplazaba formas y curvas de los años cincuenta. A más de uno se le iban los ojos tras ella más que las manos a las bandejas de queso ofrecidas por Bord Bia, el organismo dedicado a la promoción de los alimentos irlandeses. Quien así lo quiso también pudo aclararse la garganta (o lo contrario) con vasos del whiskey Tullamore Dew.
Buen colofón, sin duda, de las celebraciones del día de San Patricio. Con esto pongo punto y final a estas crónicas irlandesas, aunque estoy seguro de que no tardará Irlanda en volver a asomarse al blog. Esta hibernofilia es irremediable.




4 comentarios:

Innisfree dijo...

Te lo mereces. ;)

Carmen dijo...

Sí, señor. :)

Carmen dijo...

Sí, señor :)

Sara dijo...

Qué emocionante ha debido de ser ese momento en que Irlanda reconoce públicamente tu labor... No sabes cuánto me alegro por ti. Well done you!!!