viernes, 1 de abril de 2011

Durmiendo con la Gestapo





Para Martín López-Vega



En Cracovia, el poeta

Adam Zagajewski

reside en una casa que ocuparon

-palabra terrible, si se piensa

lo que en esos años significaba ocupación-

unos policías alemanes

portadores de insignias y chaquetas de cuero

que tantos envidiamos en los años

en que por edad podríamos

haber militado en la Hitlerjugend.


Son vecinas dos ancianas

a las que aún estremece cualquier ruido,

pues recuerdan

los horrores cacofónicos del gueto.

Al gato que tenían le dio

por escapar a su antigua morada,

en libertad que ellas no gozaron.


No sé si, cuando duerme, al poeta

le asaltan sueños ajenos de una Gran Alemania

y –porque la humanidad es miserable–

las insidias de viejos polizontes,

o bien las pesadillas tras el muro

de dos niñas judías aterradas,

junto a su gato,

que fueron conducidas hasta el gueto.


6 comentarios:

M dijo...

Mil gracias Antonio, estupendo el poema
Un abrazo
Martín

Carlos Medrano dijo...

Poema grande, sencillo, necesario.
Todo conduce a abrirse a reaccionar ante la negación ejercida sobre cualquier ser humano, es decir, salir del egoismo y sentir al otro.
Dentro del daño general del mundo, hay unas historias que nos apelan más que otras, tal vez las que nos reflejan a nosotros mismos, como esta del pasado reciente de Europa.
Pienso también en las que nadie dice nada y ni siquiera se mencionan o recuerdan,
pero posiblemente la conciencia del dolor de las que como hoy hablamos y nos parecen vecinas o propias nos conduzcan a la necesidad de atender y borrar el dolor de las otras.
Poco a poco, sin tregua, sin desmayo.
Nunca he planteado el sufrimiento del pasado (el personal, el colectivo) como rencor -como sin embargo en nuestros flecos guerracivilistas se espolea y vemos- sino como superación de lo roto y herido. Claro, es mucho menos cómodo aceptar ver toda la verdad y apelar al perdón que justificarnos caínitamente con el error del otro.
Hay mucho daño del que la buena literatura -como esta- intenta superarlo.
Por eso he leído este poema con tanto gusto. Porque tras él queda la conciencia de asentar y asentarnos en lo bueno, una actitud potente frente al miedo y el vacío.

Angelus dijo...

¿Cuál es la razón de escoger la anécdota domiciliaria de Zagajewski para la composición del texto? He leído sus dos dietarios y son muy dispersos. En cuanto a su poesía, la he hojeado simplemente en una librería y no me ha llamado la atención. Saludos.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Bueno, Carlos, muchas gracias por tu comentario. Me siento incapaz de teorizar al respecto. Comparto mucho de lo que dices, pero lo que quería expresar ya lo he hecho en el poema, incluso en sus zonas ambiguas o en penumbra.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

La anécdota del poema, Angelus, parte del texto introductorio a una entrevista que en el número 91 de Clarín le hace Martín López-Vega (de ahí la dedicatoria) al poeta polaco. Me llamó poderosamente la atención y vi en ella uno de esos conflictos, de las tensiones, de las antítesis de los que surge la poesía. Y salieron los versos.

Sara dijo...

A través de este poema me sumerjo en el universo poético de Adam Zagajewski , hasta ahora desconocido. Apasionante. Así que gracias de nuevo, Antonio(esta vez por partida doble).