lunes, 4 de abril de 2011

Una subasta


Junto a la tumba de Keats en Roma


La semana pasada se celebró en Londres una de las más importantes subastas de papeles literarios de las últimas décadas. Salieron cartas y documentos de Philip Larkin y de Edith Sitwell, de Lord Byron y de W. H. Auden, de John Ruskin y de Samuel Beckett. Y el mejor postor se ha llevado una carta de John Keats a su amada y vecina Fanny Brawne por 86.000 libras (110.000 euros).
La escribió en 1820, un año antes de morir en Roma, donde ya dejó de leer las cartas de ella, como recuerda en su poema "A propósito de flores" Luis Cernuda en Desolación de la Quimera. La buena noticia es que la misiva no ha ido a engrosar el patrimonio seguramente obsceno de un caprichoso multimillonario; la epístola ha sido, por el contrario, adquirida por la ciudad de Londres para la casa-museo del poeta en Hampstead. Me alegra enormemente el resultado de la subasta. La casa de Keats es uno de esos sitios que un amante de la literatura no debe dejar de visitar en la capital inglesa. Y en ese inmueble, Wentworth Place, fue donde el autor de la "Oda a un ruiseñor" escribió la carta, la desdichada carta, pues ya estaba muy enfermo. Es hermoso pensar que esas líneas han regresado al lugar que pertenecen. Las de Fanny a Keats se enterraron con el cuerpo de éste en el cementerio para no católicos de Roma, otro recinto poético donde los haya, y bellísimo. Allí, en la lápida de Keats, el indeleble epitafio, "Aquí yace alguien cuyo nombre fue escrito en el agua", que también inspiró a Cernuda un texto desechado de Ocnos.